determinismo

El determinismo pretende mostrar que los sucesos históricos a gran escala no pueden salirse de un curso específico que apunta en un sentido igualmente específico: el Imperio Romano había de disolverse, la sociedad industrial había de nacer en Inglaterra, el Imperio Chino había de anquilosarse. Estos hechos obedecen a causas, e investigar estas causas necesarias podría incluso proporcionarnos enseñanzas prácticas a la hora de afrontar un futuro que se regirá igualmente por causas necesarias. Aquí no se pretende negar cierto determinismo. Muy al contrario, la doctrina nazi estaba condenada, como el comunismo soviético, a acabar siendo barrida del curso histórico (aunque recordemos que la debacle del comunismo soviético al final del siglo XX no fue prevista por nadie) y todo parece indicar que sí existe un curso de desarrollo histórico que apunta a la instauración gradual de mayores controles de la violencia social que permitan una cooperación humana más eficiente para el beneficio del mayor número posible de individuos. Evidentemente, la ideología nazi cumplía estos requisitos todavía menos que el marxismo soviético ya que, al basarse en una doctrina racial, la mayor parte de la humanidad habría debido de verse necesariamente perjudicada por el dominio de la supuesta raza superior. Pero donde el determinismo histórico sí se equivoca lastimosamente es en el tratamiento mítico dado a la Segunda Guerra Mundial con posterioridad a 1945. No solo en obras de ficción escritas o audiovisuales, sino también en libros de historia, se nos muestra el resultado final de la guerra –la dramática derrota de Hitler y sus aliados japoneses- como una especie de western, donde los buenos derrotan a los malos gracias a su habilidad con las armas. Es como si pretendiesen tranquilizarnos demostrándonos que los malvados, por serlo tanto, están incapacitados para ganar las guerras. Se nos pretende convencer de esto arguyendo complicados razonamientos sobre economía, política u organización administrativa. Esto es absurdo. Hitler pudo ganar. Pudo ganar incluso cuando ya estaba en guerra, a la vez, contra la Unión Soviética, los Estados Unidos y el Imperio Británico, y, de hecho, es sorprendente que no ganara. Una sociedad totalitaria y militarista como la de la Alemania nazi poseía los medios suficientes para alcanzar ese triunfo y, si no fue así, se debió única y exclusivamente a la pura casualidad de que un solo hombre no tomó en un determinado momento una sola y lógica decisión; esta decisión habría sido de tipo meramente militar, estratégico, en absoluto afectada por la ideología ni por las condiciones económicas y sociales. El nazismo, por supuesto, hubiera acabado fracasando, pero no tal como sucedió en realidad, al cabo de una especie de gran espectáculo bélico en el cual los justos vencieron a los malvados. El bien se impone al mal, sí, muy probablemente, pero la guerra es un terreno para el cual el mal, a veces, está mejor cualificado. Es un hecho que, de todas formas, fue la Unión Soviética, un régimen tan totalitario y casi tan maligno como el III Reich, quien acabó derrotando a la Alemania nazi (y aquí no es el lugar para discutir si hubieran podido hacerlo sin ayuda). El relato que extensamente se presenta en este espacio comienza, pues, con la toma por Hitler de una sola decisión concerniente a una determinada iniciativa estratégica de tipo militar (esencialmente, cerrar el Mediterráneo con el fin de que la flota italiana entre en el Mar Negro). Es conveniente seguir el relato desde el principio con ayuda del Índice, y para su comprensión más exacta es preciso informarse lo mejor posible acerca de los sucesos de la historia militar de la guerra. Se acompañan los episodios de una Cronología, donde se diferencia lo real de lo ficticio, y se aportan algunos links útiles (la Wikipedia es muy completa y contiene pocos errores). La historia militar abarca cuestiones sociales, políticas y económicas (incluso geográficas), así que puede resultar también instructivo en muchos otros aspectos. Cuenta, asimismo, con un componente lúdico… y este mismo componente lúdico conlleva las correspondientes implicaciones psicológicas y sociales.

martes, 8 de abril de 2014

14. Hitler en Barcelona

  Tras la pérdida de las islas Canarias a finales de noviembre de 1942, Franco está furioso. El mariscal Albert Kesselring, el hombre de Hitler en Madrid (cuyo poder es muy superior al del embajador Stöhrer, pues incluye el mando militar de las fuerzas alemanas que operan en España, Portugal y Marruecos), le había garantizado que, en el peor de los casos (si los aliados lograban desembarcar), sería suficiente con que las tropas españolas resistieran durante al menos diez días para que entonces la Luftwaffe y la Kriegsmarine se encargaran de obligar a las fuerzas aliadas a retirarse.

  Pero el desembarco se ha producido el día 8 de noviembre, los aliados no han tomado la ciudad de Las Palmas hasta el día 18, y ni siquiera entonces ha cesado la resistencia española y alemana en las montañas del interior de la isla de Gran Canaria. Nada de eso ha impedido que las playas al este de la isla rebosen de tropas y suministros aliados, incluidos docenas de tanques americanos medios y ligeros contra los cuales las tropas germano-españolas no disponen de armas adecuadas, pues no se proveyó de ellas durante la preparación de la defensa. Muchos buques aliados han recibido impactos por parte de la Luftwaffe y alguno se ha hundido, pero han mantenido la cabeza de puente y su potencia de fuego y superioridad numérica han logrado vencer a los veinte mil defensores españoles y alemanes. La fuerza aeronaval alemana no ha cumplido su compromiso de alejar a los invasores de las costas españolas en Canarias.

  El día 18 de noviembre, cuando los aliados anuncian que han capturado la ciudad y el puerto de Las Palmas de Gran Canaria, Hitler está en Berchtesgaden, después de haber permanecido en Ucrania hasta finales de octubre. Las noticias de las Canarias le irritan. Él también considera que Kesselring no ha dirigido bien la defensa de las islas, aunque estuvo de acuerdo en que la flota alemana (incluyendo a los acorazados "Scharnhorst" y "Gneisenau") no saliera a enfrentarse a los navíos británicos y americanos, muy superiores. Antes de escapar de la ciudad de Las Palmas para evitar quedar copados, los informes de los dos generales del Eje que han dirigido la defensa, el alemán Von Broich y el español Serrador, parecen confirmar que los soldados han hecho un buen trabajo, incluso heroico. El error estuvo en la falta de material de guerra eficaz (sobre todo de armas pesadas) y en que la Luftwaffe no logró alejar a la flota enemiga de la costa, subestimándose el poder aeronaval aliado. Por encima de todo, lo que irrita a Hitler no es tanto haber perdido una buena posición estratégica en el Atlántico, sino la destrucción de un regimiento completo de paracaidistas alemanes. La rendición de los restos que quedan en el interior es inminente, y hasta ahora los angloamericanos no habían logrado hacer tan gran número de prisioneros alemanes (se calcula que unos tres mil), salvo quizá en la batalla “Crusader”, a finales del año anterior, en Libia, donde fue capturado un número parecido o algo mayor de soldados alemanes no de élite (victoria que también dependió de la superioridad aeronaval aliada, pues Rommel se quedó sin suministros suficientes procedentes de Italia).

  Independientemente de esto, Hitler acepta la solicitud de Kesselring de enviar tropas al sur de Marruecos, para defender, por lo menos, los aeródromos de Cabo Juby (Villa Bens) e Ifni, que están aproximadamente a la misma latitud que las Canarias... El general Jodl señala que se trataría de enviar la división Hermann Goering, que cuenta con un contingente de blindados, y la 15 división de infantería, que en el momento presente ocupa Lisboa (otra división alemana, también procedente de la desmovilización del suroeste francés, podría sustituir a la 15 ID en la capital portuguesa).




  La misma noche del día que toma esta decisión (el 19 de noviembre de 1942), antes de irse a dormir, Hitler es informado de que se ha producido un fuerte contraataque ruso al norte de Stalingrado, en el flanco defendido por el tercer ejército rumano.

  En los días siguientes, la crisis de Stalingrado atraerá casi toda la atención del Führer, distrayéndolo de las cuestiones de Occidente. El día 22 de noviembre se ha completado el cerco al 6 Armee en Stalingrado, el mariscal Manstein ha recibido el mando del grupo de ejércitos en la zona, y se ha ordenado el envío inmediato de todas las reservas blindadas desde Francia al Mar Negro para romper el cerco. Hitler, precipitadamente, abandona Berchtesgaden y toma de nuevo el mando militar directo en Rastenburg, en la Wolfschanze.

  Es en este contexto cuando vuelve a recibir informaciones de lo que está sucediendo en el lejano Occidente: el 28 de noviembre los norteamericanos y británicos han desembarcado en Dakar y capturado la plaza a los franceses. Esa misma noche, por fin, el gobierno de Paris declara la guerra a los aliados occidentales, además de a los soviéticos, contra quienes llevaban ya varios meses siendo beligerantes.

   Ahora, al menos, la Luftwaffe puede utilizar también los aeródromos franceses de Marruecos y los mismos aviones y buques franceses combatirán del lado de los del Eje. Los exhaustos batallones de paracaidistas alemanes se rinden entonces en sus últimas posiciones en el interior de la isla de Gran Canaria, incapaces de seguir enfrentándose al fuego de las armas pesadas enemigas y a sus bombardeos aéreos. El general Von Broich, herido, es hecho prisionero.

  El siguiente informe de Kesselring, que es leído por Hitler el 1 de diciembre de 1942, solicita una decisión urgente sobre la situación española. Los aliados ya tienen todas las islas Canarias, Dakar y el Sahara Occidental. Para colmo, se han producido ataques partisanos de elementos antifranquistas en el interior de España y, lo que es todavía peor, acciones partisanas en Portugal que parecen obra de militares portugueses que han abandonado los cuarteles con sus armas: los enemigos de Franco y el Eje han cobrado aliento con la victoria aliada en las islas Canarias. Es preciso, por tanto, tomar medidas políticas que satisfagan al gobierno español, que no se siente bien defendido por Alemania. Kesselring propone lo siguiente: la anexión de Portugal (y sus inmensas colonias) como compensación política a España por la pérdida de las Canarias (a cuya reconquista debe comprometerse públicamente Alemania de todas maneras), el envío de algunas de las tropas alemanas disponibles (serían parte de las desmovilizadas en el suroeste de Francia gracias al despliegue del nuevo ejército francés en el Atlántico) para defender el dominio del Eje en Portugal y en el Estrecho y, finalmente, lograr la independencia de Marruecos (algo que españoles y franceses habrían de respaldar) como mayor garantía para la defensa de la zona y en la línea, por supuesto, de la política nazi promusulmana, que está ya dando buenos réditos en otros escenarios bélicos.

   Kesselring no está tan interesado en proteger la gloria y seguridad de España como en incrementar el poder militar de Eje en un momento en el que el frente ruso exige la concentración en tan fríos y hostiles parajes de lo mejor de la Wehrmacht. Por eso es preciso aprovechar la gran popularidad del nazismo entre los pueblos musulmanes después de lo que se considera la liberación de Egipto y de algunos de los pueblos islámicos sometidos a la URSS. Los españoles, por su parte, aceptarían renunciar a su recientemente ampliado Protectorado en Marruecos si a cambio obligan a los franceses a renunciar al suyo, si el nuevo Marruecos independiente respeta los intereses económicos de España (y de Francia) y si España recibe Portugal, todas sus colonias, y algún territorio más en África subsahariana una vez ganada la guerra. Marruecos ya no importaría mucho a los españoles si se dieran unas condiciones semejantes. Por encima de todo, Franco quiere recuperar los cincuenta mil soldados perdidos en Canarias (en realidad, treinta mil soldados del ejército español regular, siendo los demás mercenarios marroquíes y milicianos irregulares de las islas) y para ello quiere reclutar cincuenta mil portugueses, enviar otros cien mil a trabajar a Alemania, así como seguir ejerciendo un control efectivo sobre el ejército de Marruecos en su totalidad (es decir, incluyendo también a los marroquíes que en el presente están a las órdenes de Francia). El único militar marroquí con grado de general es Mohamed Mizziam, que pertenece al ejército español. Mizziam recibiría el mando supremo al servicio del sultán, pero de acuerdo también con los intereses generales del Eje.
                                                 El sultán marroquí Mohamed V


   Kesselring propone una conferencia internacional al más alto nivel, a celebrar en Barcelona, para tratar en ella del reparto efectivo del continente africano, desde Marruecos a Ciudad del Cabo. Se buscaría satisfacer a todas las partes de acuerdo con su capacidad para contribuir a la victoria común. Sería, además, una buena oportunidad para que Hitler y Petain volviesen a encontrarse: es preciso sacar el mayor partido posible de la nueva beligerancia francesa contra los angloamericanos.

  Hitler, distraído por la crisis de Stalingrado, pero necesitado como está de la ayuda de todas las naciones del Eje, acepta la propuesta el día 3 de diciembre. No le apetece alejarse del puesto de mando, pues no se fía de sus generales, pero al mismo tiempo tiene confianza en el rápido envío de los refuerzos de sus tropas blindadas de élite desde Francia a Rusia por la vía marítima a fin de resolver la situación. Aunque se siente tentado de mandar a Goering en su lugar, el no ir a Barcelona podría interpretarse, precisamente, como que la situación en el Este es demasiado alarmante.

  Así que al mediodía del 4 de diciembre de 1942 Hitler despega de Rastenburg. El avión lo lleva hasta Stuttgart, donde hace una escala técnica. Hitler conoce entonces que el convoy que transporta la 7 división Panzer hacia el Mar Negro ya ha zarpado del sur de Francia con una escolta de destructores alemanes para caso de que ataque alguno de los submarinos británicos que quedan en el Mediterráneo. Eso supone un alivio. Petain le había prometido que en los grandes puertos de Marsella y Tolon se apresuraría la operación de carga todo lo posible, y parece que se ha cumplido (no hay que olvidar, por lo demás, que dentro de la “bolsa” de Stalingrado se encuentra también cercada la división motorizada francesa de voluntarios "Mariscal Petain"). Unidades navales italianas, francesas y rumanas utilizarán su artillería para la defensa de los puertos del Mar Negro en caso de que se acepte el repliegue hasta ellos para acortar el frente y así enviar más refuerzos desde el Cáucaso a la lucha en torno a Stalingrado. De momento, la retirada parcial del Cáucaso no permite aún a los rusos alcanzar las costas del Mar Negro. Pero esto llegará a suceder si sigue siendo preciso trasladar más recursos alemanes a la zona de mayor importancia estratégica.

    De Stuttgart a Barcelona, Hitler sobrevuela Francia y llega a la ciudad española del Mediterráneo al mediodía del día 6 de diciembre. Allí le están esperando ya en el Palacio de Montjuic. La apacible ciudad comercial está tomada por tropas españolas y agentes alemanes.

  En el automóvil que lo recoge del aeropuerto, Kesselring informa al Führer de los acuerdos alcanzados: Francia, el socio más difícil, no pone pegas, aceptando la independencia de Marruecos y Túnez, e implícitamente, para cuando acabe la guerra, de la misma Argelia (¿tal vez no todo su territorio?), siempre y cuando se preserven los intereses económicos franceses en Marruecos -algo que Hitler sabe que siempre será negociable y un arma política a disposición de Alemania, el "padrino" de los nacionalistas musulmanes-. Como compensación territorial piden la rica Rhodesia del Sur para reinstalar a los propietarios de tierras franceses, aparte de otros territorios británicos de menor valor (aunque extensísimos, como Nigeria). Los españoles, por su parte, recibirán Rhodesia del Norte para unir los grandes territorios coloniales portugueses (que ahora serán también españoles) de Angola y Mozambique.

    Hitler, tras los saludos de rigor a Franco, Petain y Mussolini, pide unos minutos para encerrarse en una sala de mapas. Allí están Kesselring y Ribbentrop. Le enseñan el mapa de África.



   En ese momento, por supuesto, toda África al sur del Sahara está en manos del enemigo, pero ese pequeño inconveniente se resolverá en un par de años, a más tardar (está claro que Estados Unidos en cualquier caso habrá de pedir la paz no más tarde del año electoral de 1944). España tendrá el Camerún (para agrandar su pequeña colonia en el golfo de Guinea), las posesiones portuguesas y Rhodesia del Norte. Por supuesto, también recuperará las Canarias con el fin de la guerra (se omite una promesa similar sobre las islas portuguesas). Italia ampliará enormemente su Imperio en África Oriental y, aparte, tendrá un territorio en el Atlántico (Sierra Leona). Los franceses aceptan la pérdida de su imperio norteafricano (aunque señalan la necesidad de preservar una parte del territorio argelino), pero a cambio recuperan todas sus posesiones al sur del Sahara y las incrementan con casi todas las que eran de los ingleses, excepto aquellas que eran alemanas antes de la guerra anterior y que volverían a Alemania (con la salvedad de Camerún, que pasa a España), y casi todo el Congo belga (se dejarían algunos territorios para Bélgica-Valonia y para Alemania). En total, las anexiones francesas en África serán el gran territorio de Nigeria, el pequeño territorio de Gambia, el territorio de la Costa de Oro (todos en África Occidental), más los territorios de África central de Rhodesia del Sur, Bechuanalandia, Nyassalandia y Swazilandia. Alemania también recibirá Liberia, una posesión de gran valor estratégico que permitiría controlar el Atlántico central. Sudáfrica será aliada de Alemania, tal vez incluso anexionada (Hitler ambiciona para el Reich al millón de sudafricanos de raza aria).


  El reparto de África en esta historia alternativa, según el hipotético tratado de Barcelona del 7 de diciembre de 1942. En color rojo, el imperio colonial francés (de un tamaño parecido al de antes de la guerra); al norte, los nuevos estados árabes y musulmanes aliados del Eje; en amarillo, las posesiones italianas; en azul las españolas y en gris las alemanas. En violeta lo que podría ser un pequeño imperio para la Bélgica no anexionada al Reich alemán. Sudáfrica sería independiente.


  Es un buen trato para todos los imperialistas, tal como se les había prometido, y se firma solemnemente el día 7 de diciembre de 1942, aunque por diversos motivos se acuerda esperar unos días a hacerlo público en todos los detalles. Después, Hitler se reunirá de nuevo con los mandatarios y, en todo momento en que tiene ocasión, solicitará más noticias sobre la crisis militar en Stalingrado: éstas no resultan malas, ya que, aparte del convoy que transporta la 7 Panzer, la 10 Panzer está también concentrándose en el gran puerto de Marsella para ser embarcada en el siguiente convoy y a la zona de combate están llegando valiosas divisiones desplazadas del Cáucaso: no importa mucho que se ceda terreno en la región de Georgia siempre y cuando se conserven los puertos. Hitler señala que sobre todo es importante mantener la frontera con los turcos en Batumi. Se le dice que allí precisamente se situará la división de voluntarios turcomanos al mando de Nuri Pashá (Nuri Killigil), formada por turcos y por ex prisioneros soviéticos de origen turcomano: de ese modo habrá turcos a un lado y otro de la antigua frontera. El "Prinz Eugen" y un acorazado italiano aportarán su potente artillería naval en la defensa.

   En lo referente a Occidente, a nivel militar, se ponen en marcha los movimientos de tropas. Para satisfacer a Franco, se da el mando de las fuerzas del Eje al sur de Marruecos (“Ejército de Marruecos”) al general español Yagüe, un veterano competente (el mismo que ocupó Fez a los franceses en junio). A su mando quedan tres divisiones españolas, con soldados españoles y marroquíes. A mediados de diciembre, la llegada de la división motorizada “Hermann Goering” y la 15 división alemana de infantería cambiarán por completo el escenario (una tercera división alemana está en camino). En total, se calcula que a mediados de enero de 1943 (no es creíble que los aliados puedan organizar algo de envergadura antes de esa fecha) el “Ejército de Marruecos” al mando de Yagüe contará con tres divisiones alemanas (incluida la “Hermann Goering”), tres divisiones españolas y otras tres marroquíes (una, por lo menos, con mandos franceses y tropas procedentes del ejército colonial francés). Así, los aliados nunca conquistarán los aeródromos del sur de Marruecos, esenciales para la recuperación de las Canarias más adelante. Divisiones españolas y marroquíes (tanto procedentes del ejército colonial español como del francés) se encargarán de la defensa costera de Marruecos y de la defensa del Estrecho para el improbable caso de que los aliados intenten otro desembarco en esa zona.

  Considerando el poco valor que Hitler da al ejército angloamericano cuando no puede utilizar su superioridad aeronaval para cortar los suministros del enemigo (y ya no se daría esa posibilidad), nueve divisiones para contenerlos le parecen incluso muchas, pero, en todo caso, solo se trataría de tres divisiones alemanas. Y la noticia de que Hitler ha dado la independencia a otras dos naciones musulmanas (Marruecos y Túnez) le favorecerá en el Este, donde quiere seguir contando con el apoyo de los musulmanes antirrusos del Cáucaso y Asia Central.

  Con Franco, Hitler aprovecha para abordar los temas económicos: el saqueo de Portugal debe hacerse de forma eficiente, sin agotar los recursos del país anexionado. Quiere por lo menos cien mil trabajadores portugueses para las fábricas alemanas antes de que acabe el año. Y exige que la agricultura española y portuguesa rindan: no deben quedar tierras sin cultivar y deben aplicarse los castigos más severos al mercado negro. Algo más: aparte de enviar, si es posible, otros cien mil obreros españoles para el primer trimestre de 1943, Speer tiene grandes planes para las fábricas de la misma Barcelona y otros puntos de España, más abundantes contratos para producir material de guerra en otros puntos del Mediterráneo. Franco, por su parte, se acuerda de solicitar fertilizantes del norte de África, y tal vez braceros marroquíes para el campo andaluz. Se interesa por el desempeño de la división española de montaña en el Cáucaso. Hitler le manifiesta que es tanta su confianza en ella que ha sido trasladada desde el 12 Armee, cerca de la frontera con Turquía, a la misma zona de Stalingrado, donde se están dando fuertes combates.

  Después, Petain: el anciano mariscal ha aceptado el fin del Protectorado en Marruecos y Túnez, y no solicita garantías para Argelia al fin de la guerra (la exigencia de la partición del territorio argelino entre cristianos y musulmanes parece más bien formularia y pone más interés en apoderarse a cambio de los enormes territorios británicos de Nigeria y Rhodesia del sur), pero sorprende a Hitler con otra exigencia: quiere que acaben las cortapisas al proyecto francés de crear un ejército colonial de diez divisiones en Argelia de tipo “Legión Extranjera”. Sería un ejército de voluntarios (en la Francia de Petain, ningún joven recluta será forzado a luchar en algo que no sea la mera defensa del suelo patrio) de unos doscientos mil a trescientos mil hombres, de los cuales la mitad procederían de otras naciones europeas. Petain quiere rusos e incluso polacos, es decir, soldados que no aceptarían luchar con los alemanes, pero sí con los franceses. Aconsejado por Kesselring, Hitler se muestra de acuerdo, pero pone como condición que estos hombres, muchos de ellos ex prisioneros soviéticos, pasen controles de seguridad alemanes: no quiere ni comunistas ni judíos entre ellos (ni polacos ni checos tampoco). Esto es aceptado. Una estimación de los franceses (al anciano mariscal lo acompañan el almirante Darlan y el general Juin) considera que, de los doscientos mil hombres requeridos para el nuevo ejército colonial (ya sin marroquíes ni tunecinos), de cuarenta a cincuenta mil serían ex prisioneros soviéticos, no más. Los seleccionarán de entre aquellos con mayor experiencia militar.  A nivel económico, hay buena sintonía entre Albert Speer y el ministro francés Bichelonne: la industria francesa se relanzará en colaboración con el esfuerzo militar alemán y llevando a cabo el rearme de su propio nuevo ejército. Las materias primas para ello están también en camino (petróleo, especialmente), procedentes, en su mayoría, de las tierras en torno al Mar Negro.

  Con Mussolini, todo es más sosegado, aunque Hitler está muy harto de la reunión y de la codicia de sus aliados latinos. Al final de la conferencia, el Führer se quedará a descansar y a mantener alguna reunión más distendida el día 7, después de la firma del acuerdo a mediodía. Renunciará a una visita turística y el día 8 de diciembre por la noche saldrá de Barcelona. El día 10 de diciembre, por la noche, está de nuevo en el centro de mando en Rastenburg, muy cansado pero ansioso de noticias.

  El general Zeitzler, jefe del Estado Mayor del Ejército alemán, que coordina los esfuerzos para auxiliar al 6 Armee en Stalingrado, ha trabajado bien –y más relajado con Hitler fuera. El convoy con la 7 Panzer está ya dentro del Mar Negro y el de la 10 Panzer acaba de zarpar también desde Francia con el mismo destino. Todos los demás movimientos se están produciendo a buen ritmo. Desde Rusia, el mariscal Manstein asegura que se romperá el cerco una vez se ponga en marcha la ofensiva de rescate que recibe el nombre de “Tormenta de Invierno”. La resistencia rusa sigue siendo importante y ya se hace evidente que el 6 Armee, con trescientos mil hombres, no puede abastecerse solo mediante un puente aéreo, por lo que la ruptura del cerco es imprescindible para evitar un desastre que, de darse, sería algo sin precedentes en la historia de las armas alemanas.

   En el otro extremo de Europa, con la salida de la división alemana número 15 de Portugal hacia Marruecos no disminuye la presencia nazi en este país, ya que se mantienen las 327, 708 y 715, también desmovilizadas de Francia. España se anexiona Portugal oficialmente el 16 de diciembre de 1942, fecha que a partir de entonces será jornada festiva: día de la unidad nacional.

  Los acontecimientos que han llevado a esta situación son posteriores al encuentro entre el Caudillo y el Führer en Barcelona: con el apoyo alemán, puede cumplirse el sueño de la reunificación peninsular (sueño que a la inmensa mayoría de españoles había pasado desapercibido hasta entonces), y es solo cuestión de días su anuncio público, pero antes Franco quiere conseguir la mayor colaboración –o resignación- posible por parte de los portugueses, por eso se ha pospuesto unos días el anuncio de los detalles del acuerdo de Barcelona, en el cual las colonias portuguesas se asignaban a España.

  Nicolás Franco, embajador de España en Portugal, ve con esto frustradas sus esperanzas: el hermano del Caudillo hasta ese momento ha logrado una actitud conciliadora de los españoles a fin de que se mantenga un mínimo de independencia portuguesa. No ha participado en las reuniones de Barcelona y se encuentra con su hermano en Madrid a su regreso de la cumbre de líderes del Eje. Nicolás Franco le asegura al Caudillo que la anexión es rechazada por los siete millones de portugueses y que eso vuelve vulnerable toda la costa atlántica a un ataque británico que sería bien recibido por la población. Pero Franco está ahora más influenciado por su cuñado, Serrano, que, tras un momentáneo alejamiento del poder en la remodelación del gobierno de abril de 1942 (para no provocar demasiado pronto a los británicos), a finales de junio volvió al gobierno con un cargo equivalente al de Goebbels. Para Serrano, es imprescindible aprovechar la coyuntura a fin de alcanzar la unidad peninsular con el apoyo de Alemania. Menos sería indigno en el contexto de los nuevos tiempos imperiales que agitan Europa.

   A Nicolás Franco se le pide que vuelva a Lisboa y prepare en lo posible a Salazar, el primer ministro portugués: a él y al jefe de Estado portugués, general Carmona, se les ofrecerá, según consideren, la jefatura del Estado, del Gobierno o una vicepresidencia dentro del nuevo estado español unificado -se pueden dar diversas formas institucionales-, así como la capitalidad de toda España en Lisboa, el bilingüísmo y el cambio de la enseña nacional (según algo que planteó el fallecido líder fascista español, José Antonio: adoptar la antigua bandera de Aragón para toda la península). En todo caso, se concierta un encuentro entre ambos dictadores (Franco y Salazar) para el día 15 de diciembre, en la ciudad española de Ciudad Rodrigo, cerca de la frontera. Hay que darse prisa porque, entre otras cosas, los alemanes quieren anunciar la independencia de Marruecos cuanto antes y, de momento, de la reunión de Barcelona solo se han hecho públicas algunas vaguedades con respecto a los acuerdos a los que allí se ha llegado. Mussolini está también impaciente porque la prensa italiana muestre el mapa de los grandes territorios asignados al Imperio Fascista.

  Durante la entrevista en Ciudad Rodrigo, Franco no encuentra comprensión alguna por parte de Salazar, que no esperaba una anexión directa y brutal. Rechaza, por supuesto, la jefatura del nuevo Estado y anuncia que se le debe hacer prisionero de guerra. Salazar sabe que en diciembre de 1942 la situación no parece ya tan ventajosa para el Eje: los incidentes de guerrilla se están extendiendo por toda la península mientras que los aliados van avanzando por la costa africana occidental hacia el sur de Marruecos; también se producen bombardeos con aviones de largo alcance: Bilbao y Madrid son bombardeadas desde Inglaterra, y Cádiz y Sevilla desde Madeira; ni siquiera ha caído aún la fortaleza de Gibraltar en manos españolas; y en Rusia, el Ejército Rojo está contraatacando en medio de un gélido invierno; incluso Rommel está a la defensiva en Egipto (aunque ha recuperado algo del terreno perdido en los últimos días).


                                                              Salazar y Franco


  Así pues, Franco pone bajo arresto a Salazar (en lugar de convertirlo en jefe de Estado) y al día siguiente, 16 de diciembre de 1942, se anuncia la anexión: el gobierno de Portugal es disuelto y desarmado lo que queda de su ejército. Preventivamente, numerosos altos cargos portugueses son también arrestados y muchos más son cesados y enviados a sus casas, lo que desarticula gravemente toda la administración pública. El general Carmona, que tampoco acepta cooperar, es asimismo puesto bajo arresto domiciliario. España tendrá que buscar colaboracionistas portugueses en otra parte.

  El ejército español, pese a las pérdidas de Canarias y a que se constituyen tres divisiones del nuevo ejército marroquí a partir de las tropas marroquíes coloniales, cuenta ya con las cincuenta divisiones planeadas (aunque no completas en el número de tropa), de modo que la ocupación del todo el territorio es posible, sobre todo con la ayuda alemana.

  Franco entonces decreta que cuarenta mil jóvenes portugueses se incorporen forzosamente al ejército español para completar las recientes pérdidas, a falta del suficiente número de voluntarios (que solo son diez mil). Muchos soldados portugueses desertan y muchos reclutas no se presentan en los centros oficiales. Para colmo, Franco, apremiado por Hitler, tiene que reclutar asimismo a cien mil portugueses como trabajadores para Alemania, donde todavía no se ha compensado el valor como fuerza de trabajo del millón y pico de prisioneros franceses liberados en el mes de julio.

  A cargo de la ocupación de Portugal seguirá el general Dávila, un monárquico moderado, el único de los generales de Franco con un cargo de importancia que no es un decidido pro-nazi. Franco visita Lisboa el día 18 de diciembre de 1942, dos días después de decretada la anexión. Allí toma las disposiciones militares definitivas, tras escuchar las quejas de su hermano Nicolás que, como ya no existe embajada española, se ha quedado sin empleo diplomático, aunque, desde luego, acepta la situación y recibe la nueva tarea, nada fácil, de reconstruir la administración pública portuguesa reclutando el mayor número posible de colaboracionistas y distribuyendo a los nuevos altos cargos ocupantes, muchos de ellos españoles conocedores de la lengua gallega, parecida al portugués. De momento, los españoles encuentran un posible colaboracionista en el líder "nacional-sindicalista" Francisco Rolao Preto, un admirador de los fascismos con un historial de conspiraciones contra el salazarismo. Se le permite mantener su movimiento a un discreto nivel, a la espera de los nuevos acontecimientos, es decir, del curso de la guerra.

  Las decisiones militares de importancia se toman en el Palacio de Belem entre Franco, Dávila, Vigón (jefe del estado mayor y principal estratega de Franco) y, por supuesto, Albert Kesselring, que ya habla un español fluido, todos aceptando los prudentes y fundamentados consejos de Nicolás Franco. El principal problema en Portugal va a ser encontrar funcionarios colaboracionistas. Nadie quiere a los españoles, así que se les ha de convencer mediante un adecuado despliegue de fuerza. Dávila tiene a sus órdenes quince divisiones españolas en territorio portugués, nada menos. Las dos divisiones italianas que ocupan el sur de Portugal se van, pero quedan las tres alemanas. En total, dieciocho divisiones para mantener bajo control un país de siete millones de habitantes. Lo más importante es que se tenga en cuenta que España está respaldada por Alemania.

   Pero Portugal es una nación que mira al mar, hacia el Atlántico, y los dueños del Atlántico son los británicos, los viejos aliados de la independencia portuguesa. Solo la derrota británica puede hacer que los portugueses pierdan la esperanza de recuperar su condición de nación soberana.

   Franco abandona Lisboa el 21 de diciembre de 1942, para pasar la Navidad en Madrid. Esa mañana le llega un telegrama de Hitler con una buena noticia: el ejército alemán, con la colaboración de la división española de montañeses navarros, ha logrado romper el cerco al 6 Armee en Stalingrado.

Ooo

  Los cambios de alianzas y territorios mostrados en este episodio son por el estilo de las negociaciones políticas del siglo XVIII, pero tampoco son demasiado diferentes a las componendas entre Hitler, Mussolini y Stalin entre 1938 y 1940. También existen documentos españoles de la época que muestran que muchos dirigentes españoles -el ministro Beigbeder, como mínimo- consideraron conveniente la independencia de Marruecos…, siempre y cuando los españoles pudiesen intervenir decisivamente para su propio interés en el país en teoría independiente. Lo principal para los españoles era desplazar a los franceses. Por otra parte, los movimientos nacionalistas ya existían en la zona, y a Hitler le interesaba ganarse su apoyo en la guerra. Por eso, la única posibilidad de favorecer a los pueblos musulmanes de lo que hoy se llama “Tercer Mundo” sin perjudicar los intereses de España, Francia e Italia era, evidentemente, despojar a los británicos de todas sus posesiones territoriales en África y poner éstas a disposición de los aliados “latinos” de Hitler como compensaciones. Por supuesto, hay que tener en cuenta que el concepto racial alemán (bastante flexible y oportunista) podría ser adoptado por los árabes, bereberes y turcomanos, de manera que los pueblos negros al sur del Sahara fuesen considerados racialmente indignos de adherirse a la fe musulmana. No hemos de olvidar que fueron los árabes quienes comenzaron la esclavización sistemática de los pueblos negros.

  Con esta operación, Hitler no solo compensaría a España por la pérdida (“momentánea”) de las islas Canarias, sino que incorporaría al Eje un ejército marroquí de al menos diez divisiones (cuya capacidad ya había sido demostrada como ejército colonial español y francés), unos cuantos miles de reclutas portugueses y bastantes más trabajadores semi-forzosos de la misma nacionalidad. Teniendo en cuenta que por esta época Hitler ya se habría resignado a que la guerra durase hasta 1944, este tipo de recursos podían serle muy útiles militar, económica y políticamente.

  Para los angloamericanos, tras sus campañas de octubre y noviembre de 1942, tocaría ahora, en esta historia, la reorganización para las siguientes empresas militares. Sabemos, en base a lo sucedido en la realidad, que el gran ejército anglonorteamericano que desembarcó en noviembre de 1942 en Marruecos y Argelia necesitó más de cuatro meses para volverse realmente fuerte contra los recursos de alemanes e italianos (no sucedería hasta marzo de 1943), que encajaron humillantes reveses y que necesitaron ese tiempo incluso para establecer su superioridad aeronaval (¡a pesar del desastre alemán de Stalingrado y la gran victoria británica en El Alamein!). Además, en la realidad los franceses lucharon con los aliados. En esta historia, no habrá derrota en Stalingrado, no habrá forma de cortar las líneas de suministro del Eje (el Mediterráneo está cerrado), los franceses (marroquíes) luchan del lado del Eje, hay soldados españoles además de italianos y, encima, los aliados parten de malas bases logísticas que necesitarán expandir mediante duro trabajo y periodos de tiempo más o menos largos. En lugar de los puertos de Argelia, con sus carreteras y ferrocarriles, ahora tendrán que partir del desierto del Sahara o del Sudán.

  En cualquier caso, la conquista de las islas Canarias será una victoria aliada que debilitará la posición española, pero el apoyo alemán se mantendrá a la espera de nuevas victorias del Eje. El tiempo correrá a favor de los dueños de los recursos económicos en explotación: los de las materias primas del Mar Negro y la economía mediterránea.

 De esto también se especuló en 1940, tras la victoria en Francia, pero por entonces Hitler aún mantenía abierta la posibilidad de llegar a un arreglo con los británicos y, además, la región mediterránea entraba dentro de la esfera italiana de intereses. En la situación que se describe en este episodio de la historia alternativa, sin embargo, eso ya no sería viable: los italianos dependerían de los alemanes. y los británicos de los norteamericanos. El acuerdo para un fin negociado de la guerra solo se alcanzaría con los norteamericanos y para ello sería preciso demostrarles que la victoria no iba a ser posible, y que los británicos tendrían que ser los grandes perdedores.

   En cierto sentido, lo acordado en Barcelona en esta ficción, en diciembre de 1942, sería el equivalente al acuerdo de la “rendición incondicional” alcanzado en Casablanca en enero de 1943 por los aliados en la realidad. Una declaración de que ya no habría paso atrás, y en la que se abandona toda idea de llegar a un pacto con los británicos en términos de igualdad, de forma parecida a como en la realidad los angloamericanos anunciaron que no pensaban negociar la paz (ni las condiciones de rendición) con el enemigo (posicionamiento que, sin embargo, se vio desmentido pocos meses después, en agosto y septiembre, cuando se abrieron negociaciones secretas para la rendición de Italia). En esta historia, Hitler concentraría su único esfuerzo de negociación con los Estados Unidos, y con la mirada puesta en las elecciones presidenciales norteamericanas de noviembre de 1944.

martes, 1 de abril de 2014

13. Operación “Urano”

  A mediados de noviembre de 1942, Stalin y sus generales de la Stavka (el alto mando soviético) ya no pueden posponer sus contraofensivas. Durante todo el verano se ha realizado un extraordinario esfuerzo productivo en las fábricas de armamento rusas, muchas de ellas trasladadas hacia el Este durante el verano anterior desde los territorios occidentales invadidos por el enemigo. El mayor fruto de este esfuerzo ha sido la creación, a lo largo de todo 1942, de hasta veintiocho nuevos “Cuerpos de tanques” o "mecanizados", equivalentes a las divisiones Panzer alemanas, perfectamente equipados con máquinas muy capaces de enfrentarse a los mejores tanques enemigos. La productividad soviética ha llegado al punto de que por estas fechas de otoño de 1942 están fabricando cuatro tanques por cada tanque alemán (si bien los alemanes los destruyen en combate en una proporción parecida…).


                                                          El tanque soviético T-34


  Pero no todo son tanques. Se han producido ingentes cantidades de aviones, piezas de artillería y el resto de equipo necesario para que, con una movilización al límite, el Ejército Rojo logre una apreciable superioridad numérica sobre las fuerzas del Eje en el campo de batalla. La ayuda americana está apenas comenzando a hacerse notar (sobre todo en alimentos), de modo que el mérito del esfuerzo económico es casi exclusivamente ruso (y es consecuencia de la enorme inversión en industria pesada realizada en la década de 1930). En este momento, la Unión Soviética cuenta, a lo más, con 130 millones de habitantes (dos tercios de la población con que contaban en el momento de la invasión, mientras que el tercio restante ha muerto o está en zona ocupada, sometida a esclavitud) y se enfrenta a una coalición de naciones que les han declarado la guerra que suma más de 200 millones de habitantes: Alemania, Francia, Italia, Rumanía, España, Hungría, Bulgaria, Finlandia y unas cuantas naciones pequeñas añadidas, más voluntarios de otras naciones neutrales y, por supuesto, los renegados de origen soviético que luchan ahora en el bando enemigo… Pero ante la situación de extrema emergencia, la Unión Soviética ha compensado las terribles bajas del verano (más de un millón de hombres) y para mediados de noviembre de 1942 el Ejército Rojo dispone en el frente de casi seis millones de hombres (y mujeres). Por otra parte, tras la catástrofe de la pérdida del Mar Negro, las cosas ya no han ido tan mal: se resiste en Stalingrado y se ha detenido, dándoles un cierto correctivo, a las fuerzas que avanzaban a través de las montañas y valles del Cáucaso hacia el mar Caspio.

  Lo que no ha podido mejorar tanto es el adiestramiento: la premura de entrar en combate exige reducir éste, en muchas ocasiones, al mínimo... es la terrible disyuntiva que padecen los soviéticos desde el inicio de la invasión enemiga hace más de un año: o se envía a la tropa en masa insuficientemente adiestrada a enfrentarse a los alemanes para retrasar su avance en lo posible, o se espera a que los soldados estén bien adiestrados y entonces ya será demasiado tarde...

  La gran ofensiva soviética (contraofensiva) de otoño de 1942 será llamada “Operación Urano” y se desatará en la retaguardia de los dos ejércitos alemanes (especialmente el 6 Armee, pero también parte del 4 Panzerarmee) que luchan en los alrededores y en el interior de la misma ciudad de Stalingrado para aniquilar las fuerzas del 62 ejército soviético que resiste en sus ruinas. Esta inusitada concentración de unidades alemanas en un rincón del Volga permitirá que en los amplios flancos mal defendidos al norte y el sur se puedan desplegar dos grandes grupos de ejércitos rusos ("Frentes") que, gracias a los nuevos cuerpos de tanques y mecanizados, se espera que sean capaces de formar una gigantesca pinza que encierre al 6 Armee de tal manera que quede imposibilitado de recibir suministros.

  Mantener el cerco no será fácil: habrá que desencadenar otras ofensivas en otros sectores a fin de evitar que los alemanes envíen refuerzos que puedan romperlo.

  El 19 de noviembre de 1942, “Urano” comienza: al norte de Stalingrado, tras una terrorífica preparación artillera, se lanzan hacia el oeste y hacia el sur los ejércitos rusos 21, 1 de Guardias y 5 de tanques, que incluyen tres cuerpos de tanques, al mando del general Vatutin. Toda esta amplia zona está defendida por el 3 ejército rumano cuyas divisiones no cuentan con buena artillería antitanque y que pronto se ven arrolladas. Los alemanes han situado a las espaldas de este ejército rumano, para tratar de apuntalarlo, un débil Panzerkorps germano-rumano cuya fuerza principal es la 24 división Panzer, pero que resulta completamente insuficiente.

  El mando alemán en Stalingrado reacciona tarde y, para colmo, los tanques de las divisiones mejor equipadas que luchan en la ciudad (las 14 y 16 Panzer, las motorizadas 3 y 60, más la motorizada francesa “Mariscal Petain”) se encuentran escasos de combustible. No se puede impedir que la ofensiva soviética haga retroceder a los rumanos del 3 ejército, causándoles decenas de miles de bajas, perdiéndose divisiones enteras.

  En medio de la conmoción creada entre las fuerzas del Eje por esta ofensiva al norte de Stalingrado, al día siguiente, el 20 de noviembre, se pone en marcha el otro brazo de la pinza al sur de Stalingrado: los que atacan ahora son el 64, el 51 y el 57 ejércitos soviéticos al mando del general Yeremenko, con no menos fuerza blindada que sus compañeros de la pinza norte. Ellos arremeten, hacia el oeste y hacia el norte, contra otro ejército rumano, el número 4, que no está en mejores condiciones para un combate tan extremo que el número 3 al norte. La unidad de intervención alemana de reserva en el sector del cuarto ejército rumano, la 29 división motorizada, fracasa en detener la ofensiva rusa tanto como antes lo hiciera la 24 Panzer en el sector del tercer ejército rumano.



    El 22 de noviembre de 1942, las dos grandes formaciones de avance soviéticas se unen en Kalach, sobre el río Don: el 6 Armee y bastantes unidades del 4 Panzerarmee (trescientos mil hombres en total) se encuentran cercados. Solo pueden recibir suministros desde el aire. Los rusos saben que ese sistema les sirvió a los alemanes durante el invierno y primavera pasados, cuando un cuerpo alemán de cien mil hombres fue cercado durante dos meses en Demyansk, al norte. Así que la fuerza aérea soviética también tendrá que hacer su valiosa aportación en lograr que esta vez el abastecimiento aéreo del enemigo resulte imposible.

  En la Stavka hay júbilo al conocerse la unión de las dos partes de la tenaza en Kalach y el consecuente cerco del 6 Armee, pero eso no impide que los grandes estrategas de Stalin, Zhukov y Vasilievsky, se mantengan preocupados: lo que va a empezar ahora va a ser una terrible batalla de desgaste que ganará el que disponga de mayores reservas. Los alemanes van a intentar romper el cerco. ¿Tendrá el Ejército ruso suficientes recursos para detener todo lo que les manden los alemanes al contraataque?

   Porque también está el frente del Cáucaso. Pocos días antes del éxito inicial de “Urano”, los rusos le han dado un buen golpe al 1 Panzerarmee que intentaba alcanzar el mar Caspio: la 13 división Panzer ha resultado duramente castigada en el río Terek, cerca de Orkhonikidze (Vladikavkaz), pero en el Cáucaso hay otras amenazas para los rusos aparte del 1 Panzerarmee, ya que desde los puertos de Georgia (Sukhumi, Poti, Batumi) están avanzando hacia Tiflis el 17 Armee (el mismo que logró conquistar la costa oriental del Mar Negro con el apoyo de la flota italiana) y el nuevo 12 Armee, un gran ejército de infantería desplegado junto a la frontera turca con tropas de variopinta procedencia (alemanes, rumanos, búlgaros, españoles, voluntarios turcomanos…). Todos estos ejércitos se abastecen por los puertos del Mar Negro. Y, por supuesto, al otro lado de la frontera, los todavía neutrales turcos cuentan con su tercer ejército que en cualquier momento puede lanzarse asimismo hacia Tiflis, en conjunción con los alemanes y avanzar más allá, donde esperan contar con el apoyo de sus primos los turcomanos azeries. Para sostener el Cáucaso frente a todas estas amenazas (en teoría hasta cincuenta divisiones enemigas) el general Maslennikov cuenta con siete ejércitos soviéticos. Pero esos ejércitos (pequeños) también necesitan contar con reservas.

  El mayor peligro para los rusos es la ruta marítima de suministros de los alemanes. Los puertos de Novorossisk y Tuapse en el Mar Negro cuentan con líneas ferroviarias que llevan hasta las inmediaciones de Stalingrado (terminal de Kotelnikovo) y que profundizan hasta el Cáucaso central (más allá de Pyatigorsk, hacia el este), mientras que en el sur del Caucaso, los puertos de Poti y Batumi cuentan también con líneas ferroviarias que llevan hasta Tiflis (y más allá, hasta el Caspio). Los alemanes ya han alardeado en su propaganda de que pueden transportar divisiones Panzer a Rusia desde su retiro de descanso en Francia a través del Mediterráneo con gran velocidad y comodidad. Aseguran haberlo hecho ya con la 6 división Panzer.

  Stalin no sabe exactamente qué divisiones de reserva tienen los alemanes en Francia y si éstas están en disposición o no de salir de inmediato. Y, por encima de todo, no sabe si los ataques angloamericanos (en Egipto y las islas Canarias) lograrán inmovilizar estas divisiones -o, al menos, parte de ellas- en Francia o en África. Suficientemente potentes o no, es un hecho que en lugares muy alejados de Rusia están teniendo lugar tales ofensivas: los británicos han atacado Suez a finales de octubre, y los americanos y británicos han desembarcado en las islas Canarias a primeros de noviembre. Para finales de noviembre, Rommel, tras su contraataque en Egipto, ha recuperado el campo petrolífero de Hurghada (que los británicos han vuelto a destruir al retirarse) así como el control del Golfo de Suez, pero ¿esto ha exigido que Hitler le envíe refuerzos valiosos que no estarán entonces disponibles para Stalingrado? Por otra parte, los británicos han tomado Dakar, lo que ha llevado, por fin, a la declaración de guerra de Francia a Estados Unidos y al Imperio Británico. Se sabe, porque se ha anunciado públicamente, que hay tropas alemanas en camino hacia África… Queda por ver cómo repercutirá esto en la monstruosa batalla de desgaste que ha comenzado en los helados campos entre el Don y el Volga…

  En cualquier caso, siguiendo con los planes previstos, y una vez asegurado el cerco a las fuerzas alemanas en Stalingrado, el día 25 de noviembre se desencadena también “Marte”, otra gran ofensiva soviética en el centro de Rusia que implica a los ejércitos rusos 5, 33 y 3 de tanques de Guardias cuyo objetivo, en teoría, es cercar también al 9 Armee fortificado en torno al saliente de Rzhev, pero que, en la práctica, lo que busca sobre todo es inmovilizar estas fuerzas y evitar que deriven refuerzos hacia Stalingrado.

  El 27 de noviembre se da un fuerte combate entre las fuerzas soviéticas de “Urano” y una unidad blindada que defiende la terminal ferroviaria de Kotelnikovo. Pronto se sabe que se trata, en efecto, de la 6 Panzer, llegada hace pocos días desde Francia por el Mediterráneo.

  Stalin ordena que la aviación soviética ataque los puertos de Novorossisk y Tuapse, pero la Luftwaffe todavía es lo suficientemente superior como para evitar que estos ataques tengan gran efecto. Asimismo, llegan noticias de que el 12 y el 17 Armee están retrocediendo hacia los puertos de la costa de Georgia: eso indica que suspenden toda ofensiva hacia Tiflis y el interior del Cáucaso, y que están derivando fuerzas de infantería hacia Stalingrado. El 1 Panzerarmee, en el Cáucaso, también cuenta con varias divisiones blindadas y motorizadas que puede trasladar a la zona, y sin duda inmediatamente ha desplazado ya una de ellas (la 5 PzD) hacia la nueva zona crítica, mientras el resto de sus fuerzas abandona las posiciones del rio Terek para concentrarse en algún punto menos alejado (posiblemente Pyatigorsk) donde puede resistir durante la espera del fin de la batalla de Stalingrado y, probablemente, el fin del invierno que está comenzando. El 1 Panzerarmee puede reforzarse para la defensiva con unidades detraídas del 17 Armee y 12 Armee, y estos ejércitos, a su vez, al debilitarse, pueden retroceder defensivamente hasta los mismos puertos, donde su posición siempre será segura y servirá de punto de partida para recuperar terreno de nuevo más adelante, una vez pasada la crisis...

  Llega diciembre, y el cerco ruso a los alemanes en Stalingrado se mantiene, mientras la Luftwaffe intenta abastecer al 6 Armee desde el aire a costa de perder bastantes aviones. El día 6 Stalin es informado de una noticia extravagante: Hitler se encuentra en Barcelona, en España, donde acaba de firmar un reparto de África (aún casi por completo en manos de los aliados) con España, Italia y Francia (hasta el viejo Petain ha hecho acto de presencia). Aparte de repartir una África ocupada por los aliados, se ha dado la independencia a Marruecos y Túnez, y, por lo visto, España anexiona Portugal y todas sus posesiones coloniales (una compensación por la pérdida de las islas Canarias). Stalin ve el lado positivo: el Führer no parece prestar tanta atención a lo que pasa en Rusia y sin duda se enviarán más tropas a la zona mediterránea, ya que los angloamericanos amenazan con un avance a través de Marruecos para reabrir el estrecho de Gibraltar.

   Pero lo que no augura nada bueno para los soviéticos es el fin de la “Operación Marte”, la gran contraofensiva en el sector Centro: los ejércitos rusos participantes en la acción están exhaustos, no han alcanzado sus objetivos más ambiciosos (el cerco al 9 Armee) y no pueden continuar luchando de forma efectiva sin consumir reservas que pueden ser más necesarias en el sector Sur. Aunque se seguirá combatiendo hasta finales de diciembre, está claro que la ofensiva ha fracasado y no va a poder mantener la presión que impida que algunas unidades alemanas del sector Centro se desplacen a la zona de Stalingrado.

  El día 12 de diciembre comienza el ataque blindado alemán para romper el cerco al 6 Armee. Es la prueba de fuego: los cuerpos de tanques rusos tienen que aguantar la embestida y mantenerse firmes.

   La Stavka, por su parte, ha planeado una nueva contraofensiva, “Saturno”, que ha de lanzarse el día 16 contra el ejército italiano en el Don, todavía en el sector sur, pero más al norte de la zona que defendían los derrotados rumanos. El contraataque alemán en el sector de Kotelnikovo cambia un tanto los planes rusos: una de las unidades más poderosas que había sido primero seleccionada para “Saturno” y después para la liquidación de las fuerzas enemigas cercadas, el 2 ejército de Guardias, será derivada a reforzar el anillo en torno a Stalingrado y detener así el contraataque blindado. “Saturno” pasa a llamarse “Pequeño Saturno”, y se hará con tres ejércitos rusos (6, y 1 y 3 de Guardias) y no con cuatro.

  El 13 de diciembre llega a la Stavka una mala noticia de la información militar: no hay duda de que un gran convoy de buques de transporte ha llegado al puerto de Novorossisk. Podría tratarse de una división Panzer completa enviada desde Francia por el Mediterráneo. Con todo, Stalin no suspende “Pequeño Saturno”: el golpe contra los italianos forzará a los alemanes a enviar más tropas en esa dirección para salvarlos, ya que, de arrollar a los italianos, el avance ruso podría llegar hasta Rostov y separar así a los ejércitos del Eje en el Cáucaso del resto de ejércitos alemanes. Y antes de eso caerá sobre la retaguardia alemana, propiamente sobre los aeródromos de la Luftwaffe desde los que se abastece Stalingrado.

  Los generales de Stalin saben que no hay posibilidad de cercar a los ejércitos del Eje en el Cáucaso en tanto que cuentan con los puertos del Mar Negro, y algunos piensan que quizá sería más útil concentrarlo todo en la zona al oeste de Stalingrado, por donde ya avanzan, a lo largo de las dos líneas férreas (la que viene de Ucrania y la que viene del puerto de Novorossisk), las fuerzas blindadas nazis que pretenden romper el cerco. La limitación logística es prácticamente la misma para ambos bandos (alemanes y soviéticos), que cuentan cada uno con dos líneas de ferrocarril hacia la zona de batalla. También podría no tener valor intentar enviarlo todo hacia el sector Koltelnikovo-río Myshkova (al sudoeste de Stalingrado), si luego resulta que no hay forma de desplazar esos recursos.

  En el momento previsto se desencadena efectivamente “Pequeño Saturno” y resulta ser un gran éxito: al cabo de dos o tres días, los italianos se derrumban, excepto el cuerpo alpino (tropas de montaña) al norte, que está en contacto con el ejército húngaro.

  Al mismo tiempo, la batalla de Stalingrado alcanza su punto álgido en la zona de Kotelnikovo, la terminal ferroviaria por donde están llegando los nuevos contingentes alemanes. Stalin ordena una y otra vez que se ataque desde el aire los puertos y la línea ferroviaria: hay que cortar a toda costa la llegada de refuerzos y suministros por esta vía. También aprueba que parte de las fuerzas blindadas que han derrotado a los italianos ataquen ahora los aeródromos de Morozovsk y Tatsinskaya, desde donde se abastece por aire al 6 Armee. Ambos aeródromos están situados a lo largo de la línea ferroviaria que viene de Ucrania (que es también una de las dos líneas de avance de la contraofensiva alemana).

  Más al sur, algunas unidades de los ejércitos rusos del Cáucaso han llegado de nuevo al Mar Negro, si bien poco pueden hacer desde sus orillas más que contemplar este mar dominado por completo por la flota del Eje. Los alemanes (o rumanos, o búlgaros) se han concentrado en la defensa de los puertos: Batumi, Poti, Sukhumi, Gagra y Sochi, mientras las mejores tropas que luchaban en el Cáucaso ahora están siendo enviadas también a la gigantesca melée en torno a Stalingrado y en defensa de las líneas ferroviarias que parten de los puertos de Novorossisk y Tuapse (y que convergen antes de alcanzar Kotelnikovo). La defensa de los puertos del sudeste del Mar Negro por tropas de segunda fila no presenta grandes problemas. En el peor de los casos pueden ser evacuados por mar, pero cuentan también con el valioso apoyo de la artillería naval. Tres viejos acorazados italianos (Cesare, Duilio y Doria) y uno francés (Provence) aportan sus poderosos cañones de 300 milímetros a la defensa. En el interior del Cáucaso, aparte de las tropas dedicadas a la protección de los ferrocarriles que van a la zona de Stalingrado, solo resiste un núcleo de fuerzas del 1 Panzerarmee en la zona entre Pyatigorsk y Armavir. Los rusos saben que se mantiene ese reducto (con el ferrocarril cuyo trazado llega al Caspio y atraviesa todo el Cáucaso) pensando en retomar la ofensiva el verano siguiente. Eso podría ser un error del enemigo que los soviéticos han de aprovechar.

    El día 19 de diciembre, en medio de una calamitosa situación meteorológica, el 2 ejército de Guardias del general Malinowski está ya desplegándose entre Kotelnikovo y Stalingrado, en la zona del pequeño río Myshkova. Es un ejército moderno y fuerte, y se confía en que su acción resulte decisiva aunque aún no le han llegado todas sus unidades blindadas. Los alemanes, por su parte, ya han superado el río Myshkova y se disponen a enlazar con las tropas cercadas del 6 Armee, de las que les separan unos cincuenta kilómetros. Malinowski comunica a la Stavka que mantiene la confianza porque los alemanes han sufrido ya muy duros golpes, están debilitados y no podrán abrirse paso. Probablemente al día siguiente, el 20 de diciembre, tenga lugar la batalla decisiva, pero ya se está luchando con dureza. Se confirma la presencia de soldados italianos en la ofensiva: se trataría de infantes de Marina de las unidades que hicieron el desembarco en la península de Taman, en junio. Están muy lejos del mar. Pero no son los italianos los que preocupan a Stalin.

  Los generales de la Stavka apenas duermen. Durante todo el día 20 van llegando los informes sobre las acciones en las que toma parte el 2 ejército de Guardias y el resto de unidades rusas en la zona occidental del cerco a las fuerzas del Eje en Stalingrado (los ejércitos rusos 51 y 57, y el 5 ejército de choque).

  Se sabe primero que en Stalingrado las fuerzas cercadas han embestido “desde dentro” al 57 ejército que trata de mantenerlos sin salir del perímetro. Llega finalmente un mensaje del estado mayor del 2 ejército de Guardias a la noche. Un consternado mariscal Zhukov se lo pasa a Stalin: los alemanes han roto el cerco y las unidades del 6 Armee han enlazado con sus rescatadores procedentes de la terminal de Kotelnikovo. Malinowski asegura que la fuerza alemana que iba en vanguardia del ataque era una división Panzer recién llegada de Francia, probablemente la 7 Panzer.

  Stalin se enfurece, pero Zhukov no pierde el aplomo, se ha recuperado del shock y solicita que se suspendan las demás ofensivas previstas y se concentre todo en volver a cerrar el cerco. Si el 6 Armee se revitaliza con la llegada de más suministros, entonces ya no podrán derrotarlos. Ha de ordenarse el envío inmediato del 3 ejército de tanques a la zona.

ooo

  La batalla de Stalingrado ha sido justamente considerada el turning point de la segunda guerra mundial. Hasta entonces, Alemania estaba ganando (a pesar del revés momentáneo de la batalla de Moscú en el invierno anterior). Y estaba ganando porque hoy sabemos que, cuando menos, por cada hombre que los alemanes perdían, los rusos perdían cinco (probablemente más: las bajas alemanas de muertos y desaparecidos en el frente ruso de 1942 fueron medio millón de hombres... frente a tres millones de los sovieticos), y la demografía soviética no podía compensar tamaña desigualdad. El que, durante la batalla de Stalingrado, a pesar de sufrir esta sangría, aún fueran capaces de conseguir la superioridad numérica en el campo de batalla (en una proporción de 1'7 a 1), mantener una extraordinaria productividad en la industria de guerra (fabricar cuatro tanques por cada tanque fabricado por el enemigo) y además no morirse de hambre, es una realidad que siempre admirará a los historiadores… pero pocos consideran que semejante esfuerzo fuera sostenible durante muchos meses más: una superioridad de 1'7 a 1 no es suficiente si pierdes 6 hombres por cada 1 que pierde el enemigo, y si por cada tres hombres que pierdes, solo puedes reponer uno reclutando a jóvenes... los otros dos solo pueden ser entonces chiquillos, obreros maduros sacados de las fábricas u otros recursos extraordinarios como era, en el caso soviético, el de las mujeres soldado. Los cálculos más realistas cifran la cantidad de reservas soviéticas a final de las batallas que siguieron a "Urano" (marzo 1943) en poco más de 5 millones de hombres. De haber seguido teniendo por año tres millones de bajas irrecuperables (muertos y desaparecidos) más la correspondiente cifra de alrededor de un millón de heridos muy graves o incapacitados -con solo millón y medio de jóvenes nuevos reclutas para reemplazarlos-, esas reservas se hubieran agotado a finales de 1943 o a mediados de 1944 (requerían sacar de las reservas dos millones y medio de hombres anuales...). No se debe olvidar el hecho de que, en los últimos recursos humanos soviéticos se contaban los poco fiables reclutas musulmanes e incluso cientos de miles de sospechosos de deslealtad procedentes de los campos de concentración y las "columnas de trabajo"...

  El resultado final de la batalla de Stalingrado cambió todo eso. Es cierto que en las batallas que siguieron en 1943 todavía los rusos perdían, como mínimo, tres o cuatro hombres por cada enemigo caído, pero las reservas bastaron para ese año y, gracias a Stalingrado, los rusos recuperaron buena parte del territorio ocupado, lo que les permitió reclutar más soldados que compensaran las bajas, así como, gracias a un éxito tan grande, obtener un prestigio que tuvo como consecuencias inmediatas la mayor fiabilidad de los soldados soviéticos musulmanes (de los 130 millones, a lo más, de la población soviética en el momento de la batalla de Stalingrado, casi una quinta parte eran musulmanes, y antes de 1942 se les consideraba tan poco fiables que ni siquiera se les reclutaba en el Ejército), más el repunte de la acción partisana antinazi en la retaguardia, en el territorio ocupado. Y esto sin contar el efecto moral en las tropas rusas que combatían. También debe contarse que durante 1943 comenzó a ser muy apreciable la ayuda económica norteamericana: se necesitaban menos obreros para producir los bienes (vehículos, maquinaría, alimentos...) que ahora les llegaban desde América, y así contaban con más hombres movilizables para el frente. Finalmente, que el Mediterráneo estuviera abierto permitió que los angloamericanos alcanzaran éxitos notables en el Norte de África e Italia, lo que forzó a los alemanes a enviar a este área más recursos.

   Por encima de todo, los alemanes jamás pudieron recuperar las veintidós divisiones alemanas “borradas” al cabo de la campaña (las veinte que estaban dentro del cerco y dos más, por lo menos, de las que lucharon en el entorno y que fueron disueltas) y se perdió nada menos que la mitad de las tropas no alemanas. Durante el momento culminante de "Urano" (19 de noviembre a 2 de febrero) se invirtió la proporción de desgaste humano entre ambos bandos. Solo en la arremetida final para rendir al 6 Armee cercado (enero de 1943) los alemanes perdieron a los 200.000 hombres que quedaban allí rodeados y los soviéticos "solo" sufrieron 12.000 bajas irrecuperables (muertos). 

  ¿Era la derrota nazi en Stalingrado inevitable? Desde luego que no: los generales alemanes pudieron haber hecho salir de la zona a las tropas cercadas desobedeciendo a Hitler (el dramático dilema del general Paulus, el comandante del 6 Armee) y con ello ni las bajas ni la pérdida de territorio ni la pérdida de prestigio hubieran sido tan relevantes (hubiera sido más bien algo similar a lo sucedido durante el invierno anterior: ya llegaría la revancha con el siguiente verano). Pero es cierto que esta desobediencia de los generales alemanes era muy improbable.
  
  En la historia que se expone aquí, no hace falta que Paulus desobedezca y escape del cerco. No hace falta por dos razones fundamentales (pero no únicas): una es porque el Mediterráneo está cerrado y la contraofensiva angloamericana complementaria de la soviética se ha limitado a dos ataques periféricos que, por muy bien ejecutados que sean, no exigen el envío o la retención momentánea de las unidades blindadas alemanas de reserva que se encontraban en Francia descansando (sobre todo, las divisiones Panzer 7 y 10, el cuerpo Panzer Waffen-SS, que contaba con tres divisiones, y los dos batallones de tanques Tigre); y la otra, porque los puertos que dominan los alemanes en el Mar Negro oriental van a permitir que estos refuerzos, y otros muchos, así como los suministros, lleguen más fácilmente a la zona en torno a Stalingrado (sobre todo a la terminal ferroviaria de Kotelnikovo). En la realidad, la única ruta de transporte disponible para el Eje era el muy largo recorrido a través de las heladas Bielorrusia y Ucrania, con frecuentes ataques partisanos. 

  Además, en esta historia ya no existe peligro de cerco añadido para los ejércitos alemanes en el Cáucaso (que ahora son tres, pues al 1 Panzerarmee y el 17 Armee se suma el 12 Armee), lo que permite que los alemanes se concentren en la batalla por Stalingrado sin preocuparse por la posibilidad de un desastre aún mayor en caso de que queden cercados en el Cáucaso los otros ejércitos alemanes que se encuentran allí. Más todavía: los del Eje disponen de más tropas para el combate, porque ahora ya no hay siete divisiones del Eje (seis rumanas, una alemana) en funciones de defensa costera del Mar Negro, porque el Mediterráneo cerrado permite que las tropas alemanas sean innecesarias en Yugoslavia (el movimiento partisano se habría visto muy debilitado sin la expectativa de victoria aliada en el Mediterráneo y, en cualquier caso, los italianos hubieran podido enviar refuerzos al estar sobrados de tropa) y porque los éxitos previos del verano (espectaculares: victoria en Egipto, cierre del Mediterráneo, conquista del Mar Negro) habrán impulsado a varias naciones a incorporarse a la lucha en el bando que parece el ganador. Y todo esto, con los turcos manteniéndose todavía neutrales (si los turcos hubiesen entrado en la guerra, probablemente la Stavka ni siquiera se habría atrevido a iniciar "Urano"). La superioridad numérica soviética hubiera pasado, cuando menos, de 1'7:1 a 1'5:1.

   Sin embargo, en las circunstancias conservadoras descritas en esta historia los soviéticos tampoco se resignan a la derrota. Las ofensivas “Urano”, “Marte” y “Saturno” se habrían ejecutado por puro “determinismo industrial” (eran el resultado de un tremendo esfuerzo de la industria de armamento soviética) y por pura necesidad nacional de supervivencia. Recordemos que para los rusos el armisticio no era una opción, que se enfrentaban a una guerra prácticamente de exterminio y que Hitler nunca iba a conformarse con menos que la línea Arkhangelsk-Astrakhan, lo que implicaría la pérdida de Leningrado, Moscú y todo el Cáucaso. Además, los rusos contaban con la implicación de los Estados Unidos en la guerra. Con superioridad numérica de tropas, clarísima ventaja en tanques y artillería, y una situación en las fuerzas aéreas muy mejorada, Stalin y sus generales podían seguir manteniendo razonables esperanzas de triunfo a medio o largo plazo.

   Otra diferencia de esta historia con respecto a la realidad es la cuestión de las reservas. Los soviéticos fueron a las grandes ofensivas del invierno 1942-43 con por lo menos media docena de ejércitos de reserva bien equipados que serían utilizados después de la victoria de Stalingrado para desencadenar más ofensivas de explotación, cada vez más hacia el oeste. Ahora, en la versión alternativa, los soviéticos van a contar con menos reservas, ya que la situación en el Cáucaso sería más peligrosa y porque cuentan con doscientos mil soldados menos (los que no habrían podido ser evacuados por mar de Crimea, tal como sucedió en la realidad, y los que habrían tenido que mantener la vigilancia en la frontera turca). La situación es más peligrosa porque hay un ejército alemán adicional (el 12 Armee), porque persiste más grave que nunca la amenaza de beligerancia turca y porque, tras la conquista de Egipto y las seducciones a Turquía, la fiabilidad de los pueblos musulmanes del Cáucaso y Asia Central soviéticos sería todavía menor de lo que ya lo era en realidad.

  Por supuesto, ni Stalin ni Hitler podían saber quién iba a disponer de más reservas para la formidable batalla de desgaste en torno a Stalingrado. En la realidad, las reservas soviéticas se agotaron en marzo de 1943, cuando, demasiado tarde para los nazis (ya había sucumbido el 6 Armee), llegó al escenario de la lucha el cuerpo Panzer de las Waffen-SS procedente de Francia y los alemanes obtuvieron una inesperada victoria que detuvo el avance ruso (en Kharkov). El frente quedó entonces estable, y la actividad bélica muy disminuida, de modo que los rusos no volvieron a atacar hasta cuatro meses después… y al contragolpe, tras el fracaso ofensivo alemán en Kursk ("Zitadelle"). En esta historia alternativa, esas reservas del Ejército Rojo soviético se han agotado antes (porque también los Panzer de las Waffen-SS han llegado antes y porque los rusos cuentan con menos hombres), el 6 Armee se habría salvado y probablemente la pausa habría comenzado también antes, en febrero y no en marzo de 1943.

  En cuanto a los movimientos de tropas descritos en este episodio, resulta un poco difícil diferenciar la ficción de la realidad, especialmente para quienes no conocen con cierto detalle el desarrollo de la batalla de Stalingrado. Digamos que, en términos generales, tanto la versión alternativa como la historia real coinciden en la ofensiva "Urano" (el momento del ataque y la magnitud de las fuerzas lanzadas a él).

   En la realidad, la división Panzer que intentó apuntalar el 3 ejército rumano que defendía el flanco norte de Stalingrado ante la embestida soviética (19 noviembre) fue la 22 y no la 24 Panzer, pero en esta historia, la 22 Panzer está en África. En la realidad, la 24 Panzer estaba dentro de lo que luego sería la "bolsa" (o "Kessel") de Stalingrado y allí sucumbió. En esta historia, la ausencia de la 24 en Stalingrado se compensa en parte con la presencia de la división motorizada francesa "Mariscal Petain", que habría llegado en octubre, como consecuencia de la declaración de guerra de Francia a la URSS y como consecuencia de que el ejército francés quiere adiestrar a sus hombres en la moderna guerra de tanques (y la alianza militar parcial entre franceses y alemanes es una consecuencia política de los éxitos alemanes al cerrar el Mediterráneo). Hay que subrayar, en todo caso, que la ausencia de dos divisiones Panzer en el frente ruso en esta historia (las 22 y 23) no afectaría para nada la fuerza del ejército nazi, porque en la realidad se enviaron más de un centenar de tanques alemanes a África durante el verano de 1942 que en esta historia no es necesario enviar allí, lo que permite que para noviembre de 1942 en el escenario alternativo del frente del Este, la fuerza blindada nazi sea la misma (las 22 y 23 se habrían enviado a África solo con la mitad de tanques, solo con ciento cuarenta de los más modernos, complementándose el resto de su fuerza con tanques italianos). La 24 Panzer, pues, ocuparía el lugar de la 22 Panzer (la "Mariscal Petain" ocuparía el lugar de la 24 Panzer), y la 5 Panzer ocuparía el lugar de la 23 Panzer (dos divisiones de infantería adicionales, desmovilizadas del 11 Armee en Crimea, 132 y 170 ID, compensarían su ausencia en el sector centro, ya que la 5 Panzer cumplía funciones defensivas, no ofensivas, y, adicionalmente, otras unidades en el sector Centro se reforzarían con más carros de tipo defensivo, de entre los que se hubiera considerado no lo bastante modernos para enviarlos a África en la primavera de 1942).

    Otra unidad mencionada en esta historia es la 6 Panzer. En efecto, esta unidad llegó a la zona de Kotelnikovo desde Francia a finales de noviembre, pero no por mar, por supuesto, sino por la larga ruta de Ucrania. También se menciona aquí a la 7 Panzer: esta división fue enviada desde Francia (como la 6 Panzer) y durante la batalla de Stalingrado Hitler estaba muy pendiente de la fecha prevista para su incorporación. En la realidad, por la larga ruta de Ucrania no pudo alcanzar el escenario de la batalla hasta finales de diciembre, por lo que no pudo salvar Stalingrado, además del hecho de que vio su partida hacia Rusia retrasada varios días por su participación en las operaciones del sur de Francia tras producirse el gran desembarco angloamericano en Argelia (Mediterráneo) que alarmó a los alemanes y les exigió tomar medidas defensivas tanto en Europa como en África. En esta historia, al estar el Mediterráneo cerrado (no siendo, por tanto, necesaria intervención alguna en el sur de Francia) y al transportarse por mar el armamento pesado, la 7 Panzer llega antes y resulta decisiva el día 20 de diciembre, en el combate final para romper el cerco al 6 Armee.

martes, 25 de marzo de 2014

12. Operación "Torch"

  Durante todo el verano de 1942 los jefes militares angloamericanos han barajado cuál sería la respuesta adecuada al cierre del Mediterráneo por el Eje, así como cuál sería la mejor forma de hacer sentir la creciente implicación de los Estados Unidos en la guerra de acuerdo con el compromiso de “"Alemania, primero"”. Debe quedar claro el reconocimiento por parte de los principales dirigentes políticos y militares norteamericanos de que, dada la peligrosidad de la Alemania nazi, se debe dar prioridad a la lucha contra Hitler en perjuicio de la lucha en el Pacífico contra Japón, aunque todos son conscientes de que la opinión pública norteamericana está más interesada en derrotar a los japoneses que en derrotar a los alemanes.

    Roosevelt y sus asesores saben que los alemanes ahora pueden explotar los recursos económicos de materias primas conquistados en el Mediterráneo y el Mar Negro, de modo que quizá dentro de un año o dos podrían ser ya invencibles. Si hay que lanzarse sobre ellos, esto ha de hacerse, en la medida de lo posible, cuanto antes.

  De todos los objetivos estratégicos tenidos en cuenta por los grandes jefes militares angloamericanos (Marshall, Brooke, Eisenhower...), el único viable, y aun así arriesgado, es la conquista de las islas Canarias, que los británicos intentaron ya en julio, pero que fue frustrada entonces por el rápido despliegue de la Luftwaffe en las islas.

  Este mismo factor decisivo, la presencia de la Luftwaffe, haría que un desembarco en la costa europea atlántica acabara en seguro desastre, porque a las dificultades iniciales de los ataques aéreos se sumaría la llegada por tierra de las fuerzas Panzer, y los angloamericanos aún no están preparados para enfrentarse a ese tipo de fuerzas enemigas. Por supuesto, el intento, acabase como acabase, sí alcanzaría el objetivo de detraer recursos alemanes del frente ruso, pero Roosevelt no puede exponerse a un fracaso, a una repetición de las desastrosas retiradas aliadas frente a los alemanes en Noruega, Dunkerque, Grecia, Creta y Dieppe (en agosto de 1942): la opinión pública norteamericana no tendría la misma tolerancia que la británica para reveses de ese tipo.

  Roosevelt lo que necesita es un objetivo con ciertas probabilidades de éxito, allí donde la Luftwaffe sea más débil y donde no puedan aparecer los Panzer. Por eso, la única opción viable, de momento, dados los recursos que se podrán reunir para el otoño de 1942, sería la conquista de las islas Canarias... una vez establecidas poderosas bases aéreas aliadas en el próximo archipiélago de Madeira (conquistado por los británicos al neutral Portugal en julio).

  Para incrementar tales probabilidades, Roosevelt y Churchill han acordado mantener la neutralidad francesa mientras sea posible, a pesar del Tratado de Francia con el III Reich y del estado de guerra de los franceses contra la Unión Soviética. Las negociaciones secretas entre los petainistas y los americanos han supuesto, al menos, mantener a la Luftwaffe y la Kriegsmarine fuera de los puertos atlánticos de la Francia colonial (principalmente Casablanca y Dakar), y esto ya es una ventaja. Por supuesto, los alemanes y españoles sí están usando los ferrocarriles, carreteras y aeródromos del Marruecos francés para el transporte a fin de armar sus posiciones más al sur (Cabo Juby, Ifni y la base germanoespañola de Cabo Blanco, que está particularmente bien situada estratégicamente), pero eso siempre es mejor que tener a la Luftwaffe en Dakar, desde donde los alemanes podrían llegar hasta Brasil en vuelos de ida y vuelta. A cambio de este pacto, Estados Unidos se ha comprometido a enviar algunos suministros a Francia por Casablanca, sobre todo de “ayuda humanitaria” (para los alemanes, este acuerdo es también positivo, ya que les permitirá extraer proporcionalmente más recursos alimentarios de Francia en un momento de agudo racionamiento en toda Europa). Mientras tanto, como nadie sabe cuánto durará el mantenimiento de la neutralidad francesa, la Luftwaffe y la Kriegsmarine están tratando de mejorar las instalaciones aeronavales en las colonias españolas del Sahara Occidental. El aeródromo español en Cabo Blanco (La Güera) permite a los cazas alemanes incluso alcanzar Dakar y Cabo Verde, si bien no es tan fácil mejorar de forma notable instalaciones tan remotas y las prioridades de la Luftwaffe en otros frentes hacen que las unidades establecidas tan al sur sean, de momento, poco más que testimoniales.

   De esta forma, para los aliados conquistar las Canarias no solo es un buen objetivo político, y no solo posibilitará un avance a través de Marruecos hasta Gibraltar, sino que eliminará una amenaza al tráfico marítimo por el Atlántico, ya que los submarinos alemanes e italianos están haciendo estragos. Con el cierre del Mediterráneo, casi toda la fuerza naval italiana se concentra ahora en el Atlántico, y aunque los submarinos italianos no son tan efectivos como los alemanes, tienen unos cincuenta operativos y están logrando hundimientos. La flota de superficie italiana, de momento, va estableciéndose en Lisboa, Cádiz y Tánger, aunque la escasez de combustible limita su peligrosidad. En todo caso, tal despliegue fuerza a los aliados a gastar más recursos en su control.

  A finales de julio de 1942, a tiempo para el viaje de Churchill a Moscú, y tras el fracaso del primer intento británico, el alto mando aliado acepta, pues, poner en marcha la operación para la captura de las islas españolas en el Atlántico mediante una invasión a gran escala apoyada por una poderosa fuerza aérea que se establecerá en Madeira.

  El plan, lento, pero seguro, sería tomar primero las Canarias y, desde las Canarias, Marruecos, y avanzar después hasta la reapertura del estrecho de Gibraltar en diversas etapas que permitirían un despliegue gradual de los recursos norteamericanos, relativamente próximos al otro lado del Atlántico. Es un plan conservador, pero el único posible y adecuado a la que es, de momento, la principal ventaja de los angloamericanos: su poder aeronaval. Este plan de avance a través de Marruecos ya se contemplaba cuando los británicos planearon y ejecutaron la captura en julio de las islas de Madeira y también la pequeña isla, pero aún más próxima a Canarias, de Grand Salvagem.




  Durante agosto, septiembre y octubre de 1942, el general Eisenhower coordina el esfuerzo organizativo para concentrar en los archipiélagos atlánticos, sobre todo en Madeira, la fuerza que hará posible la conquista de las islas.  Se trata de un ingente trabajo de ingeniería, intendencia y logística que para finales de octubre habrá superpoblado el pequeño archipiélago portugués. Incluso se llega a crear una base avanzada de cazas en el islote de Grande Salvagem, de apenas dos kilómetros cuadrados.

   A nivel político, los aliados establecen un consejo nacional portugués que no es todavía un gobierno portugués en el exilio pues, como los alemanes han respetado en teoría la soberanía portuguesa (solo han realizado una ocupación militar “preventiva, por el estilo de la de Dinamarca, en abril de 1940”), los angloamericanos no quieren arriesgarse a socavar la autoridad política que el presidente Salazar pueda conservar en Lisboa. Para los aliados, el caso portugués es muy diferente al español, ya que la República española derrotada en la guerra civil de 1939 ha sido reconocida ahora como el gobierno español legítimo y, como tal, se ha sumado a los aliados. De momento, para la organización portuguesa se ha logrado la adhesión y el liderazgo de un apacible erudito exiliado en Brasil, el doctor Jaime Cortesao. En cualquier momento puede ser reconocido como el Presidente de una república portuguesa aliada de las democracias y de la URSS.

                              Jaime Cortesao, intelectual y político democrático portugués

  A nivel bélico, a mediados de octubre los aeródromos de Madeira permiten asolar las defensas del archipiélago español al tiempo que ejecutar más ataques de distracción contra otros objetivos del Eje…, siempre evitando el Marruecos francés. También en Madeira se concentran decenas de miles de hombres para las operaciones de asalto. Otro factor importante es que la flota aliada patrulla las aguas y bloquea las Canarias, aunque bajo la amenaza de los aviones y submarinos enemigos... y asumiendo el riesgo de que la flota alemana en la zona de Gibraltar realice una salida (se trata de los acorazados "Scharnhorst" y "Gneisenau", más otros buques menores); la flota italiana causa menos inquietud, aunque a mediados de octubre llegarán al puerto español de Málaga los acorazados "Vittorio" y "Littorio".

  Para finales de septiembre de 1942, Franco y Kesselring, el representante de Hitler en Madrid para el esfuerzo bélico, ya suponen que el objetivo aliado es Canarias. Dudan que sea Gibraltar, Portugal o Marruecos, así que los alemanes envían, en un convoy fuertemente escoltado por aire y mar, un regimiento de paracaidistas para contribuir a la defensa de Gran Canaria, que será sin duda la isla más codiciada por el enemigo (por su aeródromo junto al mar y su buen puerto). También refuerzan las posiciones más al sur, sobre todo los aeródromos y puertos de Cabo Blanco (La Güera) y Villa Cisneros, donde continúan los trabajos. Para mejorar la defensa de toda esta red de aeródromos y puertos en parajes muy desérticos, se ha designado a uno de los mejores generales de Franco, Barrón, que tendrá el mando sobre un combinado de contingentes de tropas coloniales españolas, reclutas peninsulares, y algunos destacamentos alemanes.

  El 24 de octubre llegan las noticias del ataque aliado contra Egipto, pero Kesselring logra convencer a Berlin de que no se descuide el refuerzo aéreo de las Canarias: en Egipto, Rommel podrá defenderse solo y no necesita más aviones. Al mismo tiempo, las noticias del frente ruso tampoco son tan buenas como podía esperarse: ni Stalingrado, ni Leningrado ni el Cáucaso han caído a pesar del dominio nazi del Mar Negro, y no se puede bajar la guardia tampoco en la batalla aérea sobre el mismo suelo alemán. Parece claro que la guerra no terminará a fin de año.

   Los alemanes mantienen en Francia un grupo de divisiones de élite listas para ser desplazadas adonde sean requeridas haciendo uso de la vía logística que supone el Mediterráneo. Entre estas fuerzas están las divisiones Panzer 6, 7 y 10 del Heer, las divisiones Waffen-SS Leibstandarte, Das Reich y Totenkopf, dos batallones especiales de tanques Tigre y la división motorizada de la Luftwaffe Hermann Goering. Muchas de estas unidades descansan y se reequipan del esfuerzo de la campaña invernal en Rusia.  Sospechándose ya un posible contraataque soviético en invierno, a finales de octubre la 6 Panzer es destinada al frente ruso, a la zona de Stalingrado. Es la primera en probar el nuevo modo de desplazamiento hacia el teatro de operaciones de la zona del Mar Negro: por ferrocarril hasta los grandes puertos franceses del Mediterráneo de Marsella y Tolón, donde es embarcada rápidamente en buques de transporte franceses e italianos, a lo que siguen nueve días de singladura hasta el puerto ruso de Novorossisk en el Mar Negro desde donde una línea ferroviaria se extiende hasta el mismo Stalingrado o sus proximidades (entre quinientos y seiscientos kilómetros de trayecto).

  El día 5 de noviembre de 1942 se dan por terminadas las operaciones aliadas ofensivas en Egipto: el Ejército del Sudán, con el apoyo de la flota británica en el Mar Rojo, ha capturado Hurghada, el campo petrolífero, y la entrada al golfo de Suez, y el Octavo Ejército de Montgomery se ha retirado sin sufrir grandes daños al otro lado del canal. El resultado no es malo, aunque sin duda en Moscú no habrán quedado tan complacidos, pues la ofensiva angloamericana no parece que haya logrado detraer recursos alemanes del frente ruso.

  Ese día comienzan los bombardeos concentrados sobre objetivos estratégicos específicos de las islas Canarias, y Eisenhower llega a Funchal, la capital de Madeira, donde se reúne, aparte de con el doctor Cortesao, con un nuevo personaje en la guerra: Indalecio Prieto, al que Roosevelt y Churchill han reconocido como presidente de la república española antifranquista. Los dirigentes españoles derrotados en la guerra civil en 1939 han estado disputando todo el tiempo entre ellos sobre quién sería el legítimo representante del régimen vencido por el alzamiento de Franco y los militares. Finalmente, el elegido por los aliados ha sido Prieto, por un motivo fundamental: él tiene el control sobre el gran contingente de ex soldados antifranquistas refugiados en Latinoamérica tras la guerra civil española, sobre todo en México. En total, se considera que hay unos 30.000 exiliados antifranquistas en el continente americano, y los aliados calculan que, con el apoyo de Prieto, la mitad de ellos podrán vestir el uniforme para enfrentarse al Eje en las Islas Canarias.


               Indalecio Prieto, máximo dirigente de los exiliados españoles antifranquistas en México

   Gracias a la nueva alianza con el exilio antifranquista español, los norteamericanos forman una división de infantería completa de españoles que incluye también a algunos voluntarios hispanoamericanos antifascistas, mientras que otra división se ha formado con portugueses, principalmente con portugueses de las colonias, de las islas, y voluntarios brasileños (los brasileños han declarado la guerra al Eje). Los portugueses se encargan, de momento, de la defensa de sus propios archipiélagos.

  Pero los hombres de Prieto y los portugueses no son un contingente importante para la proyectada invasión. En total, participarán en el desembarco principal en Gran Canaria la 78 división británica, la 1 división de infantería norteamericana y la 1 división blindada norteamericana (incompleta). La 34 división americana se encargará de tomar las islas occidentales de Lanzarote y Fuerteventura, donde hay también dos aeródromos y que están muy poco habitadas y no muy defendidas; en caso de que fracase el asalto a Gran Canaria, los aliados contarán, al menos, con estas dos bases. La 9 división de infantería americana se mantendrá en Madeira como reserva.

  En el lado del Eje, Franco y Kesselring han organizado la defensa de las islas Canarias de acuerdo con antiguos planes ya esbozados en 1940. En las islas, el mando recae en el capitán general -gobernador- Serrador, un hombre de la mayor confianza de Franco y al que se considera próximo a Falange. En total, Serrador cuenta con unos cincuenta mil hombres para defender Canarias, cuarenta mil de ellos en las dos islas principales (Gran Canaria y Tenerife). El mando alemán, subordinado al español, es del general Von Broich.

  En Gran Canaria, que se supone que será el objetivo principal de los aliados, está la unidad que más temen estos: el 5 regimiento paracaidista alemán, con tres mil soldados; y hay otros dos mil alemanes que integran otras unidades. A estos cinco mil alemanes se suman diez mil soldados españoles del ejército regular (cuyo adiestramiento supervisan los alemanes) y otros cinco mil de milicias.  En Tenerife hay unos cinco mil soldados coloniales de Marruecos, considerados de entre la mejor tropa española, otros diez mil soldados del ejército regular y otros cinco mil de milicias. Los diez mil soldados restantes se reparten en las otras cinco islas principales. Lanzarote y Fuerteventura, con sendos aeródromos, suman unos tres mil soldados en cada una.

  El plan de Kesselring, aceptado por Franco, consiste en resistir en las montañas del interior, donde menos puedan ser afectados por la artillería naval enemiga. Los aliados se verán entonces enzarzados en una dura lucha en los cerros y barrancos volcánicos y, mientras tanto, la Luftwaffe y los submarinos irán liquidando su apoyo naval. Al final, los aliados tendrán que reembarcar y marcharse.

  Eisenhower, por su parte, sabe que todo depende de la capacidad de concentrar el fuego aeronaval y en bloquear las islas para que no reciban suministros ni refuerzos. Y no sabe si va a poder llevarlo a cabo: depende de cuál sea la fuerza aeronaval del Eje en la zona y también del estado del mar. No pierde de vista a la flota nazi en el Estrecho, con tres buques capitales y bastantes destructores. Se supone que los franceses no intervendrán, y se duda mucho de que los italianos puedan aventurar su flota mediterránea en el Atlántico.

  En total, la flota que vuelve a comandar el almirante británico Cunningham (aunque más de la mitad de las unidades son americanas, lo cual genera graves problemas de coordinación), transporta unos doscientos cazas y bombarderos a bordo de una docena de portaaviones (la mayoría de escolta). El Mando británico de la RAF en Madeira suma unos cuatrocientos cazas y bombarderos. Y la 12 Fuerza Aérea norteamericana sumaría un millar más de cazas y bombarderos. Se trata, por tanto, de la mayor concentración de poder aéreo hasta el momento para una operación de desembarco (mil quinientos cazas, torpederos y bombarderos). El problema es cómo desplegarlos en la zona de Canarias de forma eficiente contra una fuerza aérea del Eje (alemana, italiana y española) bien establecida en aeródromos de tierra y que suma unos ochocientos aparatos operativos.

  Durante todo el verano y, sobre todo, durante el mes de octubre, los aliados han trabajado muy duro para convertir Madeira en un inmenso portaaviones. Y se espera que la rápida ocupación de los pequeños aeródromos de Lanzarote y Fuerteventura permita establecer pronto bases aéreas en las mismas islas Canarias. Esto requiere una gran coordinación y eficiencia.

  Una ventaja es que se podrá contar con aviones Spitfire, incluso a bordo de los portaaviones e incluso tripulados por norteamericanos. Una desventaja es que el estado del Atlántico en noviembre es imprevisible y podrían producirse graves tormentas.

  Para enfrentarse a esta tremenda fuerza aérea, Kesselring no dispone de muchos recursos añadidos. La ofensiva contra Egipto, los ataques de los grandes bombarderos sobre Alemania y, sobre todo, la campaña del frente ruso, sigue dejando la defensa de toda la inmensa costa atlántica desde Cabo Blanco hasta los Pirineos con poco más de un millar de cazas y bombarderos operativos entre alemanes (el 2 Cuerpo Aéreo), italianos y españoles. Los españoles, de hecho, siguen contando solo con apenas un centenar de aviones de cierto valor, y antiguos, aunque la Luftwaffe ya ha incorporado bastantes pilotos españoles en el 2 Cuerpo Aéreo. La defensa de las costas españolas quedará a cargo de muy pocos aviones una vez se inicien los combates. Kesselring confía en que los aliados también concentrarán toda su fuerza en las Canarias.

  En el momento del desembarco aliado, la Luftwaffe tiene unos trescientos cazas y bombarderos desplegados en los aeródromos en torno a las islas Canarias. Parte de ellos están en los aeródromos al sur de Marruecos: Ifni, Villa Cisneros y Cabo Juby, y una cuarta parte de los pilotos son españoles. A estos trescientos aviones alemanes se suman otros trescientos, en su mayoría italianos y unos pocos aviones españoles. Kesselring podrá reforzarlos con otros doscientos aparatos más al desguarnecer en buena parte la costa española. La aportación de la aviación francesa en Marruecos sería agradecida aunque los aviones franceses no son mejores que los italianos, pero los franceses siguen manteniéndose neutrales… y solo cooperan con los alemanes, de acuerdo con los términos del tratado, en permitir utilizar a los del Eje sus ferrocarriles, carreteras y aeródromos para transportar sus propios recursos. Está claro que los franceses no desean en absoluto que los aliados capturen esas islas desde las cuales podrían desencadenar la invasión de Marruecos.

  Por fin, el 8 de noviembre de 1942, con buenas condiciones del mar, y tras tres días de fuertes bombardeos aéreos, comienza la “Operación Torch” propiamente dicha con la flota estadounidense que abre fuego sobre el objetivo principal en la costa este de la isla Gran Canaria, donde se halla el principal aeródromo, que los alemanes evacúan inmediatamente y sin grandes pérdidas. Mientras tanto, la Royal Navy se despliega hacia el este, bloqueando las islas y previniendo una posible salida de las flotas alemana e italiana desde el extremo occidental del clausurado Mediterráneo.

   El gran poder de la artillería naval apenas puede ser contestado por el ataque de los aviones del Eje. Pronto comienzan a desembarcar más de treinta mil soldados aliados en una isla defendida, a lo más, por veinte mil soldados españoles y alemanes.

  Las tropas aliadas que desembarcan son, principalmente, las de la 78 división británica, con diez batallones de infantería, más la 1 división de infantería norteamericana y la mayor parte de la 1 división blindada norteamericana con tanques ligeros que no encuentran oposición aparte de algunos cañones antitanque alemanes. Entre estas tropas aliadas no faltan españoles antifranquistas, en ocasiones formando unidades completas tipo compañía, bajo el mando conjunto del general español Romero Giménez.

  En tanto que combatientes más veteranos, son los británicos los que inician el avance por tierra desde las playas del desembarco hacia la ciudad de Las Palmas, donde está el principal puerto de la isla. La ciudad es también furiosamente bombardeada desde el mar por un grupo de cruceros y acorazados norteamericanos y se producen numerosos desembarcos de distracción en varias bahías de la abrupta costa volcánica.

   Al mismo tiempo, una flota norteamericana transporta a la 34 división de infantería norteamericana hasta las islas de Lanzarote y Fuerteventura. Al final del día, el general Ryder se ha apoderado de ambas islas, con sus aeródromos y sus pequeños puertos, ha hecho unos dos mil prisioneros y obligado al resto de soldados españoles a huir hacia el interior. Los ingenieros americanos se ponen enseguida a trabajar para hacer operativos los aeródromos que los españoles han habilitado hace poco.

  El éxito de la 34 división será decisivo. Mientras tanto, al final del día 8 los aliados apenas han podido salir de las playas de Gran Canaria donde han desembarcado, pues la resistencia de los paracaidistas alemanes es fortísima y el aeródromo capturado no puede ser utilizado hasta que se reduzca el fuego enemigo desde los riscos próximos.

  El día 10, Eisenhower ordena que las fuerzas de la 9 división americana  y algunos contingentes de la 34 se sumen al duro combate en Gran Canaria. En el aire, poco a poco los Spitfire y los P-38 logran imponerse a la Luftwaffe y a la Regia Aeronautica a costa de grandes pérdidas. En el mar, el tiempo no ha empeorado mucho, los ataques submarinos y aéreos no han producido tampoco pérdidas catastróficas, y la artillería naval aliada sigue asolando los objetivos en las costas de forma incontestable.

  También en tierra la superioridad numérica y, sobre todo, la superioridad aliada en tanques y artillería, acabará por doblegar la resistencia. Los aeródromos de Lanzarote y Fuerteventura permiten apoyar desde la proximidad el avance aliado.

  El día 18 de noviembre, tras una semana de dura batalla, los aliados tienen operativo el aeródromo de Gran Canaria, han capturado la ciudad de Las Palmas y su puerto, y han creado un perímetro defensivo en la parte de la isla que ocupan. Las tropas del Eje, a pesar de lo favorecedor del abrupto terreno para la defensa, pronto no contarán con suficiente munición para seguir luchando contra los enormes medios de los aliados. Ese mismo día se produce un gran ataque aéreo británico contra Berlín: Kesselring no puede recibir más aviones.

  En Madrid, Franco está indignado: Kesselring había prometido que la Luftwaffe y la Kriegsmarine impedirían el bloqueo de las Canarias y ahuyentarían a la flota enemiga. Franco exige ahora que la flota alemana en el Estrecho zarpe hacia las Canarias, y que se fuerce a los italianos -e incluso a los franceses- a luchar. Nada de eso puede hacerse, pero el día 19, Hitler accede a que se envíen dos divisiones alemanas a reforzar la defensa al sur de Marruecos: se trata de la “Hermann Goering”, desde Francia, y la 15 división de infantería, desde Lisboa. Esto más bien demuestra que Hitler da por perdidas las Canarias, pero que quiere asegurarse de que el estrecho de Gibraltar no va a ser reabierto. Muy pronto, al producirse la gran contraofensiva rusa en Stalingrado, el frente del Este absorberá todo el interés del Führer.

  Franco entonces exigirá compensaciones políticas por la pérdida de las islas Canarias. Kesselring recomendará a Hitler que se concedan: no conviene que cunda el desánimo entre los españoles y las concesiones pueden hacerse de forma ventajosa para todas las potencias del Eje dentro de un gran acuerdo político.

  Eisenhower desembarca en Gran Canaria el día 20 de noviembre de 1942, cuando el riesgo es ya escaso, doce días después de la invasión. Con él desembarca Prieto, presidente de la República española, cuya bandera ya ondea en la arrasada ciudad de Las Palmas. 



  Los combates continuarán hasta final de mes, exigiendo que hasta cien mil soldados aliados se desplieguen en las islas, lo que incluye otra división británica (la 6 blindada). Cerro a cerro, son aniquilados los últimos reductos y los generales Serrador y Von Broich son capturados el 28 de noviembre (ambos heridos). Los aliados han hecho tres mil prisioneros alemanes (los prisioneros españoles son más de quince mil).

  Para Kesselring, lo importante ahora es hacer la victoria aliada lo más costosa posible, y en eso logra tener éxito. Desde Madrid se envían telegramas para que en Tenerife y las otras tres islas principales se resista igual que en Gran Canaria. Con todo, el desembarco en Tenerife, que tiene lugar el día 20 de noviembre, logrará la conquista de la isla en dos semanas. Aunque los aliados también experimentarán pérdidas en Tenerife, no les será tan costoso como Gran Canaria.

   Prácticamente asegurado el archipiélago, el 28 de noviembre los británicos atacan Dakar y los aeródromos españoles de El Aiuun, Cabo Blanco y Villa Cisneros. Estos ataques corren a cargo de la 46 división británica y elementos de la 6 Blindada británica más diversas pequeñas unidades de élite, y conllevan, un poco tarde, la declaración de guerra de Francia a Gran Bretaña y Estados Unidos, algo que en París se temía que iba a acabar pasando.




 Para primeros de diciembre, Eisenhower, por fin dueño de las islas Canarias, y también de todas las bases aeronavales del Eje hasta Cabo Juby (que sigue en poder del Eje), puede viajar a Londres a rendir cuentas de la situación.

  Su informe presencial ante Churchill, Brooke y resto de las autoridades no es, sin embargo, optimista: la conquista de las Canarias, Dakar y las posiciones españolas de Cabo Blanco y Villa Cisneros ha desgastado su fuerza, que ha perdido quinientos aviones, una docena de barcos de guerra y cuarenta transportes, han muerto cinco mil soldados y tres mil marinos y aviadores, otros veinte mil han quedado gravemente heridos, y todo ello ha desmoralizado a los que han quedado ilesos. A cambio, sí, han hecho tres mil prisioneros alemanes y matado quizá a otros dos mil, entre soldados, aviadores y marinos. Las imágenes en los noticieros de los fieros paracaidistas nazis hechos prisioneros, sin embargo, no logrará tener el efecto buscado en la opinión pública: no tienen el aspecto de hombres derrotados, aunque se les ve exhaustos y muchos de ellos heridos. En cualquier caso, hasta este momento no se habían hecho contingentes de prisioneros alemanes tan numerosos, excepto quizá durante la ofensiva Crusader en el norte de África, en noviembre de 1941. También entonces los alemanes quedaron aislados por falta de suministros debido a la superioridad aeronaval aliada; en todo caso, aquellos no eran soldados de élite.

   En cuanto a los españoles, estos han demostrado ser buenos soldados. España tenía poco que ofrecer a Alemania aparte de su situación geográfica y la supuesta bravura de sus hombres. Franco está informado de cómo valora Hitler el ímpetu de su tropa y desea destacarse en ello sobre italianos y franceses. La dura lucha en Gran Canaria habrá cubierto ese expediente.

   Políticamente, sin embargo, para los españoles es una catástrofe: aparte de perder las islas Canarias (que es territorio nacional, y no una colonia) y dos valiosas posiciones en el Sahara Occidental, se han perdido cincuenta mil hombres, de los que cinco mil han muerto y todos los demás han sido hechos prisioneros, aparte de más de tres mil muertos civiles en los terribles bombardeos sobre las poblaciones de las islas (sobre todo Las Palmas, que se ha visto arrasada). Para los de Madrid, lo peor de todo es, quizá, que ondee de nuevo la bandera tricolor de la República en suelo español. Franco y sus generales esperan obtener ahora una buena compensación política de los alemanes a cambio de esto.

  El 16 de diciembre, tras los acuerdos con Hitler tomados en Barcelona, los españoles anuncian la anexión de Portugal, y al día siguiente, como respuesta, los aliados reconocen definitivamente a Jaime Cortesao como jefe de gobierno de Portugal, con un programa político de tipo democrático.

Ooo

  En este episodio, una vez más, se adopta la perspectiva conservadora de que los aliados tomen siempre la decisión acertada y la lleven a cabo con eficiencia… lo cual no impedirá que los alemanes ganen, siempre y cuando ellos no tengan ni mala ni buena suerte.

  Para el otoño de 1942 era inevitable que los angloamericanos “hicieran algo” contra los alemanes, aparte de bombardear Alemania desde el aire y enviar suministros a los rusos. Sin embargo, para esa época no eran muchos los recursos militares del ejército de tierra del que podían disponer. Los británicos tenían sus mejores unidades enzarzadas en el Norte de África, los norteamericanos apenas estaban desarrollando su ejército y, para colmo, había un grave problema de transporte para llevar tantísimos hombres y material por largas rutas navales.

  Por supuesto, la exigencia de Stalin presentada a Churchill durante su visita a Moscú en agosto, de que hicieran cualquier cosa que pudiera aliviar la tremenda presión que sufrían los rusos, era absolutamente sensata. Aunque fracasasen, lo principal era que se lograra detraer el mayor número posible de unidades alemanas fuera del frente ruso. En ese sentido, el desastre de Dieppe, en agosto de 1942, había sido útil, pues demostraba que existía el peligro de un desembarco angloamericano en las costas de Francia y para eso había que tener, al menos, veinte divisiones alemanas guarneciéndolas. Divisiones que no estarían disponibles para luchar en Rusia.

  Pero el problema era que los angloamericanos (sobre todo los norteamericanos) no podían arriesgarse a más desastres: la opinión pública de unos países democráticos cuya supervivencia no estaba aparentemente en juego (el poder aeronaval los preservaba de una invasión nazi) no podía tolerar muchas pérdidas humanas. Sabemos, además, que en el verano de 1942, en la realidad, había mucha gente en Estados Unidos que no creía posible vencer a Alemania. La opinión pública norteamericana tampoco tenía tanto interés en vencer a Alemania como el que tenían de vencer a Japón. Esos son los hechos históricos.

  Por eso, la operación “Torch”, el primer ataque norteamericano “contra los alemanes” (en la zona europea o mediterránea) tenía que hacerse con garantías de éxito suficientes. Tenía que ser un objetivo fácil, viable. Los británicos habían tenido desastres y reembarques en Noruega, Francia, Grecia y Creta: los norteamericanos no podían permitirse una situación semejante. Y para los británicos, evidentemente, el límite a tanto desastre debía encontrarse en alguna parte también.

   Así, después de barajar durante toda la primavera y el verano de 1942 un objetivo viable, finalmente Roosevelt y Churchill acordaron la operación que luego sería bautizada “Torch”: el desembarco en Marruecos y Argelia. Allí no había alemanes (solo franceses, que se esperaba que no lucharan), tampoco estaba al alcance de la Luftwaffe y se esperaba que los alemanes no podrían presentarse a tiempo debido al rápido despliegue del poder aeronaval angloamericano que cortaría las comunicaciones marítimas. Además, se calculaba que coincidiría con una victoria del octavo ejército británico en Egipto… también gracias al poder aeronaval que obstaculizaba la llegada a África de los suministros a Rommel.

  El mismo Eisenhower admitía la existencia de riesgos en “Torch”. El peor de ellos, probablemente, era que los alemanes intervinieran a través de España (o que los alemanes forzaran a los españoles a intervenir), pero incluso en ese caso los aliados hubieran podido mantenerse en los puertos marroquíes del Atlántico. Y Rommel fue derrotado en El Alamein, gracias en buena parte a que el poder aeronaval británico interceptó una parte sustancial de sus suministros (y con la valiosa ayuda de "Ultra", el sistema británico de intercepción de los mensajes por radio del enemigo).

  Todo fue bien, aunque no tanto como se había planeado, ya que los alemanes tuvieron tiempo de instalarse en Túnez alargando la lucha en el norte de África siete meses.

  En esta historia alternativa, la situación es mucho más grave para los aliados. El Mediterráneo está cerrado, de modo que no hay forma de cortar los suministros del Eje que se envíen a través del mar. España está en el Eje, y eso significa no solo que Gibraltar está cerrado (naturalmente), sino que la Luftwaffe está desplegada en aeródromos de África Occidental que van desde Tanger y Tetuán hasta Cabo Blanco. Los franceses, en esta historia, aún no están en guerra con Estados Unidos y la Commoenwealth, pero no pueden dejar de cooperar permitiendo a alemanes y españoles el uso de su espacio aéreo, su ferrocarril, sus carreteras y sus aguas costeras para el transporte.

  Así que, aunque los franceses sigan siendo todavía “un poco neutrales” (han declarado, sí, la guerra a los soviéticos, dentro de un posicionamiento político anticomunista), desembarcar en Marruecos no puede hacerse sin que a los aliados les caigan encima inmediatamente, no solo la Luftwaffe, sino también las tropas alemanes y españolas, además de las francesas.

  El único objetivo viable para “Torch”, por tanto, es las Canarias: las Canarias pueden ser tomadas si se reúne una poderosa fuerza aeronaval apoyada desde los aeródromos construidos en las islas de Madeira (conquistadas en esta historia en julio de 1942, por la misma expedición que fracasó en el intento de tomar las Canarias en un primer golpe de mano).

  Los datos que tenemos indican que los aliados utilizaron alrededor de mil quinientos cazas y bombarderos en “Torch”. Recordemos que por esas fechas, alemanes e italianos mantenían unos ochocientos cazas y bombarderos (en Sicilia y Cerdeña) para enfrentarse a la RAF en Malta.

  No podemos cambiar estas cifras, y cabe preguntarse si esta superioridad aérea aliada de dos a uno habría sido suficiente para tomar las islas Canarias. En la historia, añadimos, al menos cien aviones españoles que, aunque anticuados, todavía eran capaces de enfrentarse a algunos aviones aliados (recordemos que no todos los cazas aliados de “Torch” eran magníficos “Spitfire” o “P-38”, también había otros menos valiosos).

  Al mismo tiempo, tendríamos una fuerte concentración de submarinos alemanes e italianos en toda la zona entre Gibraltar, Madeira y Canarias, más la amenaza de las flotas de superficie alemana y también italiana. Esto exigiría tal vez que la flota británica se desplegase a la defensiva mientras la flota norteamericana apoyaría el desembarco. Con todo, los aliados cuentan con una ventaja en esta historia con respecto a la realidad: los objetivos de desembarco son más pequeños; en lugar de la costa de Marruecos y Argelia, se bastarían con un ataque concentrado contra Gran Canaria y las islas casi deshabitadas de Fuerteventura y Lanzarote (que tenían aeródromos).

  Así pues, este “Torch” alternativo usa menos soldados (las divisiones norteamericanas 3 de infantería y 2 blindada no intervienen) pero se enfrenta a una fuerte oposición aeronaval. Otra desventaja es que el enemigo se halla en extrema alerta, no hay factor sorpresa.

  Contamos con suficientes datos acerca de los planes que se hicieron sobre las islas Canarias, sobre todo en 1940, cuando se temía la beligerancia española. Sabemos que tanto los aliados como los alemanes acertaban en cuanto al objetivo principal: la isla de Gran Canaria, debido a su aeródromo en la misma costa y su buen puerto. En cuanto a la tropa que defendería esta isla, un cálculo realista es el de veinte mil hombres, sumando cuatro o cinco mil alemanes y cinco mil de milicias. La fuerza aliada dobla el número de combatientes, cuenta con los tanques ligeros de la 1 división blindada norteamericana y, sobre todo, con la formidable barrera de la artillería naval.

   Los alemanes tienen tiempo de enviar fuerzas de élite una vez los bombardeos aéreos convenzan al general Kesselring (que sería el auténtico estratega de toda la operación de defensa) de que se prepara un inminente ataque, y estas fuerzas de élite equivalen en esta historia a la llamada “división Von Broich” que en la realidad se envió a Tunez en noviembre de 1942. Esta división contaba con el 5 regimiento de paracaidistas, que tuvo una muy brillante actuación en Tunez, y otro par de batallones de infantería alemana, complementándose el resto de la división con tropas italianas (en este caso habrían sido españolas).

  Con todo esto, y considerando cómo se calcula que los paracaidistas alemanes lograron en Túnez detener a fuerzas cinco o diez veces más numerosas, cabe considerar la posibilidad de un fracaso aliado. Pero hemos de ser conservadores y dar por sentado que los aliados demostrarán estar a la altura de su superioridad material (aérea, numérica, en blindados y apoyo de artillería naval), y se apoderan de las Canarias.

  Sabemos que las fuerzas norteamericanas en “Torch” cometieron muchos errores y demostraron inexperiencia, pero que al enfrentarse al ejército francés, mal equipado, poco motivado y sin esperanzas de recibir refuerzos, su gran superioridad numérica y de material les dio la victoria... aunque incluso así el general Eisenhower tuvo que pactar con el almirante Darlan, un petainista y probable autor de crímenes contra la humanidad.

  En esta historia, los aliados ganan también, aunque sufriendo más bajas y constatando sus limitaciones. De esta forma no atribuimos a los alemanes la buena suerte necesaria para rechazar un ataque aliado de tal magnitud, algo que, por lo demás, parece perfectamente posible. 

  Entre los factores que hubieran hecho explicable el triunfo aliado estaría la superioridad de la artillería naval aliada contra los objetivos en la costa, el desacierto de la aviación y los submarinos del Eje para detener a la flota aliada, el que los del Eje no cuenten con armamento antitanque eficaz para neutralizar a los tanques aliados desembarcados… y el que los soldados aliados, numerosos aunque inexpertos, no se derrumben frente a la experta resistencia de los paracaidistas alemanes y sus émulos españoles.