determinismo

El determinismo pretende mostrar que los sucesos históricos a gran escala no pueden salirse de un curso específico que apunta en un sentido igualmente específico: el Imperio Romano había de disolverse, la sociedad industrial había de nacer en Inglaterra, el Imperio Chino había de anquilosarse. Estos hechos obedecen a causas, e investigar estas causas necesarias podría incluso proporcionarnos enseñanzas prácticas a la hora de afrontar un futuro que se regirá igualmente por causas necesarias. Aquí no se pretende negar cierto determinismo. Muy al contrario, la doctrina nazi estaba condenada, como el comunismo soviético, a acabar siendo barrida del curso histórico (aunque recordemos que la debacle del comunismo soviético al final del siglo XX no fue prevista por nadie) y todo parece indicar que sí existe un curso de desarrollo histórico que apunta a la instauración gradual de mayores controles de la violencia social que permitan una cooperación humana más eficiente para el beneficio del mayor número posible de individuos. Evidentemente, la ideología nazi cumplía estos requisitos todavía menos que el marxismo soviético ya que, al basarse en una doctrina racial, la mayor parte de la humanidad habría debido de verse necesariamente perjudicada por el dominio de la supuesta raza superior. Pero donde el determinismo histórico sí se equivoca lastimosamente es en el tratamiento mítico dado a la Segunda Guerra Mundial con posterioridad a 1945. No solo en obras de ficción escritas o audiovisuales, sino también en libros de historia, se nos muestra el resultado final de la guerra –la dramática derrota de Hitler y sus aliados japoneses- como una especie de western, donde los buenos derrotan a los malos gracias a su habilidad con las armas. Es como si pretendiesen tranquilizarnos demostrándonos que los malvados, por serlo tanto, están incapacitados para ganar las guerras. Se nos pretende convencer de esto arguyendo complicados razonamientos sobre economía, política u organización administrativa. Esto es absurdo. Hitler pudo ganar. Pudo ganar incluso cuando ya estaba en guerra, a la vez, contra la Unión Soviética, los Estados Unidos y el Imperio Británico, y, de hecho, es sorprendente que no ganara. Una sociedad totalitaria y militarista como la de la Alemania nazi poseía los medios suficientes para alcanzar ese triunfo y, si no fue así, se debió única y exclusivamente a la pura casualidad de que un solo hombre no tomó en un determinado momento una sola y lógica decisión; esta decisión habría sido de tipo meramente militar, estratégico, en absoluto afectada por la ideología ni por las condiciones económicas y sociales. El nazismo, por supuesto, hubiera acabado fracasando, pero no tal como sucedió en realidad, al cabo de una especie de gran espectáculo bélico en el cual los justos vencieron a los malvados. El bien se impone al mal, sí, muy probablemente, pero la guerra es un terreno para el cual el mal, a veces, está mejor cualificado. Es un hecho que, de todas formas, fue la Unión Soviética, un régimen tan totalitario y casi tan maligno como el III Reich, quien acabó derrotando a la Alemania nazi (y aquí no es el lugar para discutir si hubieran podido hacerlo sin ayuda). El relato que extensamente se presenta en este espacio comienza, pues, con la toma por Hitler de una sola decisión concerniente a una determinada iniciativa estratégica de tipo militar (esencialmente, cerrar el Mediterráneo con el fin de que la flota italiana entre en el Mar Negro). Es conveniente seguir el relato desde el principio con ayuda del Índice, y para su comprensión más exacta es preciso informarse lo mejor posible acerca de los sucesos de la historia militar de la guerra. Se acompañan los episodios de una Cronología, donde se diferencia lo real de lo ficticio, y se aportan algunos links útiles (la Wikipedia es muy completa y contiene pocos errores). La historia militar abarca cuestiones sociales, políticas y económicas (incluso geográficas), así que puede resultar también instructivo en muchos otros aspectos. Cuenta, asimismo, con un componente lúdico… y este mismo componente lúdico conlleva las correspondientes implicaciones psicológicas y sociales.

lunes, 20 de enero de 2014

3. La conquista de Egipto


                           El general Rommel, al mando de su ejército germano-italiano

  Gracias a un buen trabajo de la inteligencia británica, Winston Churchill es informado muy pronto de que se está enviando a los puertos italianos una ingente cantidad de vehículos, armas y otros suministros alemanes destinados a los puertos del norte de África, y que estos suministros no son meros reemplazos, sino fuerzas adicionales cuyo fin no puede ser otro que la conquista de Egipto desde la posición ocupada en aquel momento por los germanoitalianos: la línea de Gazala, a ochocientos kilómetros del Delta.



  A finales de febrero de 1942, la noticia llega a Inglaterra al mismo tiempo que los primeros mercantes del Eje comienzan a descargar estos nuevos efectivos en el puerto de Bengasi, reconquistado por los alemanes dos semanas atrás.

  La información es alarmante para los británicos: acaban de vivir el desastre de la toma de Singapur por los japoneses (ochenta mil soldados de la Commoenwealth hechos prisioneros, la mayor derrota en la historia del ejército británico... hasta el momento) y es urgente enviar recursos de todo tipo al Océano Índico para evitar el hundimiento total en Asia. Si Hitler va a aprovechar esta oportunidad para conquistar Egipto puede ser una catástrofe estratégica irreversible mucho antes de que los Estados Unidos estén en condiciones de contribuir eficientemente a la causa aliada. El embajador japonés Oshima, en Berlin, está informando a Tokio -para beneficio de los aliados, que interceptan sus mensajes- de que los alemanes avanzarán hacia Oriente para contactar con el victorioso avance japonés en la dirección opuesta. En realidad, Hitler está haciendo lo que Churchill hubiera hecho de estar en su situación…

  En un rápido intercambio de telegramas de alto secreto, a primeros de marzo, Churchill rechaza la propuesta del Comandante en Jefe británico para Próximo Oriente, Auchinleck, de retirar al 8 ejército de la línea de Gazala hasta otra línea más próxima al Delta de Egipto, que sería mucho más fácil de defender. Esta retirada organizada implicaría, por supuesto, el abandono y la total destrucción del puerto de Tobruk para que los del Eje no puedan utilizarlo. Para el primer ministro británico semejante retirada sin una previa batalla es un disparate por razones políticas y, además, ¿quién garantiza que los alemanes no serán capaces, con su conocida eficiencia, de volver a poner en servicio el gran puerto natural de Tobruk, a tiempo para aprovechar las ventajas que ello supone en un avance sobre Egipto? Mientras antes se retirasen los británicos, antes los alemanes podrían completar la reparación y acondicionamiento del puerto, y el tiempo que perdieran reparándolo lo ganarían después al contar con ese medio de aprovisionamiento mucho más adelantado.

  La mejor opción, en opinión de Churchill, es preparar una defensa eficiente en la línea de Gazala que, cuando menos, sea capaz de desgastar al enemigo sin suponer una pérdida total de las fuerzas propias, y establecer al mismo tiempo una segunda línea de defensa, esta sí cerca del Delta, en el lugar sugerido por Auchinleck (en la depresión de Quattara, El Alamein), así como dejarlo todo listo en Tobruk para caso de que se produzca un segundo asedio (después del sufrido de abril a noviembre del año anterior). Mientras tanto, se hará lo posible por interceptar los suministros del Eje desde los puertos de Italia a Tripoli y Bengasi. Para ello se enviarán cazas Spitfire a Malta y se incrementará el acoso de submarinos y destructores de la Royal Navy a los buques italianos de transporte. Sin embargo, no se enviarán más buques capitales (acorazados y portaaviones) que son mucho más necesarios en el Índico para enfrentarse a la peligrosísima flota japonesa (tras la caída de Singapur, la misma India y hasta Australia se encuentran amenazadas). Además, Churchill ya perdió recientemente, en apenas dos meses (noviembre y diciembre de 1941), cuatro de estos buques en el Mediterráneo (el portaaviones Ark Royal y el acorazado Barham, hundidos por submarinos alemanes, y los acorazados Valiant y Queen Elizabeth, dejados fuera de combate por un ataque de comandos italianos en el mismo puerto de Alejandría). No quiere perder más: el poder aéreo alemán podría anular la capacidad de la Royal Navy para contribuir a interceptar los convoyes y el desastre sería mayor. Los portaaviones son más útiles en el Índico combatiendo la flota japonesa que en Malta, donde pueden acabar como el Illustrious y el Formidable, también sucesivamente dejados fuera de combate por la Luftwaffe el año anterior. Si, a pesar de todo, los nazis conquistan Egipto, cuando menos hay que evitar que los japoneses capturen Ceilán y Madagascar, con lo cual cerrarían por completo las comunicaciones en Eurasia.

    Poco después, aún en marzo, Churchill recibe una segunda mala noticia desde la zona del Mediterráneo: los alemanes e italianos están organizando una fuerza anfibia en las islas del Egeo que comienza a adiestrarse en desembarcos a larga distancia. Todo parece indicar que el objetivo será el Mediterráneo Oriental: Chipre, Siria o Palestina. Esta acción podría estar coordinada con los preparativos de Rommel para atacar Egipto a través del desierto. Todo ello exige que unidades potentes del ejército británico defiendan estas costas y que a ellas se destinen más recursos. Una dificultad más para enfrentarse a Rommel en el desierto del Norte de África.

  Mientras tanto, los alemanes también reciben buena información de las disposiciones británicas que les permiten organizar con eficiencia su proyectada ofensiva. Rommel está asimismo satisfecho con la llegada de los suministros. Aunque los submarinos británicos se apuntan algún tanto en hundir buques mercantes italianos, y pese a que a veces el mal tiempo dificulta los transportes, casi todos los buques que salen de Nápoles o Tarento logran alcanzar los puertos libios cargados de armas, vehículos, municiones, combustible, alimentos y resto de pertrechos. A primeros de abril ya ha llegado casi todo el armamento y los vehículos de las nuevas divisiones necesarias para la ofensiva contra Egipto. Rommel comienza entonces el adiestramiento de estos hombres para la guerra en el desierto, y cuatrocientos camiones descargan diariamente suministros detrás de las líneas del Eje en la zona de Gazala. Tales suministros son las reservas de las que se dispondrá para la persecución de la fuerza británica hasta Egipto, una vez derrotada ésta en la batalla que ha de darse. Y, a la espera del combate, los enemigos se observan unos a otros: durante casi cuatro meses apenas si tienen lugar algunas escaramuzas mientras que cada uno hace sus preparativos, ofensivos los unos, defensivos los otros.

  A finales de abril, comienza el relevo en la línea de Gazala de veinte mil soldados de infantería italianos por los quince mil alemanes recién llegados de la 28 división Ligera. La retirada de estos soldados italianos no supone, sin embargo, el desmantelamiento de divisiones enteras: por motivos políticos, las divisiones italianas de infantería Brescia, Sabratha y Pavía siguen existiendo en la línea, aunque están reducidas casi a nivel de batallones. En cuanto a los veinte mil italianos retirados del frente, éstos, despojados de armas pesadas, se acuartelan (o más bien acampan) en Derna, en la proximidad de la retaguardia, realizando todas las noches duras marchas a pie, a fin de prepararse para participar en las tareas de refuerzo posterior que exigirá una previsible batalla victoriosa.

  El 10 de mayo, por fin los británicos logran situar 64 nuevos cazas Spitfire en la isla de Malta gracias a una buena operación de los portaaviones procedentes de Gibraltar (otros 17 llegarán el 17 de mayo). Los Spitfire nunca hubieran podido llegar sin la colaboración de la Marina de los Estados Unidos, pues solo el portaaviones norteamericano Wasp tiene la capacidad de espacio suficiente para transportarlos; el que el Wasp haya sido enviado al Mediterráneo en un momento crítico para la defensa del Pacífico ante el ataque de Japón demuestra que también los estadounidenses son conscientes de la gravedad de la amenaza. Estos aviones de combate -quizá los mejores del mundo en el momento presente- serán capaces de restablecer el equilibrio de fuerzas en el aire frente a las fuerzas enemigas establecidas en Sicilia y contribuir así eficientemente a la intercepción de los suministros del Eje. Pero para mediados de mayo los planes de Rommel están casi listos y los más importantes transportes navales del Eje han llegado a su destino. La fuerza anfibia en el Egeo parece también a punto.

  Por otra parte, los británicos siguen temiendo un ataque japonés a la India (el mes anterior han rechazado, con graves pérdidas, un ataque aeronaval a Ceilán, y el 1 de mayo los japoneses han conquistado Mandalay, capital del norte de Birmania, cada vez más cerca de la frontera india) y siguen preocupados por el Océano Índico, donde han efectuado con éxito la invasión de la gran isla de Madagascar (colonia de la Francia de Vichy), en cuyo interior aún resisten los franceses. En el norte de África, el general Ritchie, comandante del 8 ejército británico, y su superior Auchinleck, comandante de todas las fuerzas aliadas en Próximo Oriente, mantienen sus fuerzas en alerta máxima y, al menos, acaban de recibir ciento sesenta tanques pesados americanos nuevos, los Grant, de los que se espera que sean capaces de enfrentarse con éxito a los tanques Mark III y IV de los alemanes.

  El 26 de mayo de 1942, por la noche, Rommel desencadena por fin la batalla del desierto, la “operación Venezia”. Pese a que los británicos están informados de que es la fecha indicada, la disposición de las fuerzas enemigas logra sorprenderlos. El ataque se produce en el sector del frente donde no lo esperaban.

  La mitad de las fuerzas del Eje, al mando del general Cruewell, ejecuta un ataque frontal en la zona costera. Quienes atacan son dos de las divisiones alemanas nuevas, la 23 Panzer (con ochenta buenos tanques ofensivos alemanes y sesenta de menor valor ofensivo) y la 28 Ligera (infantería motorizada), más los cuerpos de infantería italianos diez y veintiuno (en realidad, muy disminuidos, equivalentes en total a apenas una división de infantería). Esta fuerza es superior en todos los conceptos a la 1 división sudafricana y a la 50 de infantería británica -incompleta- que se le enfrentan.

  Y el golpe fatídico viene del flanco del desierto, al sur, por donde atacan los veteranos de Rommel (divisiones Panzer 15 y 21, división 90 Ligera, sumándose en total doscientos ochenta tanques Mark III y IV) más lo mejor del contingente italiano, las divisiones Trieste y Ariete. Y, por si fuera poco, se suma la nueva división Panzer 22, con sesenta tanques alemanes de gran valor ofensivo (es decir, también Mark III y IV) y un batallón añadido de tanques italianos. Toda esta fuerza la comanda Rommel en persona.

  El total del ejército germano-italiano suma un contingente de cien mil hombres (solo una cuarta parte italianos) con cuatrocientos veinte tanques alemanes de los tipos III y IV, que se enfrenta al 8 ejército británico, que tiene en línea un número aproximadamente igual de hombres, británicos (1 y 7 divisiones blindadas, 50 de infantería), indios, sudafricanos y pequeños contingentes de otras nacionalidades. Los británicos cuentan con más tanques, entre ellos los ciento sesenta Grants recién llegados, pero la superioridad táctica de los alemanes acaba muy pronto con esta aparente ventaja numérica. Aunque en el interior los británicos resisten bien en las posiciones fortificadas en pleno desierto, el avance en la costa les obliga a dividir sus fuerzas blindadas de contraataque, algunas de las cuales son rápidamente aniquiladas.

  Auchinleck ordena la retirada a fin de salvar suficientes recursos para la última línea en el lejano El Alamein. No todo ha ido mal: las tropas han luchado bien, Rommel se ha equivocado varias veces en los campos de minas y los tanques Grant lograron algunos éxitos. En la zona más alejada del desierto, tanto los franceses gaullistas de Bir Hakeim como la 150 brigada de infantería británica (50 división), posiciones que han resistido pero que pueden quedar sin abastecimiento, optan también por el escape, aunque no todos lo lograrán.

    De acuerdo con las precavidas instrucciones de Churchill, el 8 ejército británico se retira cientos de kilómetros en el mayor orden posible hacia la línea de El Alamein, dejando al enemigo cercar Tobruk otra vez. Auchinleck querría también ordenar que acudan a Egipto algunas de las buenas fuerzas aliadas (los australianos y neozelandeses, sobre todo) que, dentro del 9 ejército británico, defienden Palestina, Líbano, Chipre y Siria, pero no se atreve a hacerlo debido al temor a la fuerza anfibia que los germanoitalianos han formado en el Egeo y que parece ya a punto de intervenir. Y, de todas formas, podrían no llegar a tiempo.

  Rommel no se muestra decepcionado por la ordenada retirada enemiga. Cuenta con los medios para la persecución y, sin cambiar mucho el plan preconcebido, forma inmediatamente la fuerza que ha de conquistar Egipto: un cuerpo blindado constituido por las divisiones alemanas 15 y 21 Panzer, la infantería de la 90 división, la blindada italiana Ariete y algunas compañías de infantería italiana. Esta fuerza suma cuarenta mil hombres y cuenta con casi doscientos tanques de ataque alemanes. Ahora lo importante es que no falle la estructura logística cuidadosamente organizada en las semanas previas.

  Atrás quedan, cercando Tobruk, protegiendo la línea de avance, rodeando los últimos reductos defensivos británicos y haciéndose cargo del ingente botín de prisioneros y material, los hombres de las divisiones alemanas recién llegadas, las tropas italianas que han combatido en la batalla… y los veinte mil italianos que fueron retirados en abril que, acantonados en Derna, retornan ahora (a pie) como infantería ligera para reforzar al Panzer Armee Afrika y, sobre todo, para hacerse cargo de los más de veinte mil prisioneros británicos hechos en el campo de batalla y el material capturado.

  Los generales británicos Ritchie y Auchinleck se reúnen en El Alamein el día 3 de junio de 1942. La retirada se ha efectuado de forma ordenada, contando con la protección de la eficiente aviación británica, pero Rommel, por su parte, tampoco ha perdido el tiempo. Para consternación de los jefes británicos, el Cuerpo de persecución alemán está avanzando a cien kilómetros diarios por la via Balbia, la carretera a lo largo de la costa, abastecido por miles de camiones, aviones de transporte e incluso lanchas de desembarco que dejan los suministros en las playas recientemente conquistadas por la fuerza en avance. Rommel se les va a echar encima a los británicos de un momento a otro, sin darles tiempo a consolidar la nueva posición defensiva a las puertas del Delta. Además, la Luftwaffe está acondicionando también muy rápidamente los aeródromos abandonados por los británicos en su retirada, lo que impide que la RAF sea del todo efectiva en estorbar el avance enemigo.

              Los tanques alemanes avanzando por la via Balbia en junio de 1942

  Auchinleck se queda en El Alamein tomando el mando directo del 8 ejército y al tiempo envía mensajes pesimistas a Churchill, que le ordena que resista a todo precio, dada la importancia de salvar el canal de Suez. Auchinleck ordena que la fuerza cercada en Tobruk (la 2 división sudafricana, principalmente) intente hacer alguna salida y corte la línea de suministros de Rommel, pero los alemanes de la 23 división Panzer, que todavía cuentan con cincuenta buenos tanques y casi veinte mil hombres entre alemanes e italianos, rechazan fácilmente el único intento de los hombres de la Commoenwealth en Tobruk de contribuir a salvar Egipto.

  El día 6 de junio, tras apenas un día para organizar su fuerza, que ha recorrido seiscientos kilómetros desde el campo de batalla de Gazala en una semana, Rommel ataca la nueva línea defensiva británica en El Alamein, a apenas cien kilómetros del fértil Delta.

  La batalla dura toda la jornada, y Auchinleck se juega el todo por el todo, sacrificando sus últimos tanques Grant y sus mejores tropas blindadas supervivientes de la batalla anterior, pero a la noche, el destino de Egipto ha quedado sellado. Auchinleck ordena la retirada de las fuerzas restantes. Algunos hombres van a Alejandría, y con los demás se intentará la última defensa ante El Cairo reuniendo todo lo que esté a mano en Egipto. Además, hay que tener en cuenta la fuerza anfibia enemiga en el Egeo: éste podría ser su momento para caer sobre Palestina y encerrar todo el Delta en una pinza. Para intentar prevenir esta amenaza, las tropas del 9 ejército en Próximo Oriente permanecen en extrema alerta en la defensa de playas y puertos. Entre estas tropas hay dos divisiones muy buenas con las que Auchinleck hubiera querido contar para defender Egipto: la 9 australiana y la neozelandesa.

  Rommel dedicará el día 7 a hacerse cargo del campo de batalla de El Alamein, donde hace diez mil prisioneros británicos más: las divisiones blindadas enemigas 1 y 7, con sus brigadas de tanques, han sido aniquiladas definitivamente, y Rommel sabe que eran las mejores fuerzas británicas. También ha vuelto a capturar, como en la batalla anterior de Gazala, varios tanques Grant, más o menos dañados, que el general examina con curiosidad, pues le eran por completo desconocidos y han resultado bastante efectivos contra sus propios tanques. Debidamente reparados, en el futuro podrán luchar del lado de Alemania.

                                             El tanque Grant en el desierto
                                     
   Una fuerza de reconocimiento alemana se ha pegado a los británicos en retirada y envía mensajes entusiastas por radio: han salido del desierto y contemplan las marismas y palmerales próximos a Alejandría, ¡es el Delta!

   El día 8 de junio de 1942, perfectamente organizada de nuevo la fuerza de persecución, Rommel mismo entra en el Delta de Egipto. Ya se ha dado orden de que los camiones de suministros que hacen el largo recorrido desde los depósitos en Gazala no malgasten espacio y combustible transportando agua o comida: el Delta de Egipto proporcionará abundantemente ambos recursos. Lo que deben seguir enviando es más gasolina, más munición y más hombres y armas si es posible.

  La noche de ese día 8 de junio de 1942 la radio de Berlin anuncia la entrada de las tropas germanoitalianas en el Delta del Nilo. Esa noche, Rommel deja algunas fuerzas en las inmediaciones de Alejandría, en torno al lago Maryut, pero sin ordenar aún el asalto de la ciudad y gran base naval de complicada defensa. El objetivo primordial es El Cairo, a casi doscientos kilómetros al sur de Alejandría por tierras del Delta occidental. Puesto que el asalto del Delta ha sido planificado durante semanas hasta el último detalle, fuerzas avanzadas alemanas con el apoyo de unidades de ingenieros sortean los obstáculos previsibles, particularmente la vía fluvial del ramal de Rosetta y el canal Nubariya. En el cruce de Khatatba, a cuarenta kilómetros de El Cairo, las unidades de asalto despejan la resistencia de la reserva británica y abren paso a los batallones de tanques hacia la capital. Emplean los días 9 y 10 de junio en hacer posible el tránsito de las armas pesadas.

   Un agotado Auchinleck llega a El Cairo. Se informa primero de la inquietud de los egipcios: policía y ejército egipcios se han declarado neutrales y advierten de que no consentirán destrucciones de bienes públicos a cargo de los británicos. Una mala noticia para Auchinleck, que está recibiendo constantes órdenes de Churchill de que haga exactamente lo opuesto: que lo destruya todo y que defienda el Delta a ultranza, parapetándose en la ciudad de El Cairo si es preciso. Se le asegura a Auchinleck que hay tres divisiones británicas en camino para reforzarlo (se trata de la 44 de infantería, la 8 blindada y, más retrasada, la 51 de infantería... pero tardarán aún semanas en llegar). De la fuerza anfibia enemiga no se sabe nada, pero en la situación de alarma y confusión que se vive en la gran base naval de Alejandría, a punto de ser asaltada, la Royal Navy no podría interceptar el grueso de la flota italiana que parece estar preparándose para escoltar a las fuerzas de desembarco. Si se produce un desembarco en Palestina, Auchinleck teme que ello de lugar a un desastre por el estilo de aquel del que las fuerzas británicas se libraron a duras penas en Dunkerque.

    En Alejandría han comenzado los disturbios. La ciudad, poblada por musulmanes, cristianos coptos, judíos y otras minorías, como griegos e italianos, se divide en facciones. De momento, los soldados alemanes e italianos están tanteando las entradas de la ciudad mientras los hombres de la Royal Navy comienzan las destrucciones del vital puerto (también han logrado que escape el averiado acorazado Queen Elizabeth). Se esperan órdenes sobre qué hacer con la flota francesa que está allí desarmada desde julio de 1940. La ciudad es un caos y muchas cosas no pueden realizarse de acuerdo con las órdenes recibidas.

    En el sector occidental del Delta, la población egipcia está asombrada por la llegada de los invasores, y en general simpatiza con ellos, pues son enemigos de los odiados ocupantes británicos. Aunque están ya muy lejos, los suministros alemanes siguen llegando desde los depósitos a casi mil kilómetros de distancia, si bien algunos soldados del Eje ya utilizan armas británicas capturadas. La Luftwaffe ocupa los aeródromos abandonados por el enemigo, y más soldados italianos y alemanes se incorporan tras atravesar el desierto por cualquier medio disponible. Los británicos han causado puntualmente algunas inundaciones, pero nada que los alemanes no hubiesen previsto: cuentan con pontones desmontables e incluso pequeñas embarcaciones que han transportado durante mil kilómetros y que llevaban meses esperando en los depósitos de suministros de la línea de Gazala. No se ha dejado nada al azar.

  A la noche del día 10 de junio de 1942, Rommel, que se ha implicado directamente en las unidades de asalto e ingenieros que sortean los obstáculos fluviales y que con ellos ha recorrido cien kilómetros en dos días desde las inmediaciones de Alejandría, está ante el Cairo, en cuyas afueras Auchinleck emplaza sus últimas fuerzas operativas. Al general británico ya no le quedan tanques modernos (la 10 división blindada británica, del “Ejército de Egipto” de reserva, está mal armada y adiestrada), sus tropas veteranas están agotadas y aquellos con los que cuenta son en su mayoría inexpertos. Decenas de miles de soldados de la Commoenwealth (y también británicos) están desertando, mezclándose con la población egipcia, en sus ciudades, pueblos y aldeas. La única esperanza del general en jefe británico es que el enemigo esté aún más agotado que él después de su trepidante travesía del desierto, que ya suma mil kilómetros de recorrido en doce días (parte de ellos ya a través del Delta).

  Pero aunque Rommel ha dejado muchos hombres por el camino, sigue contando con una fuerza de ataque más que suficiente, y no piensa esperar a que el grueso de sus tropas cruce los canales. El día 11, a mediodía, los alemanes se abren paso hasta El Cairo. Los británicos no pueden luchar en una ciudad en la cual hay francotiradores que les disparan desde las azoteas: son policías y soldados egipcios que hacen lo posible por expulsar a los británicos y evitar que su capital, de casi dos millones de habitantes, se convierta en un campo de batalla. Todas las ciudades egipcias se ven inmersas en una confusión semejante y el plan de destrucción generalizada del Delta no puede llevarse a cabo... ni Auchinleck desea ejecutarlo, ya que quiere evitar que los egipcios se le echen encima: su principal objetivo es salvar el mayor número de hombres posible y mantener alguna posición en el canal.

  A la tarde del día 11 de junio de 1942, los últimos soldados británicos que pueden abandonan la ciudad hacia Suez (el Mar Rojo) o hacia el norte del Delta y el canal (Ismailía). Al menos, la fuerza de desembarco enemiga no ha hecho su aparición en la zona.

  Un exultante Rommel ocupa los edificios principales de la capital de Egipto y es recibido como un libertador por los nacionalistas egipcios. A la noche del día 11, el mundo entero sabe que Rommel ha conquistado El Cairo.



  Pero no es todavía la meta. En su nuevo cuartel general en el lujoso Shepherd´s Hotel de El Cairo, Rommel y su Estado Mayor organizan una fuerza de reconocimiento en fuerza que tiene que cruzar otros cien kilómetros de desierto desde El Cairo hasta Suez para capturar el puerto del Mar Rojo, cerrando por completo el acceso al Mediterráneo oriental.

  Esta fuerza saldrá el día siguiente por la tarde, con cinco mil hombres y veinte tanques Panzer IV en vanguardia. Llegará al anochecer del día 13 de junio de 1942 a una ciudad que carece de fortificaciones y de tropas adiestradas, y que se rinde fácilmente al siguiente día (Auchinleck no ha querido dejar una guarnición importante en un lugar tan aislado y difícil de defender, trata de mantener sus fuerzas agrupadas). El canal de Suez queda cerrado.

  Rommel apenas descansa. Los días 12 y 13 se ha reunido con las autoridades egipcias. Les transmite la alianza y amistad de las fuerzas del Eje. Antes ya se han dado órdenes a las tropas alemanas e italianas de que extremen la cortesía con los egipcios: la guerra es por la liberación del pueblo egipcio, se les dice, y Hitler ha ofrecido a los egipcios adherirse al Eje, esperando que ello arrastre al lado alemán a la gran mayoría de los nacionalistas árabes de Próximo Oriente. De hecho, el líder indiscutible de los árabes palestinos, Amin el Husseini, es un apoyo inquebrantable de Hitler y está ya de camino hacia El Cairo. En este momento, hay una crisis total en el gobierno egipcio. El primer ministro, al- Nahas, que en febrero hubo de ser nombrado por presión directa del embajador británico -ahora naturalmente huido-, ha dimitido, y el rey Farouk tiene que nombrar a un sucesor. Todos le aconsejan que designe a un militar, que evite enfrentamientos entre facciones musulmanas y que, cuanto antes, se adhiera al Eje -lo hará el día 19, cuando se haya formado el nuevo gobierno- a fin de evitar que los nuevos ocupantes establezcan un protectorado.

  El día 14, Rommel, que no ha visitado Suez, se dirige a Alejandría para ponerse al mando de las tropas germanoitalianas que asaltan la ciudad y el gran puerto del Mediterráneo. En Alejandría se combate desde hace casi una semana de guerra civil, con soldados y policías egipcios musulmanes enfrentándose a británicos y a sus simpatizantes judíos, griegos y cristianos. Al final del día 14, los alemanes imponen su propio orden.

  Por la noche, Rommel contempla los incendios en las instalaciones del puerto de Alejandría, donde se encuentra la flota francesa del almirante Godfroy, compuesta por nueve buques de guerra, desarmada e internada por los británicos desde julio de 1940 (tras algunas dudas, los británicos se han limitado a sabotear su armamento en lugar de destruirla); en los días siguientes Hitler permitirá a Godfroy partir de Alejandría y unirse al resto de la flota francesa en Toulon. En la ciudad se siguen produciendo disparos, pero también continúan llegando tropas del Eje, muchas de ellas italianas. Unos cinco mil británicos más han sido hechos prisioneros. Rommel asiente a la directiva de que los judíos de Alejandría han de ser encerrados en guetos y sus líderes detenidos. No le cabe duda de que son peligrosos para los intereses de Alemania.

  En su nuevo cuartel general provisional de Alejandría, el agotado pero radiante general alemán se encuentra con un italiano no menos radiante: Benito Mussolini acaba de llegar a Egipto y es él quien le comunica verbalmente la noticia que Rommel más esperaba: Hitler lo ha nombrado mariscal y le ha concedido al Duce el honor de hacérselo saber.

  El Duce también se ha traído, desde Italia, un magnífico caballo con el que quiere presidir, junto al nuevo mariscal, el desfile triunfal por El Cairo.

  Tras un breve sueño, al día siguiente, ambos dignatarios (y el caballo) viajan con fuerte escolta, por carretera, hasta la ciudad de El Cairo de nuevo (para Mussolini es su primera vez y casi estalla de satisfacción), mientras que los ingenieros italianos y alemanes se disponen a valorar los daños del puerto de Alejandría y la forma de repararlos. Los judíos y griegos comienzan a ser concentrados, cuando no son linchados por los nacionalistas musulmanes. También sus propiedades se ven saqueadas, lo que resulta muy conveniente para incentivar a los partidarios del nuevo régimen.

  Llegando a El Cairo a media tarde, y al descender de sus vehículos oficiales en medio del alborozo general de los entusiastas egipcios, uno de los ayudantes de Rommel le comunica a su admirado jefe una noticia todavía más espectacular en estos días de noticias espectaculares: en la mañana del día 15 de junio de 1942, tres días después de que se capturase Suez, España ha entrado en la segunda guerra mundial: el Mediterráneo está cerrado también por Occidente. Ahora es un lago germano-italiano.

  Siempre práctico, Rommel entiende que esto quiere decir que, a los casi sesenta mil prisioneros británicos que lleva ya hechos en las batallas de estos días (Gazala, El Alamein, El Cairo, Suez) habrá que sumar otros treinta mil de Tobruk (que aún no se ha rendido), otros veinte mil de Malta y quizá otros diez mil de Gibraltar: ha batido el record de prisioneros británicos del que disponía el general japonés Yamashita desde febrero pasado, con su victoria en Singapur. Piensa que bien se ha ganado el bastón de mariscal…

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  Para que la historia que aquí se presenta sea verosímil, es preciso mostrarse “conservadores”. Es decir, los aliados no deben cometer ningún error, la suerte no juega ningún papel (se reparte a partes iguales) y los alemanes no cometen menos errores de los que en realidad cometieron. Lo que cambia y determina el resultado del episodio histórico (Hitler gana) es una única decisión de tipo estratégico tomada por Adolf Hitler el 20 de enero de 1942 por la noche, en su cuartel general de Rastenburg. 

  Por eso, contamos con que, gracias al magnífico servicio de información británico (incluido el famoso sistema “Ultra”, de decodificación de los mensajes por radio del ejército alemán), Churchill se entera muy pronto (finales de febrero de 1942) de que Hitler y Mussolini están organizando la conquista de Egipto. Por supuesto, sabemos que los británicos por esta época no siempre estaban tan bien informados: es un hecho que las divisiones australiana y neozelandesa, dos de las mejores formaciones de la Commoenwealth en Próximo Oriente, fueron destinadas hasta junio de aquel año a Siria porque existía el absurdo temor de que los alemanes atacasen a través de la neutral Turquía. Pero, en cualquier caso, para ser conservadores, vamos a aceptar en esta historia que Churchill se informa muy pronto del envío de refuerzos alemanes al norte de África y de la misión que probablemente tienen encomendada, y toma las medidas correspondientes. Lo que se pretende demostrar con esto es que no había medida alguna que hubiera podido impedir la pérdida de Egipto en el mes de junio de 1942. Solo una gran suerte para los británicos (el hundimiento de dos o tres grandes convoyes italianos que transportasen suministros, por ejemplo) habría podido cambiar esta situación.

   Parece ser que, en la realidad, en febrero de 1942, después de que Rommel hubiera vuelto a vapulear al 8 ejército británico (reconquista de Bengasi), el general Auchinleck, al mando de las fuerzas aliadas en Próximo Oriente, consideró la retirada de Tobruk. Según consta en las Memorias de Churchill, esta propuesta no llegó a Londres y, de todas formas, nunca hubiera sido aceptada. En esta historia, la propuesta sí llega a Londres y es evaluada y finalmente rechazada por las razones ya mencionadas en el presente episodio: abandonar pronto Tobruk supondría dar tiempo a los alemanes a poner de nuevo en uso el puerto… y abandonarlo tarde sería inútil, puesto que por entonces el enemigo ya estaría preparado para realizar la persecución a través del desierto y no necesitaría de ese puerto avanzado para nada: las tropas y suministros adicionales que Rommel necesitara para romper las defensas en El Alamein habrían sido las mismas que se ahorrasen no haciendo la batalla de Gazala ni poniendo cerco a Tobruk.

  En la historia que presentamos, Rommel tarda seis días en alcanzar El Alamein desde el campo de batalla de Gazala. En la realidad, Rommel emprendió el avance desde el recién conquistado Tobruk (muy próximo a Gazala) el día 23 de junio y llegó a El Alamein el día 30, lo que da siete días. Pero éste también es un cálculo conservador para la historia, porque en la realidad, el día 26, a mitad de camino, los alemanes e italianos tuvieron que enfrentarse (y vencer) a una dura resistencia aliada en Matruh, donde intervino la división neozelandesa. Este obstáculo no hubiera podido darse en esta historia, porque incluso aunque los neozelandeses hubieran recibido la orden de dirigirse a Egipto desde su posición en Siria, nunca hubieran podido llegar a tiempo (en la realidad, la batalla de Gazala se prolongó cuatro semanas, lo que dio tiempo para llegar a Egipto a los neozelandeses y australianos). Además, en la realidad, el avance de Rommel desde Tobruk hasta El Alamein fue completamente improvisado debido al regalo que para los alemanes supusieron los vehículos y el combustible capturados a los británicos con los que esperaban suplir los inconvenientes logísticos de la travesía. En la historia que aquí se presenta no solo sí que existe un plan largamente madurado para conquistar Suez, sino que Rommel no depende para nada de los suministros capturados, puesto que ha creado sus reservas y recibido 2.500 camiones italianos y alemanes adicionales (sin contar los de las dos divisiones Panzer nuevas: un promedio aproximado de cien vehículos en cada buque de transporte desde Italia en los cuatro meses de preparación, que habrían sido más de un centenar, unos veinte transportes más que en la realidad).

  Finalmente, la operación “Venezia”, la batalla de Gazala, fue planeada por Rommel, tanto en la realidad como en esta historia, como una operación de envolvimiento y destrucción del enemigo que había de durar cuatro días. En la realidad, duró cuatro semanas y si Rommel ganó, pese a los errores cometidos, fue, como siempre, debido al factor inevitable de la superioridad táctica de los alemanes (y a que tampoco los italianos eran tan incompetentes como a veces se pretende). 

  En esta historia, la batalla dura, en efecto, solo cuatro días, más o menos como fue planeado, y esto se debe a que el PAA de Rommel es mucho más potente de lo que lo fue en la realidad. Cuenta con cien mil hombres, y no ochenta mil, y está formado en un 70 % por alemanes, y no en un 40 %, como lo era en la realidad. Cuenta también con 420 tanques ofensivos tipo Mark III y IV, y no solo 280. Habría sido imposible que perdiera, incluso si cometía los mismos errores que en la realidad: meterse en un campo de minas no señalizado en sus mapas, subestimar la resistencia de la brigada francesa de Bir Hakeim e ignorarlo todo acerca de los sorprendentes tanques “Grant” que los británicos acababan de recibir. (Conviene hacer mención de que, pese a que se ha doblado el número de divisiones Panzer en esta versión alternativa de la batalla, no se ha doblado el número de tanques: esto sería debido a que enviar más de 140 tanques adicionales a África hubiera supuesto un debilitamiento excesivo de la capacidad de ataque alemana para la gran ofensiva planeada para el sur de la URSS en esa misma época, verano de 1942).

  Otro factor importante es el poder aéreo. En la realidad, uno de los grandes problemas de la improvisación de Rommel en su avance hacia el Delta fue que la Luftwaffe, que había contado incluso con superioridad durante la batalla de Gazala (esto algunos lo discuten: pudo darse superioridad británica), quedó en franca inferioridad al llevarse el frente hasta El Alamein, mucho más al este. Esto se debió sobre todo a que la Luftwaffe no pudo equipar con suficiente rapidez los aeródromos abandonados por el enemigo en su retirada. Este factor importantísimo no habría sido ahora desdeñado, de modo que la Luftwaffe se habría equipado convenientemente a medida que fuese avanzando sus bases gracias a los aeródromos capturados, y hubiera contado con bastante fuerza aún en El Alamein.

  En la realidad, el Rommel que atacó el 1 de julio de 1942 la línea improvisada por Auchinleck en El Alamein apenas contaba con 50 tanques y unos pocos miles de hombres agotados tras más de un mes de batallas continuas. El bravo general británico Auchinleck, que logró controlar el pánico de sus tropas, pudo reunir todavía 150 tanques, más soldados pertrechados (incluidos los neozelandeses y australianos recién llegados desde Siria) en una muy buena posición defensiva y contar con una gran superioridad aérea. En esta historia, sin embargo, Rommel, siguiendo el plan meticulosamente trazado, llega a El Alamein con por lo menos 200 tanques de ataque y decenas de miles de enardecidos guerreros germánicos (que llevan una semana combatiendo, no cinco), y aún con un buen apoyo aéreo. Imposible que no entre en el Delta.

  Igualmente, siendo conservadores, dejamos que, en esta historia, Auchinleck todavía dé una tercera batalla ante El Cairo. Tampoco damos demasiada relevancia a la actitud de los egipcios, claramente antibritánicos, dejamos que escape el acorazado Queen Elizabeth y, en suma, permitimos que buena parte del 8 ejército británico se salve abandonando el Delta por Port Said (aunque las divisiones blindadas británicas 1 y 7 quedarán tan destruidas como en la realidad la 2 blindada fue destruida por Rommel en abril de 1941).

  En total, desde el 1 de junio (comienzo de la persecución desde Gazala) hasta el 14 de junio (conquista de Suez), Rommel recorre en esta historia unos mil kilómetros en catorce días. Como comparación, Montgomery recorrió mil doscientos en diecinueve desde El Alamein hasta Cirenaica (4 de noviembre a 23 de noviembre de 1942), pero se vio frenado no solo por su prudencia, sino también por fuertes lluvias durante algunos días.

  En esta historia, la pérdida de Egipto supone una catástrofe inevitable, pero también lo fue en la realidad la derrota británica en Grecia en abril de 1941 y no por eso Churchill dejó de aceptar el riesgo de combatir allí. Y en Dunkerque los británicos tuvieron pura suerte: una semana de tormentas en el canal lo hubiera arruinado todo al impedir el reembarque urgente de las tropas cercadas. Así pues, ateniéndonos a lo que en realidad sucedió, los británicos a veces se beneficiaban de la suerte y a veces no, rara vez perdían el ánimo y tenían algunos buenos mandos (Auchinleck, desde luego)... pero eso no les hubiese salvado de una ofensiva alemana para capturar Egipto meticulosamente planificada... algo que en la realidad nunca llegó a darse.

  
La ciudad de El Cairo durante la guerra

lunes, 13 de enero de 2014

2. Logística

 



 Inmediatamente después de tomada por Hitler, el día 20 de enero de 1942 por la noche, la decisión de unir los frentes de Rusia y el Mediterráneo mediante la invasión del Mar Negro, el Führer convoca a Mussolini a una reunión urgente en Salzburg para tratar de la importante resolución estratégica. El encuentro tiene lugar el 24 de enero.



  Mientras tanto, las recién creadas divisiones Panzer 22 y 23 comienzan a moverse desde Francia a Italia. Un enorme movimiento lento y pesado que implica a cientos de trenes y miles de vagones a lo largo de prolongados tramos ferroviarios y que acabará en un asimismo complejo proceso de embarque, navegación bajo escolta y desembarco en los pequeños puertos de Libia (en este momento, además, solo está disponible para las fuerzas del Eje el puerto de Tripoli, pues Bengasi sigue aún bajo ocupación del enemigo).

  Muy lejos de este escenario, la lucha sigue feroz en el frente ruso. Los soviéticos reiteran sus contraofensivas de invierno que son difícilmente contenidas por el Ostheer -ejército alemán del Este- y el resultado continúa siendo incierto. Sin embargo, es vital para los alemanes que no cese el planeamiento de futuras ofensivas para el siguiente verano. Y mientras tanto, del Pacífico siguen llegando buenas noticias para el Eje: los avances japoneses parecen imparables y obligan a británicos y norteamericanos a enviar urgentes recursos a los sectores de Asia y el Pacífico. Es preciso aprovechar esta oportunidad para darle duro a los británicos en África, ahora que su flota debe enviar las mejores unidades a los lejanos océanos de Oriente. Tampoco dejan de enviarse sugerencias a los japoneses para que, en la medida de lo posible, dirijan su avance hacia el Océano Índico, de modo que pudieran converger con el movimiento hacia el Este de las fuerzas del Eje europeas. Si se conquista Egipto y los japoneses, cuando menos, conquistan Ceilán y Madagascar, esto podría acelerar el hundimiento del Imperio Británico. Pero, de momento, en el mes de enero de 1942 los japoneses solo han comenzado su avance hacia el sudeste asiático.

  En el encuentro de Salzburg, que tiene lugar en el lujoso palacio Klessheim, Mussolini acepta la propuesta alemana cuyos frutos se esperan espectaculares y que plantea como posible un fin victorioso de la guerra a finales del año que ahora empieza, 1942: Japón y Alemania podrían entrar en contacto en Próximo Oriente si los japoneses conquistan la India, y Rommel conquista Egipto primero y el Golfo Pérsico después; Rusia quedará entonces estrangulada por todos los frentes y Estados Unidos no habrá tenido tiempo de movilizarse. El día 21 Rommel ha comenzado su contraofensiva en el norte de África y para cuando los dos dictadores se separen, el día 24 por la noche, seguirán llegando buenas noticias acerca de sus avances: cada vez se hace más verosímil que el puerto de Bengasi, cuando menos, será pronto reconquistado, lo cual es importantísimo para el plan de apoderarse de Egipto en junio.

    Pero es mucho el trabajo que queda por hacer, como ha explicado Hitler al Duce durante la conferencia, y la logística es ahora el principal problema. Los dos dictadores renuevan los comités estratégicos conjuntos germano-italianos y se comprometen a supervisarlos personalmente, ya que es preciso que los refuerzos y nuevos suministros para Rommel lleguen a tiempo al norte de África, y eso exige un funcionamiento eficaz de los ferrocarriles y puertos italianos. Hitler exige también un buen servicio de la marina mercante italiana y de las escoltas navales frente a los constantes intentos de intercepción a cargo de la marina y aviación británicas, así como el correspondiente aprovisionamiento de combustible, la disponibilidad de cientos de camiones italianos adicionales para el transporte en el desierto, e incluso que algunas tropas italianas se retiren de primera línea para ceder vehículos y suministros a las tropas alemanas en camino, que son más hábiles y están mejor armadas para la guerra móvil. Como compensación (y no solo para no dañar el orgullo de los militares italianos) se solicita que Italia envíe, a lo largo de los meses de febrero y marzo, algunas unidades italianas de infantería a reforzar el 11 Armee en Crimea ya que dos de las tres divisiones que se van a enviar a África (la 22 Panzer y la 28 Ligera) habían sido destinadas inicialmente a ese frente (pero en misión ofensiva, mientras que los italianos irán solo en función defensiva).

  También es vital que los puertos italianos de la región de Cirenaica (al este de Libia: Bengasi y Derna, los cuales para el día 24 Rommel aún no ha podido recuperar pero se espera que estén en su poder en breve) sean reparados y su capacidad de recepción ampliada como única forma de que los suministros a enviar estén lo suficientemente cerca del objetivo final (algo menos de a mil kilómetros del Delta de Egipto). La ofensiva en el norte de África tiene que tener éxito no más tarde de junio de 1942, a tiempo para la correspondiente ofensiva de verano en Rusia, de mucha mayor envergadura.

  Y ha de ponerse en marcha cuanto antes la formación de una fuerza germanoitaliana anfibia en el Mar Egeo que tendrá una doble misión: por una parte, engañar a los británicos haciéndoles creer que se producirá un desembarco en el Mediterráneo Oriental (lo que los obligará a distraer tropas del norte de África) y, por otra, su misión real: la invasión de la costa oriental del Mar Negro en algún punto aún por determinar. Esta gran operación, mayoritariamente italiana, también proporcionará a Italia un gran prestigio militar y político, pero Hitler insiste en que la preparación táctica de la fuerza anfibia (que ya calculan que sumará dos divisiones italianas y una alemana) debe estar a cargo de los alemanes, ya que ellos cuentan con la experiencia de diversas acciones parecidas contra rusos y británicos (en Noruega, en el Báltico, más los cuidadosos preparativos que se hicieron para la invasión de Inglaterra, que al final no se efectuó).

  No es que tampoco Mussolini tenga muchas opciones para negarse a las propuestas de su socio: Hitler le hace ver que, caso de que Italia no coopere en esta nueva estrategia, retirará a Rommel de Libia y lo utilizará en los Balcanes para forzar a los turcos a abrir los Dardanelos. Se trata de una opción real: aunque eso llevara a Italia a perder su último enclave en el norte de África, la victoria en el Mar Negro y el acceso a Próximo Oriente a través de Turquía permitirán igualmente que, al final de la guerra, Italia recupere su Imperio africano perdido... pero para entonces Mussolini habría sufrido un desgaste político espantoso al quedar transitoriamente amenazado el territorio nacional italiano desde un norte de África totalmente en manos del enemigo.

  De modo que a partir de la conferencia todo se desarrolla según los planes de Hitler. Para el transporte de los refuerzos y suministros a Rommel, alemanes e italianos cuentan con la experiencia del año anterior. En junio de 1941 ya se alcanzaron las 125.000 toneladas mensuales de suministros desembarcados en los puertos libios, así que durante los meses de febrero, marzo, abril y mayo de 1942 esa cifra o una incluso superior ha de alcanzarse de nuevo, pero ahora como promedio. Se sabe que el puerto de Tripoli puede recibir de una sola vez convoyes de seis buques mercantes que transporten hasta treinta mil toneladas de suministros (el convoy M-43 lo ha conseguido el 6 de enero de 1942; se trata del equivalente al desplazamiento de una división Panzer completa) y que el puerto de Bengasi (pese a que en el momento de la conferencia de Salzburg no se sabe aún si será o no recuperado, y en qué estado se encontrará) puede recibir tres buques, quizá con hasta diez mil toneladas. El problema es descargarlos y distribuir los suministros lo más rápida y eficazmente posible. Tanto alemanes como italianos consideran que cuentan con los hombres y los medios para afrontar esta tarea en el plazo marcado.

  Y así se hará.

  Gracias al impulso de los máximos líderes del Eje, en abril de 1942 se llegará, en efecto, a las 150.000 toneladas descargadas en los puertos del norte de África. Para alcanzar esta cifra sin precedentes se han efectuado con carácter de urgencia mejoras en el puerto de Bengasi a partir de su conquista el 29 de enero (instalación de grúas, creación de almacenes y depósitos, una óptima organización del estibaje) .

  Los británicos, siempre bien informados de los movimientos navales italianos gracias a su magnífico servicio de inteligencia, intentarán interceptar los convoyes, pero hasta el 10 de mayo no logran situar en Malta un número apreciable de cazas Spitfire, y hasta entonces la Royal Navy solo podrá apuntarse algunos éxitos con sus submarinos. Por otra parte, las unidades de superficie británicas en el Mediterráneo se encuentran gravemente afectadas por las urgencias del frente japonés: propiamente, durante los meses de marzo, abril y mayo de 1942 la prioridad para la Royal Navy es defender el Océano Índico, pues si se pierde el Índico (si los japoneses se apoderan de Ceilán y Madagascar) se perdería igualmente Egipto (Egipto recibe casi todos sus suministros por el Índico).

  En la segunda mitad de mayo de 1942, el Panzer Armee de Rommel está ya listo para atacar. Se han creado diez depósitos adicionales de pertrechos (combustible, munición, alimentos) inmediatamente detrás de la línea del frente (la "línea de Gazala", entre Derna y Tobruk, en pleno desierto), la mitad de la infantería italiana se ha retirado a la retaguardia para ceder sus suministros y vehículos a la infantería alemana recién llegada (la 28 división Ligera), y se ha organizado un enorme contingente de cinco mil camiones listos para emprender la persecución del enemigo hacia el Delta del Nilo una vez se produzca la esperada victoria en la batalla que tendrá lugar en Gazala, el límite entre las fuerzas del PAA (PanzerArmeeAfrika) y el 8 ejército británico, que va desde el mar, al norte, hasta el profundo desierto al sur. La logística del Eje cuenta también con más de un centenar de aviones de transporte Ju-52 y similares, sobre todo para abastecer con suministros de aviación a los aeródromos a medida que se vayan capturando al enemigo durante la persecución, más una decena de buques ligeros de desembarco ("Motozattera") que se espera que también puedan desembarcar diariamente cien toneladas de suministros lo más cerca posible de la línea de avance a lo largo de la costa.

  Según la elección de Rommel, la fuerza que emprenderá la persecución una vez se gane la batalla inicial en la línea de Gazala serán sus veteranos en África, las divisiones Panzer 15 y 21, más la 90 ligera y un contingente de las tropas italianas más fiables. Espera poder contar, al menos, con un centenar de tanques del mayor valor ofensivo para entrar en Egipto tras el esperado desgaste de la batalla. Pero todo ello dependerá de la suerte de los hechos de armas previos, lo que a su vez dependerá de hasta qué punto habrá reunido recursos suficientes para destruir la mayor parte del 8 ejército británico en el desierto, no más tarde de junio de 1942.

ooo

  Algunos historiadores militares han escrito artículos e incluso libros acerca de los problemas logísticos de las tropas germano-italianas de Rommel (el Panzer Armee Afrika). Se pretende demostrar que, debido a problemas de transporte en un medio tan hostil como el desierto, con sus grandes distancias y su falta de ferrocarriles, Rommel nunca pudo haber conquistado Egipto partiendo de las posiciones italianas en Libia: los puertos disponibles por los que recibía los suministros eran pequeños y muy alejados del objetivo principal del Delta del Nilo, y además escaseaban camiones y combustible. Se mencionan las toneladas de capacidad de descarga de estos puertos (Trípoli y Bengasi, principalmente), las toneladas que podían transportar los buques mercantes utilizados (la mayoría de ellos italianos), la escasez de camiones para recorrer mil kilómetros de desierto y el ingente gasto de combustible. Rommel habría sido un general incompetente porque ignoraba la realidad de estos problemas insuperables.

  Sin embargo, los datos no nos demuestran esto. Al cuantificarse las necesidades logísticas de acuerdo con las fuentes, vemos que todas las necesidades podían haber sido satisfechas si se hubiese dado prioridad al frente Mediterráneo, al menos hasta mediados de 1942 (a partir de esta fecha, los aliados sí que contaban ya con una superioridad invencible en recursos de todo tipo y nada que los del Eje hubieran hecho habría podido cambiar su desventaja).

  Tampoco necesitamos hacer un cálculo tan exacto (aunque es perfectamente posible, como se verá a continuación) ya que es suficiente con darse cuenta de lo que los británicos avanzaron tras su victoria el 4 de noviembre de 1942, cuando pudieron recorrer hasta 1.200 kilómetros a través del desierto en diecinueve días, y demostrar con ello que hubiera sido logísticamente posible también para los germanoitalianos hacer el recorrido en sentido contrario. En realidad, hubiera sido más fácil para ellos, ya que desde la línea de Gazala (la posición del Eje de febrero a junio de 1942) hasta el Delta del Nilo hay solo 800 km, y una vez en el Delta, naturalmente, se hubiera podido allí disponer, cuando menos, de agua y alimentos sobre el terreno, lo cual hubiera ahorrado muchas toneladas de suministros diarios. Los británicos no contaron con esa ventaja cuando avanzaron desde Egipto hasta el corazón de Libia (todo era desierto, tanto en el punto de salida como en el punto de llegada).

  En el desierto, una fuerza de combate efectiva en esta época, incluyendo los importantísimos suministros para la aviación, hubiera requerido alrededor de mil toneladas diarias: unos seiscientos camiones diarios descargando para la fuerza de avance, o menos, si se utilizaban complementariamente suministros aéreos y pequeñas embarcaciones costeras que desembarcasen en las playas próximas, ya que el recorrido hacia el Delta del Nilo se haría por la carretera de la costa (Via Balbia). Sabemos que los camiones de dos toneladas italianos y alemanes de la época podían recorrer, cargados, unos trescientos kilómetros diarios, de modo que el transporte de ida y vuelta desde los depósitos de suministros instalados tras la línea de Gazala (a 800 kms del Delta) hasta el punto más alejado de la línea de avance llevaría una semana. Utilizando quinientos camiones que transportasen un total de 800 toneladas diarias (no más, porque cada camión tendría que llevar consigo unos 30 kg de combustible para el propio uso por cada cien kilómetros: una media tonelada para los tramos más largos) más el complemento de 100 toneladas transportadas por avión (cincuenta Ju-52 aterrizando cerca del frente al día) y otras 100 toneladas transportadas por lanchas de desembarco tipo "Motozattera" (dos de ellas al día), se requerirían algo más de tres mil camiones diarios. Contando que una tercera parte estaría siempre fuera de servicio por averías, lo que Rommel iba a necesitar para su persecución y batalla desde la línea de Gazala hasta el Delta (utilizando un Cuerpo de ejército blindado a plena fuerza, lo mismo que usaron los británicos en su propio recorrido tras su victoria en El Alamein en noviembre de 1942 en la realidad) serían cinco mil camiones para la logística. La mitad de ellos los tendría tras despojar al resto del Panzer Armee de la mayor parte de sus vehículos tras la victoria de Gazala (fue lo mismo que hizo Montgomery al emprender su persecución tras la victoria, despojando de vehículos a un cuerpo de ejército para dotar mejor al otro), la otra mitad, dos mil quinientos, tendrían que llegar a África en los meses anteriores (y habrían sido utilizados, en los días previos, para constituir los depósitos de suministros tras la línea de Gazala, antes de la batalla). Todo esto ya lo habrían calculado los oficiales alemanes e italianos durante la planificación de enero y febrero en esta historia. Los mismos Hitler y Mussolini estarían informados de tales detalles.

  Haciendo cuentas, en esta historia alternativa Rommel necesita recibir aproximadamente 100,000 toneladas de suministros adicionales que se sumarían a las 340,000 toneladas que recibió en la realidad durante los meses de febrero, marzo, abril y mayo de 1942 (lo que daría un promedio inferior a 125.000 toneladas mensuales de suministros desembarcados en África). Los datos de la marina italiana, que aparecen en el artículo de Wikipedia de "siege of Malta", muestran que durante los meses de febrero y marzo de 1942 el puerto de Trípoli (el mayor de Libia, aunque a más de mil kilómetros de distancia de la línea de Gazala, el punto de partida de la ofensiva del Eje) fue infrautilizado. En febrero y marzo de 1941 (cuando era el único puerto disponible para el Eje) recibieron un total de 171.000 toneladas, mientras que en febrero y marzo de 1942 solo 105.000 toneladas llegaron a Libia, lo que nos da una diferencia de 66.000 toneladas. Pero es que, además, en febrero y marzo de 1942 (y no en febrero y marzo de 1941) también estaba disponible el puerto de Bengasi (y el más pequeño de Derna) y a mediados de febrero el puerto de Bengasi (a pesar de que había sufrido daños) ya podía recibir buques que juntos sumaban aproximadamente 5,000 toneladas de registro bruto de una sola vez (y que, por tanto podían transportar una cantidad también de unas 5,000 toneladas de suministro; Tripoli podía recibir de una sola vez buques que sumaban 30,000 toneladas de registro bruto). 

  Durante el mes de mayo de 1942 , en la realidad, llegaron también a los puertos libios unas 86,000 toneladas, mientras que tanto en abril como en junio de 1941 se superaron las 100,000. Está claro, por tanto, que existía capacidad en los puertos para permitir a Hitler enviar suficientes suministros y refuerzos al norte de África en esta época a fin de que se conquistase el canal de Suez. (Por ejemplo, 66.000 toneladas más en febrero y marzo de 1942 en el puerto de Trípoli, más 30.000 toneladas adicionales en los puertos de Bengasi y Derna durante esos dos mismos meses, y lo poco que faltase para completar la cifra de "100.000" podría ser enviada en mayo de 1942, cuando en la realidad también los puertos libios descargaron menos suministros de lo que hubieran podido).

  En esas 100.000 toneladas adicionales se hubiera incluido el material de las tres divisiones alemanas de refuerzo (incluyendo cinco o seis mil vehículos de todo tipo), los dos mil quinientos camiones adicionales para el transporte (la mayor parte de ellos italianos) y el resto de suministros para la ofensiva. Para mayor seguridad, parte de las tropas italianas hubieran debido ser temporalmente desactivadas para que cedieran sus vehículos y suministros a las tropas alemanas, más eficaces (así, la 28 división Ligera, no blindada, hubiera podido ser transportada hasta África sin vehículos y los vehículos que le correspondían como división de infantería alemana, que habitualmente eran unos quinientos, podrían formar parte de los dos mil quinientos adicionales para las tareas logísticas). Las tropas alemanas de refuerzo de estas nuevas divisiones (22, 23 y 28), unos cuarenta mil hombres, hubieran podido llegar por vía aérea desde Sicilia, a razón de unos cuatrocientos diarios a lo largo de cien días (unos veinte vuelos adicionales diarios de aviones de transporte del Eje, aviones que también podrían ser utilizados después para el transporte de suministros una vez comenzada la ofensiva).

  Los cálculos sobre vehículos, combustible, transporte naval y tiempos pertinentes son fáciles de hacer con ayuda de la ingente cantidad de datos al respecto que pueden encontrarse hoy en Internet, de entre los cuales lo referido a la descarga en los puertos libios es sólo un ejemplo.  El peso aproximado de una división Panzer completa era de unas 35.000 toneladas (para transportarla por tren hacían falta unos setenta trenes de capacidad de 500 toneladas cada uno de promedio), de las tres divisiones transportadas, solo una -la 23 PzD- sería de ese tipo, la otra, la 22 PzD, no llevaría tanques y supondría menos peso, la 28 Ligera de infantería iría con poco equipo, pues tomaría los vehículos de los italianos desmovilizados (una división alemana de infantería requería unos cuarenta trenes: 20.000 toneladas con el equipo completo). Sabemos también que los camiones del Eje podían transportar dos toneladas de carga, que los mismos pesaban unas cinco toneladas de promedio (el transporte de 5.500 camiones hubiera supuesto, por tanto, 27.500 de las 100.000 toneladas que hemos contado: incluirían los 3.000 camiones de las dos divisiones Panzer nuevas, más los 2.500 adicionales para la logística de la planeada persecución del enemigo hasta Egipto), que consumían unos 30 kgs de combustible (40 litros) por cada cien kilómetros, que las averías alcanzaban de promedio al 35 % de ellos y que un barco mercante italiano grande (de 5,000 toneladas de registro bruto) podía transportar más de cien vehículos a la vez junto con más de 3,000 toneladas de otros suministros. Los transportes del Eje hicieron noventa y ocho viajes de Italia a África en los meses de febrero, marzo, abril y mayo de 1942, según consta; en esta historia los mercantes italianos habrían realizado un total de entre ciento veinte y ciento treinta viajes: muchos buques italianos que transbordaron a África en abril y mayo en la realidad, no aparecieron por allí en los meses de febrero y marzo. Lo sabemos todo. Y aquellos hombres lo sabían también.

  Si Rommel no conquistó Egipto fue porque Hitler nunca le dio esa prioridad: al norte de África se enviaba el mínimo de suministros puesto que el frente ruso absorbía la inmensa mayoría de los recursos. 

  A nadie se le ocurrió que una victoria en el Mediterráneo podía repercutir en una ventaja imparable también en el frente ruso. Y por eso, y sólo por eso, Hitler perdió la guerra.

jueves, 2 de enero de 2014

1. La decisión




  Noche del 4 al 5 de enero de 1942. El general alemán Erich Von Manstein, comandante en jefe del 11 ejército alemán (11 Armee) en Crimea, no puede dormir. No le faltan preocupaciones: desde hace más de una semana (desde Navidad), como parte de la gran contraofensiva soviética que pretende liberar a la patria rusa del invasor nazi, las tropas del Ejército Rojo están desembarcando en las costas de la Crimea ocupada por los soldados alemanes y rumanos del ejército a su mando. En algunos puntos, incluso desembarcan en medio de témpanos de hielo (aunque el Mar Negro, en general, no se hiela en invierno, sí lo hace en la zona próxima al Mar de Azov y en la desembocadura de los ríos). Los desembarcos rusos acaban de lograr la recuperación de la península de Kerch, al este de Crimea, y con ello también, por supuesto, el control del estrecho que comunica el mar de Azov con el resto del Mar Negro.

                                 Desembarcos soviéticos en Crimea a finales de 1941

  Los infantes rusos pueden desembarcar en las costas de Crimea porque las fuerzas soviéticas disponen del dominio naval en el Mar Negro. Eso les permite no solo efectuar los desembarcos (que, por lo demás, nunca han hecho en tan gran escala como ahora) sino, sobre todo, apoyar la defensa de fortalezas costeras, como Odessa (que resistió hasta octubre de 1941) y Sebastopol (que se encuentra bajo asedio desde ese mismo mes de octubre), así como aprovisionar fuerzas por el mar y forzar al enemigo a desperdiciar tropas al tener que desplegarlas preventivamente como defensa costera.

  Manstein puede darse cuenta fácilmente, pues, de que bastaría con introducir a parte de la flota italiana del Mediterráneo en el Mar Negro a través del estrecho de los Dardanelos, junto con algunos submarinos alemanes, para limpiar por completo este mar cerrado de la amenaza enemiga. Con ello no sólo se ahorrarían tropas del Eje de una ya innecesaria defensa costera y se obligaría a los soviéticos a desplegar su propia defensa en las costas (detrayendo tropas del frente), sino que las fuerzas alemanas podrían ejecutar sus propios desembarcos y, sobre todo, contar con el apoyo logístico costero: los puertos del Mar Negro, en poder del Eje, permitirían abastecer a los ejércitos nazis en su avance a medida que fuesen capturados, y los cañones de los buques italianos apoyarían las operaciones costeras. La mayor parte de las dificultades logísticas desaparecerían en el importantísimo sector sur del frente ruso.

  Manstein, como todos los generales alemanes del Ostheer (ejército alemán del Este), sabe que el principal problema para conquistar Rusia es de tipo logístico: el país es demasiado extenso, sus poblaciones están demasiado dispersas y la climatología lo dificulta todavía más. El tamaño de la población soviética, la calidad de su ejército, la capacidad industrial y el valor del pueblo ruso en la lucha contra el invasor son factores que importan menos que las grandes distancias y las malas vías de comunicación.

  Pero dominando el Mar Negro todas las ventajas soviéticas desaparecen, al menos en la zona sur: los alemanes podrían transportar sus tropas y suministros por el Danubio hasta el Mar Negro, operar desde los puertos conquistados (casi todos con conexiones ferroviarias) y ahorrar cantidades inmensas de combustible, vehículos y tropas dedicadas a la lucha antipartisana (pues los partisanos dificultan siempre el transporte terrestre). Y es precisamente en las tierras del Mar Negro (Ucrania y el Cáucaso) donde están todos los recursos económicos que Alemania necesita para ganar la guerra: el trigo de Ucrania, el carbón y el hierro del Donbass y el petróleo del Cáucaso, entre otros bienes. Todavía más: estas regiones, sobre todo el Cáucaso, están en parte pobladas por pueblos que no son eslavos y que pueden fácilmente luchar del lado nazi, especialmente los musulmanes (Manstein ya ha sido bien acogido por los tártaros de Crimea). Y una vez alcanzada la frontera turca más allá de la cordillera del Cáucaso, es probable que los turcos mismos se adhieran al Eje.



   Manstein sabe que para que la flota italiana pueda entrar en el Mar Negro es preciso primero conquistar el Mediterráneo, cerrarlo totalmente y expulsar de él a la flota británica. Eso depende del general Rommel. ¿Cuántas fuerzas tiene Rommel en el Norte de África en enero de 1942, y cuántas necesita para alcanzar el canal de Suez? Sin ser un experto en el frente del Norte de África, Manstein sabe que Rommel sólo tiene tres divisiones alemanas y algunas divisiones italianas de inferior calidad. Si se le enviara a Rommel otras tres divisiones alemanas (una cantidad muy pequeña en comparación con las más de ciento cincuenta divisiones alemanas que luchan en Rusia) podría tal vez conquistar Egipto. Entonces Franco, el dictador español, cerraría Gibraltar y el gobierno turco, incluso manteniendo su neutralidad, dejaría paso libre a la flota italiana. La guerra en Rusia estaría ganada, por no hablar del golpe durísimo que recibirían los británicos al perder Egipto, Gibraltar y Malta. ¿Y cuántas tropas ahorraría el Ostheer a cambio de enviar tres divisiones al Norte de África? Quizá una docena de divisiones: ya no más defensa costera, ya no más sangrientos asedios a fortalezas portuarias enemigas como Odessa y Sebastopol, y muchas batallas frontales en la zona costera podrían evitarse ejecutando operaciones de desembarco de flanqueo. Sin olvidar el inevitable efecto político de alcanzar una gran victoria en el Mediterráneo: seguramente llegarían más tropas auxiliares no-alemanas al frente del Este para unirse al esfuerzo final del seguro ganador (más españoles, más franceses, más italianos, búlgaros, turcos, quizá egipcios… y, por supuesto, más renegados de la misma Unión Soviética… más renegados y menos partisanos…). Detraer tres divisiones del frente ruso para enviarlas a África a que conquisten el Mediterráneo no supondría, pues, un coste en la lucha contra los soviéticos, sino un enorme beneficio.

  Se trata de una posibilidad inmensa que resulta sorprendente que no haya sido considerada antes. El general se apresura a tomar pluma y papel, y escribe una carta al Führer de apenas dos páginas. Él no conoce los detalles de la situación estratégica en el Mediterráneo y el Norte de África, pero a Hitler no le faltan consejeros adecuados a ese respecto. También sabe que recientemente Rommel ha sido derrotado por los británicos y ha tenido que retroceder hacia occidente dentro del territorio libio, pero eso puede corregirse, precisamente, dando más prioridad al frente del Norte de África: hay que hacer ver a Hitler que la victoria en el frente del Norte de África repercutiría, con la conquista del Mar Negro, en la victoria en el frente ruso. Además, Manstein sabe que tras la derrota de Rommel en noviembre, la 2 Flota Aérea ha sido enviada al Mediterráneo desde el grupo de Ejércitos Centro en Rusia. Eso sin duda ha influido en los reveses sufridos allí ante los soviéticos: si se detraen fuerzas alemanas del frente ruso hacia el Mediterráneo tiene sentido entonces que la victoria mediterránea revierta equitativamente en Rusia. Y eso se conseguiría con la entrada de la flota italiana en el Mar Negro. No tiene sentido que el frente del Este haga sacrificios para beneficio del frente africano sin obtener nada a cambio.

  En quince minutos, la carta está redactada. El general sale de su dormitorio y despierta a uno de sus asistentes: la carta debe llegar cuanto antes al cuartel general del Führer.

  El 6 de enero de 1942, por la noche, llega la carta a la “Guarida del Lobo” (Wolfschanze) en Rastenburg, desde donde Hitler dirige la guerra para, en este momento, intentar contener la serie de contraofensivas soviéticas en el frente del Este. La carta de Manstein no le puede pasar desapercibida: se trata del mismo estratega que diseñó el ataque blindado a través de los montes de las Ardenas en mayo de 1940 que llevaría a los nazis a su espectacular victoria en Francia. Hitler lee la sugerencia del general e inmediatamente hace llamar a sus asesores militares: ¿es viable reforzar a Rommel lo suficiente como para que pueda conquistar Egipto en, digamos, junio de 1942, a tiempo para la esperada nueva ofensiva de verano del ejército nazi en el sur de Rusia? Hitler sabe que Rommel tuvo que retroceder en el este de Libia (la región de Cirenaica) debido no tanto a la potencia y habilidad del Octavo ejército británico, sino, sobre todo, debido a la falta de suministros llegados por mar desde Italia, que eran sistemáticamente hundidos por la Aviación y Marina británicas. También sabe que Rommel ahora sí acaba de recibir un convoy íntegro de suministros con más de treinta mil toneladas de armas, munición, combustible y alimentos, lo que se ha conseguido gracias al incremento de la protección aérea y naval (submarina) a los convoyes (una flota aérea de la Luftwaffe tuvo que ser retirada del Ostfront… lo que favoreció sin duda la contraofensiva del enemigo soviético: los dos frentes ya están, de hecho, conectados).

  Por otra parte, aunque Manstein piensa sobre todo en ventajas operacionales en la zona del Mar Negro, Hitler piensa más en el petróleo del Cáucaso: capturarlo, trabajar en sus campos y transportarlo... por el Mar Negro y el Mediterráneo... Y más: lograr una gran victoria sobre los británicos en junio, con la conquista de Egipto y el cierre del Mediterráneo ya es una expectativa atrayente de por sí.

 Los asesores se hacen cargo de la labor de estudio de la propuesta mientras Hitler se sigue dedicando a otras cuestiones, aunque él no suele olvidar nada.

  El 10 de enero de 1942 se presentan ante Hitler el jefe de Operaciones del ejército alemán, el general Jodl, y el máximo responsable de la Marina alemana (Kriegsmarine), el almirante Raeder. Ambos ya fueron partidarios en 1940, tras la victoria en Francia, de una estrategia mediterránea para derrotar definitivamente a los británicos antes de comenzar el ataque a Rusia. Ellos consideran ahora que la sugerencia de Manstein es viable: realizando un esfuerzo de organización pueden enviarse a Rommel otras tres divisiones móviles (lo que doblaría su fuerza) más los vehículos y suministros adicionales para una ofensiva que permita la conquista de Egipto… aunque previamente es preciso que el ejército germanoitaliano de Rommel recupere algunas de las posiciones perdidas el mes anterior: por lo menos, se necesita el puerto libio de Bengasi para poder organizar desde allí el ataque hasta el canal de Suez, a unos mil kilómetros de distancia: mientras más al este se encuentre el punto de partida del ataque de Rommel, más factible será el avance hasta el objetivo final.

  En cuanto a la actitud de España (cierre de Gibraltar) y Turquía (apertura de los Dardanelos), esto depende de factores políticos... pero Hitler sabe perfectamente que los factores políticos dependen sobre todo de la capacidad militar para intimidar a los tibios y dudosos: la victoria militar arrastra siempre los éxitos políticos.

  También se han manifestado opiniones en contra. El envío de las tres divisiones a África debilitaría la capacidad ofensiva alemana en Rusia, al menos durante la primavera. Particularmente por esa época tendría que incorporarse la poderosa y recién formada 23 división Panzer, con sus tanques nuevos, la más valiosa de las tres formaciones disponibles para la nueva operación. Incluso con ella, nadie puede asegurar que se alcancen los objetivos en el Norte de África y que la flota italiana entre en el Mar Negro al comienzo del verano, ¿valdría la pena, entonces, privar de esta magnífica unidad al prioritario frente ruso? Hitler desdeña tal objeción: siempre se ha de correr algún riesgo, y en este caso le parece menor que en otras ocasiones. Tratará de sacar de otra parte una fuerza defensiva que compense la falta de estas tres divisiones ofensivas. En todo caso, procurará lanzar un ataque previo en Rusia durante la primavera. Hitler confía en que durante el invierno se paren todos los golpes en el frente oriental, pero después necesitará un ataque victorioso, con o sin una fuerza de sustitución equivalente a la 23 Panzer.

  De momento, se pide a Rommel que envíe con urgencia algunos oficiales del Afrika Korps para que asesoren a los oficiales de Estado Mayor en Rastenburg. Los oficiales alemanes procedentes del Norte de África llegarán el 14 de enero.

  Las piezas van comenzando a encajar: los oficiales de Rommel informan de que, gracias a los nuevos suministros recibidos, el ejército germanoitaliano está preparándose ya para contraatacar y recuperar las posiciones perdidas al este de Libia. Hitler es claro: Rommel debe recuperar cuanto antes el puerto de Bengasi y avanzar todo lo hacia el este que le sea posible para contar con un punto de partida lo suficientemente avanzado que haga posible conquistar Egipto en junio de 1942.

   El día 18 de enero los oficiales vuelven a África, mientras que en Alemania los del Estado Mayor del Ejército (Heer) y Marina (Kriegsmarine) siguen haciendo la primera planificación del proyecto que ya ha comenzado a ilusionar a Hitler: le permitiría conseguir una resonante victoria al principio del verano (la derrota de los británicos, la conquista de Egipto, el cierre del Mediterráneo y la adhesión de España al Eje), mucho antes de que los norteamericanos sean capaces de realizar cualquier aportación de valor a la guerra y a tiempo para la definitiva contraofensiva en Rusia que, según parece, sería particularmente exitosa gracias al dominio del Mar Negro. Este plan estaría en sintonía con el informe del OKW (alto mando del ejército alemán) del 14 de diciembre de 1941 (pocos días después de la entrada en la guerra de los Estados Unidos) que instaba a que Alemania crease un “bloque defensivo europeo”, desde Gibraltar hasta el Golfo Pérsico, dentro del cual el Eje dispondría de los recursos económicos suficientes para afrontar con éxito una larga guerra de desgaste. Además, los oficiales han encontrado otro valioso informe del mando militar, con fecha de marzo de 1941, en el que ya se advertía de que las dificultades logísticas para el transporte del petróleo del Cáucaso, en caso de ser capturado por las fuerzas alemanas, requerirían abrir las comunicaciones marítimas entre el Mar Negro y el Mediterráneo.

  Existe, sin embargo, un problema de negociaciones diplomáticas: es precisa la plena cooperación de Italia, y también han de darse pasos con respecto, sobre todo, a la actitud de España y Turquía.

  El día 20 de enero, Rommel, entusiasmado por las noticias que le llegan de Alemania, comunica a Hitler que al día siguiente emprenderá su ofensiva y espera recuperar, cuando menos, el puerto de Bengasi en una o dos semanas.

  Hitler ya no duda y da la orden de que empiecen a moverse hacia los puertos de Italia las tres divisiones móviles alemanas que se encuentran en Francia preparándose para entrar en combate en el Este a partir de la primavera. Ya están disponibles las dos divisiones blindadas (Panzerdivisionen) recientemente creadas (22 PzD y 23 PzD) y la 28 división Ligera (infantería) que se encuentra reponiéndose de los duros combates librados en Rusia. El conjunto de la nueva operación (de implicaciones gigantescas en todos los frentes de guerra y a nivel político) recibe el nombre de "Ardenas", en alusión a la anterior iniciativa de Manstein en 1940, que llevó a la conquista de Francia.

  Hitler se inquieta un tanto al reflexionar sobre el envío a África de dos de las tres divisiones blindadas creadas durante el invierno y que se planeaba enviar a Rusia, ¿no debilitará esto demasiado la capacidad ofensiva del Ostheer para la primavera y el verano próximos? El general Jodl asegura que no. La 22 Panzer es una división equipada con tanques de poco valor ofensivo, y en cuanto a la 23, la desventaja ofensiva transitoria que supondría que no estuviese en Rusia a partir de mayo se compensará sobradamente, primero, con la movilización para funciones ofensivas de otra división Panzer destinada inicialmente a tareas defensivas (que, a su vez, sería sustituida por más divisiones de infantería) y, segundo, y de acuerdo con el plan esbozado por el mismo Manstein, con el impacto ofensivo que haría la entrada de la flota italiana en el Mar Negro a partir de junio. Para que este efecto fuese mayor sería oportuno poner en marcha la formación de una fuerza anfibia que desembarque en el Mar Negro nada más que entre la flota, antes de que los soviéticos tengan tiempo de organizar su propia defensa costera. Podrían utilizarse en buena parte algunos de los planes que se han estado elaborando para la invasión de Malta, invasión que el cierre del Mediterráneo hará innecesaria.

   El siguiente paso es convocar una reunión urgente con Mussolini, sin cuya cooperación no puede alcanzarse el éxito en el Mediterráneo. La reunión queda fijada para el día 24 de enero.

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  A mediados de diciembre de 1941 la segunda guerra mundial dio un giro inesperado: la gran contraofensiva rusa ante Moscú (que se extendió a todos los frentes de Rusia), la derrota de Rommel en el Norte de África (ofensiva británica "Operación Crusader") y la entrada de Estados Unidos en la guerra ya fueron interpretadas entonces como indicativas de que la guerra no podía ser ganada por Hitler (un planteamiento que el historiador Richard Overy consideró "simplista"). Incluso el ministro de armamento alemán, Todt, comunicó a su Führer la opinión de que la capacidad industrial del enemigo haría imposible una victoria militar. El informe del OKW (alto mando militar alemán) del 14 de diciembre indicaba que la mejor posibilidad era que Alemania reuniese los suficientes recursos industriales dentro de un "bloque defensivo europeo".

  En la realidad, Hitler hizo poco o nada a este respecto. Planeó la ofensiva de verano de 1942 ("Fall Blau") con el objeto de apoderarse de las riquezas de materias primas en las regiones del Mar Negro (trigo, carbón, petróleo)  pero, asombrosamente, no tuvo en cuenta el tremendo problema logístico de desplazar las tropas alemanas desde el este de Ucrania hasta el lejano Cáucaso donde, aparte de largas distancias y malas carreteras, se encontraba el formidable obstáculo de la cordillera del mismo nombre (ni mucho menos tuvo en cuenta los inconvenientes logísticos para el transporte del petróleo que se esperaba capturar de los que informaba el general Hanneken en marzo de 1941). A nadie se le ocurrió que una victoria en el Mediterráneo hubiera permitido la invasión del Mar Negro por la flota italiana dando con ello un vuelco total a la cuestión logística en el frente ruso. De esa forma, las dos realidades del frente ruso y el africano compusieron un "juego de suma cero", en el cual cada recurso que se enviaba a África debilitaba el esfuerzo en Rusia y viceversa. 

  El absurdo de esta situación queda especialmente claro en el frente de Crimea, ya que por la conquista de esta península se sacrificaron miles de soldados alemanes y rumanos del 11 Armee a las órdenes de Manstein: con la invasión del Mar Negro, la península, casi una isla, hubiera podido ser capturada mediante el mero bloqueo naval, y esos recursos sobrantes habrían podido permitir la conquista de Egipto por Rommel, y con ello el Mediterráneo entero (con las inevitables repercusiones políticas de un éxito semejante, comparable a la conquista de Francia en 1940).

  Tanto en la realidad como en este relato ficticio, el día 21 de enero de 1942 Rommel emprendió una contraofensiva en Cirenaica que le permitió reconquistar, en efecto, el puerto de Bengasi el día 29. El día 2 de febrero las tropas alemanas se detuvieron en la línea de Gazala, a mitad de camino entre los puertos de Derna y Tobruk, y a unos 800 kilómetros del Delta del Nilo. En la realidad, el éxito pudo conseguirse no sólo gracias a la mejora en la llegada de suministros y a la habilidad del general Rommel y sus hombres, sino también debido a la necesidad que tenían los británicos de enviar recursos de todo tipo al Océano Índico, amenazado entonces por las ofensivas japonesas (el 15 de febrero de 1942 los japoneses conquistarían Singapur, haciendo ochenta mil prisioneros a las fuerzas del Imperio británico: la India y Australia quedaban entonces amenazadas). Este periodo de debilidad y confusión entre las tropas británicas en Oriente (Próximo y Lejano) no fue aprovechado por el enemigo europeo. Y a partir de la segunda mitad de 1942, los recursos angloamericanos ya determinarían la superioridad en la zona del Mediterráneo.



                                               Hitler y el general Manstein