determinismo

El determinismo pretende mostrar que los sucesos históricos a gran escala no pueden salirse de un curso específico que apunta en un sentido igualmente específico: el Imperio Romano había de disolverse, la sociedad industrial había de nacer en Inglaterra, el Imperio Chino había de anquilosarse. Estos hechos obedecen a causas, e investigar estas causas necesarias podría incluso proporcionarnos enseñanzas prácticas a la hora de afrontar un futuro que se regirá igualmente por causas necesarias. Aquí no se pretende negar cierto determinismo. Muy al contrario, la doctrina nazi estaba condenada, como el comunismo soviético, a acabar siendo barrida del curso histórico (aunque recordemos que la debacle del comunismo soviético al final del siglo XX no fue prevista por nadie) y todo parece indicar que sí existe un curso de desarrollo histórico que apunta a la instauración gradual de mayores controles de la violencia social que permitan una cooperación humana más eficiente para el beneficio del mayor número posible de individuos. Evidentemente, la ideología nazi cumplía estos requisitos todavía menos que el marxismo soviético ya que, al basarse en una doctrina racial, la mayor parte de la humanidad habría debido de verse necesariamente perjudicada por el dominio de la supuesta raza superior. Pero donde el determinismo histórico sí se equivoca lastimosamente es en el tratamiento mítico dado a la Segunda Guerra Mundial con posterioridad a 1945. No solo en obras de ficción escritas o audiovisuales, sino también en libros de historia, se nos muestra el resultado final de la guerra –la dramática derrota de Hitler y sus aliados japoneses- como una especie de western, donde los buenos derrotan a los malos gracias a su habilidad con las armas. Es como si pretendiesen tranquilizarnos demostrándonos que los malvados, por serlo tanto, están incapacitados para ganar las guerras. Se nos pretende convencer de esto arguyendo complicados razonamientos sobre economía, política u organización administrativa. Esto es absurdo. Hitler pudo ganar. Pudo ganar incluso cuando ya estaba en guerra, a la vez, contra la Unión Soviética, los Estados Unidos y el Imperio Británico, y, de hecho, es sorprendente que no ganara. Una sociedad totalitaria y militarista como la de la Alemania nazi poseía los medios suficientes para alcanzar ese triunfo y, si no fue así, se debió única y exclusivamente a la pura casualidad de que un solo hombre no tomó en un determinado momento una sola y lógica decisión; esta decisión habría sido de tipo meramente militar, estratégico, en absoluto afectada por la ideología ni por las condiciones económicas y sociales. El nazismo, por supuesto, hubiera acabado fracasando, pero no tal como sucedió en realidad, al cabo de una especie de gran espectáculo bélico en el cual los justos vencieron a los malvados. El bien se impone al mal, sí, muy probablemente, pero la guerra es un terreno para el cual el mal, a veces, está mejor cualificado. Es un hecho que, de todas formas, fue la Unión Soviética, un régimen tan totalitario y casi tan maligno como el III Reich, quien acabó derrotando a la Alemania nazi (y aquí no es el lugar para discutir si hubieran podido hacerlo sin ayuda). El relato que extensamente se presenta en este espacio comienza, pues, con la toma por Hitler de una sola decisión concerniente a una determinada iniciativa estratégica de tipo militar (esencialmente, cerrar el Mediterráneo con el fin de que la flota italiana entre en el Mar Negro). Es conveniente seguir el relato desde el principio con ayuda del Índice, y para su comprensión más exacta es preciso informarse lo mejor posible acerca de los sucesos de la historia militar de la guerra. Se acompañan los episodios de una Cronología, donde se diferencia lo real de lo ficticio, y se aportan algunos links útiles (la Wikipedia es muy completa y contiene pocos errores). La historia militar abarca cuestiones sociales, políticas y económicas (incluso geográficas), así que puede resultar también instructivo en muchos otros aspectos. Cuenta, asimismo, con un componente lúdico… y este mismo componente lúdico conlleva las correspondientes implicaciones psicológicas y sociales.

martes, 1 de abril de 2014

13. Operación “Urano”

  A mediados de noviembre de 1942, Stalin y sus generales de la Stavka (el alto mando soviético) ya no pueden posponer sus contraofensivas. Durante todo el verano se ha realizado un extraordinario esfuerzo productivo en las fábricas de armamento rusas, muchas de ellas trasladadas hacia el Este durante el verano anterior desde los territorios occidentales invadidos por el enemigo. El mayor fruto de este esfuerzo ha sido la creación, a lo largo de todo 1942, de hasta veintiocho nuevos “Cuerpos de tanques” o "mecanizados", equivalentes a las divisiones Panzer alemanas, perfectamente equipados con máquinas muy capaces de enfrentarse a los mejores tanques enemigos. La productividad soviética ha llegado al punto de que por estas fechas de otoño de 1942 están fabricando cuatro tanques por cada tanque alemán (si bien los alemanes los destruyen en combate en una proporción parecida…).


                                                          El tanque soviético T-34


  Pero no todo son tanques. Se han producido ingentes cantidades de aviones, piezas de artillería y el resto de equipo necesario para que, con una movilización al límite, el Ejército Rojo logre una apreciable superioridad numérica sobre las fuerzas del Eje en el campo de batalla. La ayuda americana está apenas comenzando a hacerse notar (sobre todo en alimentos), de modo que el mérito del esfuerzo económico es casi exclusivamente ruso (y es consecuencia de la enorme inversión en industria pesada realizada en la década de 1930). En este momento, la Unión Soviética cuenta, a lo más, con 130 millones de habitantes (dos tercios de la población con que contaban en el momento de la invasión, mientras que el tercio restante ha muerto o está en zona ocupada, sometida a esclavitud) y se enfrenta a una coalición de naciones que les han declarado la guerra que suma más de 200 millones de habitantes: Alemania, Francia, Italia, Rumanía, España, Hungría, Bulgaria, Finlandia y unas cuantas naciones pequeñas añadidas, más voluntarios de otras naciones neutrales y, por supuesto, los renegados de origen soviético que luchan ahora en el bando enemigo… Pero ante la situación de extrema emergencia, la Unión Soviética ha compensado las terribles bajas del verano (más de un millón de hombres) y para mediados de noviembre de 1942 el Ejército Rojo dispone en el frente de casi seis millones de hombres (y mujeres). Por otra parte, tras la catástrofe de la pérdida del Mar Negro, las cosas ya no han ido tan mal: se resiste en Stalingrado y se ha detenido, dándoles un cierto correctivo, a las fuerzas que avanzaban a través de las montañas y valles del Cáucaso hacia el mar Caspio.

  Lo que no ha podido mejorar tanto es el adiestramiento: la premura de entrar en combate exige reducir éste, en muchas ocasiones, al mínimo... es la terrible disyuntiva que padecen los soviéticos desde el inicio de la invasión enemiga hace más de un año: o se envía a la tropa en masa insuficientemente adiestrada a enfrentarse a los alemanes para retrasar su avance en lo posible, o se espera a que los soldados estén bien adiestrados y entonces ya será demasiado tarde...

  La gran ofensiva soviética (contraofensiva) de otoño de 1942 será llamada “Operación Urano” y se desatará en la retaguardia de los dos ejércitos alemanes (especialmente el 6 Armee, pero también parte del 4 Panzerarmee) que luchan en los alrededores y en el interior de la misma ciudad de Stalingrado para aniquilar las fuerzas del 62 ejército soviético que resiste en sus ruinas. Esta inusitada concentración de unidades alemanas en un rincón del Volga permitirá que en los amplios flancos mal defendidos al norte y el sur se puedan desplegar dos grandes grupos de ejércitos rusos ("Frentes") que, gracias a los nuevos cuerpos de tanques y mecanizados, se espera que sean capaces de formar una gigantesca pinza que encierre al 6 Armee de tal manera que quede imposibilitado de recibir suministros.

  Mantener el cerco no será fácil: habrá que desencadenar otras ofensivas en otros sectores a fin de evitar que los alemanes envíen refuerzos que puedan romperlo.

  El 19 de noviembre de 1942, “Urano” comienza: al norte de Stalingrado, tras una terrorífica preparación artillera, se lanzan hacia el oeste y hacia el sur los ejércitos rusos 21, 1 de Guardias y 5 de tanques, que incluyen tres cuerpos de tanques, al mando del general Vatutin. Toda esta amplia zona está defendida por el 3 ejército rumano cuyas divisiones no cuentan con buena artillería antitanque y que pronto se ven arrolladas. Los alemanes han situado a las espaldas de este ejército rumano, para tratar de apuntalarlo, un débil Panzerkorps germano-rumano cuya fuerza principal es la 24 división Panzer, pero que resulta completamente insuficiente.

  El mando alemán en Stalingrado reacciona tarde y, para colmo, los tanques de las divisiones mejor equipadas que luchan en la ciudad (las 14 y 16 Panzer, las motorizadas 3 y 60, más la motorizada francesa “Mariscal Petain”) se encuentran escasos de combustible. No se puede impedir que la ofensiva soviética haga retroceder a los rumanos del 3 ejército, causándoles decenas de miles de bajas, perdiéndose divisiones enteras.

  En medio de la conmoción creada entre las fuerzas del Eje por esta ofensiva al norte de Stalingrado, al día siguiente, el 20 de noviembre, se pone en marcha el otro brazo de la pinza al sur de Stalingrado: los que atacan ahora son el 64, el 51 y el 57 ejércitos soviéticos al mando del general Yeremenko, con no menos fuerza blindada que sus compañeros de la pinza norte. Ellos arremeten, hacia el oeste y hacia el norte, contra otro ejército rumano, el número 4, que no está en mejores condiciones para un combate tan extremo que el número 3 al norte. La unidad de intervención alemana de reserva en el sector del cuarto ejército rumano, la 29 división motorizada, fracasa en detener la ofensiva rusa tanto como antes lo hiciera la 24 Panzer en el sector del tercer ejército rumano.



    El 22 de noviembre de 1942, las dos grandes formaciones de avance soviéticas se unen en Kalach, sobre el río Don: el 6 Armee y bastantes unidades del 4 Panzerarmee (trescientos mil hombres en total) se encuentran cercados. Solo pueden recibir suministros desde el aire. Los rusos saben que ese sistema les sirvió a los alemanes durante el invierno y primavera pasados, cuando un cuerpo alemán de cien mil hombres fue cercado durante dos meses en Demyansk, al norte. Así que la fuerza aérea soviética también tendrá que hacer su valiosa aportación en lograr que esta vez el abastecimiento aéreo del enemigo resulte imposible.

  En la Stavka hay júbilo al conocerse la unión de las dos partes de la tenaza en Kalach y el consecuente cerco del 6 Armee, pero eso no impide que los grandes estrategas de Stalin, Zhukov y Vasilievsky, se mantengan preocupados: lo que va a empezar ahora va a ser una terrible batalla de desgaste que ganará el que disponga de mayores reservas. Los alemanes van a intentar romper el cerco. ¿Tendrá el Ejército ruso suficientes recursos para detener todo lo que les manden los alemanes al contraataque?

   Porque también está el frente del Cáucaso. Pocos días antes del éxito inicial de “Urano”, los rusos le han dado un buen golpe al 1 Panzerarmee que intentaba alcanzar el mar Caspio: la 13 división Panzer ha resultado duramente castigada en el río Terek, cerca de Orkhonikidze (Vladikavkaz), pero en el Cáucaso hay otras amenazas para los rusos aparte del 1 Panzerarmee, ya que desde los puertos de Georgia (Sukhumi, Poti, Batumi) están avanzando hacia Tiflis el 17 Armee (el mismo que logró conquistar la costa oriental del Mar Negro con el apoyo de la flota italiana) y el nuevo 12 Armee, un gran ejército de infantería desplegado junto a la frontera turca con tropas de variopinta procedencia (alemanes, rumanos, búlgaros, españoles, voluntarios turcomanos…). Todos estos ejércitos se abastecen por los puertos del Mar Negro. Y, por supuesto, al otro lado de la frontera, los todavía neutrales turcos cuentan con su tercer ejército que en cualquier momento puede lanzarse asimismo hacia Tiflis, en conjunción con los alemanes y avanzar más allá, donde esperan contar con el apoyo de sus primos los turcomanos azeries. Para sostener el Cáucaso frente a todas estas amenazas (en teoría hasta cincuenta divisiones enemigas) el general Maslennikov cuenta con siete ejércitos soviéticos. Pero esos ejércitos (pequeños) también necesitan contar con reservas.

  El mayor peligro para los rusos es la ruta marítima de suministros de los alemanes. Los puertos de Novorossisk y Tuapse en el Mar Negro cuentan con líneas ferroviarias que llevan hasta las inmediaciones de Stalingrado (terminal de Kotelnikovo) y que profundizan hasta el Cáucaso central (más allá de Pyatigorsk, hacia el este), mientras que en el sur del Caucaso, los puertos de Poti y Batumi cuentan también con líneas ferroviarias que llevan hasta Tiflis (y más allá, hasta el Caspio). Los alemanes ya han alardeado en su propaganda de que pueden transportar divisiones Panzer a Rusia desde su retiro de descanso en Francia a través del Mediterráneo con gran velocidad y comodidad. Aseguran haberlo hecho ya con la 6 división Panzer.

  Stalin no sabe exactamente qué divisiones de reserva tienen los alemanes en Francia y si éstas están en disposición o no de salir de inmediato. Y, por encima de todo, no sabe si los ataques angloamericanos (en Egipto y las islas Canarias) lograrán inmovilizar estas divisiones -o, al menos, parte de ellas- en Francia o en África. Suficientemente potentes o no, es un hecho que en lugares muy alejados de Rusia están teniendo lugar tales ofensivas: los británicos han atacado Suez a finales de octubre, y los americanos y británicos han desembarcado en las islas Canarias a primeros de noviembre. Para finales de noviembre, Rommel, tras su contraataque en Egipto, ha recuperado el campo petrolífero de Hurghada (que los británicos han vuelto a destruir al retirarse) así como el control del Golfo de Suez, pero ¿esto ha exigido que Hitler le envíe refuerzos valiosos que no estarán entonces disponibles para Stalingrado? Por otra parte, los británicos han tomado Dakar, lo que ha llevado, por fin, a la declaración de guerra de Francia a Estados Unidos y al Imperio Británico. Se sabe, porque se ha anunciado públicamente, que hay tropas alemanas en camino hacia África… Queda por ver cómo repercutirá esto en la monstruosa batalla de desgaste que ha comenzado en los helados campos entre el Don y el Volga…

  En cualquier caso, siguiendo con los planes previstos, y una vez asegurado el cerco a las fuerzas alemanas en Stalingrado, el día 25 de noviembre se desencadena también “Marte”, otra gran ofensiva soviética en el centro de Rusia que implica a los ejércitos rusos 5, 33 y 3 de tanques de Guardias cuyo objetivo, en teoría, es cercar también al 9 Armee fortificado en torno al saliente de Rzhev, pero que, en la práctica, lo que busca sobre todo es inmovilizar estas fuerzas y evitar que deriven refuerzos hacia Stalingrado.

  El 27 de noviembre se da un fuerte combate entre las fuerzas soviéticas de “Urano” y una unidad blindada que defiende la terminal ferroviaria de Kotelnikovo. Pronto se sabe que se trata, en efecto, de la 6 Panzer, llegada hace pocos días desde Francia por el Mediterráneo.

  Stalin ordena que la aviación soviética ataque los puertos de Novorossisk y Tuapse, pero la Luftwaffe todavía es lo suficientemente superior como para evitar que estos ataques tengan gran efecto. Asimismo, llegan noticias de que el 12 y el 17 Armee están retrocediendo hacia los puertos de la costa de Georgia: eso indica que suspenden toda ofensiva hacia Tiflis y el interior del Cáucaso, y que están derivando fuerzas de infantería hacia Stalingrado. El 1 Panzerarmee, en el Cáucaso, también cuenta con varias divisiones blindadas y motorizadas que puede trasladar a la zona, y sin duda inmediatamente ha desplazado ya una de ellas (la 5 PzD) hacia la nueva zona crítica, mientras el resto de sus fuerzas abandona las posiciones del rio Terek para concentrarse en algún punto menos alejado (posiblemente Pyatigorsk) donde puede resistir durante la espera del fin de la batalla de Stalingrado y, probablemente, el fin del invierno que está comenzando. El 1 Panzerarmee puede reforzarse para la defensiva con unidades detraídas del 17 Armee y 12 Armee, y estos ejércitos, a su vez, al debilitarse, pueden retroceder defensivamente hasta los mismos puertos, donde su posición siempre será segura y servirá de punto de partida para recuperar terreno de nuevo más adelante, una vez pasada la crisis...

  Llega diciembre, y el cerco ruso a los alemanes en Stalingrado se mantiene, mientras la Luftwaffe intenta abastecer al 6 Armee desde el aire a costa de perder bastantes aviones. El día 6 Stalin es informado de una noticia extravagante: Hitler se encuentra en Barcelona, en España, donde acaba de firmar un reparto de África (aún casi por completo en manos de los aliados) con España, Italia y Francia (hasta el viejo Petain ha hecho acto de presencia). Aparte de repartir una África ocupada por los aliados, se ha dado la independencia a Marruecos y Túnez, y, por lo visto, España anexiona Portugal y todas sus posesiones coloniales (una compensación por la pérdida de las islas Canarias). Stalin ve el lado positivo: el Führer no parece prestar tanta atención a lo que pasa en Rusia y sin duda se enviarán más tropas a la zona mediterránea, ya que los angloamericanos amenazan con un avance a través de Marruecos para reabrir el estrecho de Gibraltar.

   Pero lo que no augura nada bueno para los soviéticos es el fin de la “Operación Marte”, la gran contraofensiva en el sector Centro: los ejércitos rusos participantes en la acción están exhaustos, no han alcanzado sus objetivos más ambiciosos (el cerco al 9 Armee) y no pueden continuar luchando de forma efectiva sin consumir reservas que pueden ser más necesarias en el sector Sur. Aunque se seguirá combatiendo hasta finales de diciembre, está claro que la ofensiva ha fracasado y no va a poder mantener la presión que impida que algunas unidades alemanas del sector Centro se desplacen a la zona de Stalingrado.

  El día 12 de diciembre comienza el ataque blindado alemán para romper el cerco al 6 Armee. Es la prueba de fuego: los cuerpos de tanques rusos tienen que aguantar la embestida y mantenerse firmes.

   La Stavka, por su parte, ha planeado una nueva contraofensiva, “Saturno”, que ha de lanzarse el día 16 contra el ejército italiano en el Don, todavía en el sector sur, pero más al norte de la zona que defendían los derrotados rumanos. El contraataque alemán en el sector de Kotelnikovo cambia un tanto los planes rusos: una de las unidades más poderosas que había sido primero seleccionada para “Saturno” y después para la liquidación de las fuerzas enemigas cercadas, el 2 ejército de Guardias, será derivada a reforzar el anillo en torno a Stalingrado y detener así el contraataque blindado. “Saturno” pasa a llamarse “Pequeño Saturno”, y se hará con tres ejércitos rusos (6, y 1 y 3 de Guardias) y no con cuatro.

  El 13 de diciembre llega a la Stavka una mala noticia de la información militar: no hay duda de que un gran convoy de buques de transporte ha llegado al puerto de Novorossisk. Podría tratarse de una división Panzer completa enviada desde Francia por el Mediterráneo. Con todo, Stalin no suspende “Pequeño Saturno”: el golpe contra los italianos forzará a los alemanes a enviar más tropas en esa dirección para salvarlos, ya que, de arrollar a los italianos, el avance ruso podría llegar hasta Rostov y separar así a los ejércitos del Eje en el Cáucaso del resto de ejércitos alemanes. Y antes de eso caerá sobre la retaguardia alemana, propiamente sobre los aeródromos de la Luftwaffe desde los que se abastece Stalingrado.

  Los generales de Stalin saben que no hay posibilidad de cercar a los ejércitos del Eje en el Cáucaso en tanto que cuentan con los puertos del Mar Negro, y algunos piensan que quizá sería más útil concentrarlo todo en la zona al oeste de Stalingrado, por donde ya avanzan, a lo largo de las dos líneas férreas (la que viene de Ucrania y la que viene del puerto de Novorossisk), las fuerzas blindadas nazis que pretenden romper el cerco. La limitación logística es prácticamente la misma para ambos bandos (alemanes y soviéticos), que cuentan cada uno con dos líneas de ferrocarril hacia la zona de batalla. También podría no tener valor intentar enviarlo todo hacia el sector Koltelnikovo-río Myshkova (al sudoeste de Stalingrado), si luego resulta que no hay forma de desplazar esos recursos.

  En el momento previsto se desencadena efectivamente “Pequeño Saturno” y resulta ser un gran éxito: al cabo de dos o tres días, los italianos se derrumban, excepto el cuerpo alpino (tropas de montaña) al norte, que está en contacto con el ejército húngaro.

  Al mismo tiempo, la batalla de Stalingrado alcanza su punto álgido en la zona de Kotelnikovo, la terminal ferroviaria por donde están llegando los nuevos contingentes alemanes. Stalin ordena una y otra vez que se ataque desde el aire los puertos y la línea ferroviaria: hay que cortar a toda costa la llegada de refuerzos y suministros por esta vía. También aprueba que parte de las fuerzas blindadas que han derrotado a los italianos ataquen ahora los aeródromos de Morozovsk y Tatsinskaya, desde donde se abastece por aire al 6 Armee. Ambos aeródromos están situados a lo largo de la línea ferroviaria que viene de Ucrania (que es también una de las dos líneas de avance de la contraofensiva alemana).

  Más al sur, algunas unidades de los ejércitos rusos del Cáucaso han llegado de nuevo al Mar Negro, si bien poco pueden hacer desde sus orillas más que contemplar este mar dominado por completo por la flota del Eje. Los alemanes (o rumanos, o búlgaros) se han concentrado en la defensa de los puertos: Batumi, Poti, Sukhumi, Gagra y Sochi, mientras las mejores tropas que luchaban en el Cáucaso ahora están siendo enviadas también a la gigantesca melée en torno a Stalingrado y en defensa de las líneas ferroviarias que parten de los puertos de Novorossisk y Tuapse (y que convergen antes de alcanzar Kotelnikovo). La defensa de los puertos del sudeste del Mar Negro por tropas de segunda fila no presenta grandes problemas. En el peor de los casos pueden ser evacuados por mar, pero cuentan también con el valioso apoyo de la artillería naval. Tres viejos acorazados italianos (Cesare, Duilio y Doria) y uno francés (Provence) aportan sus poderosos cañones de 300 milímetros a la defensa. En el interior del Cáucaso, aparte de las tropas dedicadas a la protección de los ferrocarriles que van a la zona de Stalingrado, solo resiste un núcleo de fuerzas del 1 Panzerarmee en la zona entre Pyatigorsk y Armavir. Los rusos saben que se mantiene ese reducto (con el ferrocarril cuyo trazado llega al Caspio y atraviesa todo el Cáucaso) pensando en retomar la ofensiva el verano siguiente. Eso podría ser un error del enemigo que los soviéticos han de aprovechar.

    El día 19 de diciembre, en medio de una calamitosa situación meteorológica, el 2 ejército de Guardias del general Malinowski está ya desplegándose entre Kotelnikovo y Stalingrado, en la zona del pequeño río Myshkova. Es un ejército moderno y fuerte, y se confía en que su acción resulte decisiva aunque aún no le han llegado todas sus unidades blindadas. Los alemanes, por su parte, ya han superado el río Myshkova y se disponen a enlazar con las tropas cercadas del 6 Armee, de las que les separan unos cincuenta kilómetros. Malinowski comunica a la Stavka que mantiene la confianza porque los alemanes han sufrido ya muy duros golpes, están debilitados y no podrán abrirse paso. Probablemente al día siguiente, el 20 de diciembre, tenga lugar la batalla decisiva, pero ya se está luchando con dureza. Se confirma la presencia de soldados italianos en la ofensiva: se trataría de infantes de Marina de las unidades que hicieron el desembarco en la península de Taman, en junio. Están muy lejos del mar. Pero no son los italianos los que preocupan a Stalin.

  Los generales de la Stavka apenas duermen. Durante todo el día 20 van llegando los informes sobre las acciones en las que toma parte el 2 ejército de Guardias y el resto de unidades rusas en la zona occidental del cerco a las fuerzas del Eje en Stalingrado (los ejércitos rusos 51 y 57, y el 5 ejército de choque).

  Se sabe primero que en Stalingrado las fuerzas cercadas han embestido “desde dentro” al 57 ejército que trata de mantenerlos sin salir del perímetro. Llega finalmente un mensaje del estado mayor del 2 ejército de Guardias a la noche. Un consternado mariscal Zhukov se lo pasa a Stalin: los alemanes han roto el cerco y las unidades del 6 Armee han enlazado con sus rescatadores procedentes de la terminal de Kotelnikovo. Malinowski asegura que la fuerza alemana que iba en vanguardia del ataque era una división Panzer recién llegada de Francia, probablemente la 7 Panzer.

  Stalin se enfurece, pero Zhukov no pierde el aplomo, se ha recuperado del shock y solicita que se suspendan las demás ofensivas previstas y se concentre todo en volver a cerrar el cerco. Si el 6 Armee se revitaliza con la llegada de más suministros, entonces ya no podrán derrotarlos. Ha de ordenarse el envío inmediato del 3 ejército de tanques a la zona.

ooo

  La batalla de Stalingrado ha sido justamente considerada el turning point de la segunda guerra mundial. Hasta entonces, Alemania estaba ganando (a pesar del revés momentáneo de la batalla de Moscú en el invierno anterior). Y estaba ganando porque hoy sabemos que, cuando menos, por cada hombre que los alemanes perdían, los rusos perdían cinco (probablemente más: las bajas alemanas de muertos y desaparecidos en el frente ruso de 1942 fueron medio millón de hombres... frente a tres millones de los sovieticos), y la demografía soviética no podía compensar tamaña desigualdad. El que, durante la batalla de Stalingrado, a pesar de sufrir esta sangría, aún fueran capaces de conseguir la superioridad numérica en el campo de batalla (en una proporción de 1'7 a 1), mantener una extraordinaria productividad en la industria de guerra (fabricar cuatro tanques por cada tanque fabricado por el enemigo) y además no morirse de hambre, es una realidad que siempre admirará a los historiadores… pero pocos consideran que semejante esfuerzo fuera sostenible durante muchos meses más: una superioridad de 1'7 a 1 no es suficiente si pierdes 6 hombres por cada 1 que pierde el enemigo, y si por cada tres hombres que pierdes, solo puedes reponer uno reclutando a jóvenes... los otros dos solo pueden ser entonces chiquillos, obreros maduros sacados de las fábricas u otros recursos extraordinarios como era, en el caso soviético, el de las mujeres soldado. Los cálculos más realistas cifran la cantidad de reservas soviéticas a final de las batallas que siguieron a "Urano" (marzo 1943) en poco más de 5 millones de hombres. De haber seguido teniendo por año tres millones de bajas irrecuperables (muertos y desaparecidos) más la correspondiente cifra de alrededor de un millón de heridos muy graves o incapacitados -con solo millón y medio de jóvenes nuevos reclutas para reemplazarlos-, esas reservas se hubieran agotado a finales de 1943 o a mediados de 1944 (requerían sacar de las reservas dos millones y medio de hombres anuales...). No se debe olvidar el hecho de que, en los últimos recursos humanos soviéticos se contaban los poco fiables reclutas musulmanes e incluso cientos de miles de sospechosos de deslealtad procedentes de los campos de concentración y las "columnas de trabajo"...

  El resultado final de la batalla de Stalingrado cambió todo eso. Es cierto que en las batallas que siguieron en 1943 todavía los rusos perdían, como mínimo, tres o cuatro hombres por cada enemigo caído, pero las reservas bastaron para ese año y, gracias a Stalingrado, los rusos recuperaron buena parte del territorio ocupado, lo que les permitió reclutar más soldados que compensaran las bajas, así como, gracias a un éxito tan grande, obtener un prestigio que tuvo como consecuencias inmediatas la mayor fiabilidad de los soldados soviéticos musulmanes (de los 130 millones, a lo más, de la población soviética en el momento de la batalla de Stalingrado, casi una quinta parte eran musulmanes, y antes de 1942 se les consideraba tan poco fiables que ni siquiera se les reclutaba en el Ejército), más el repunte de la acción partisana antinazi en la retaguardia, en el territorio ocupado. Y esto sin contar el efecto moral en las tropas rusas que combatían. También debe contarse que durante 1943 comenzó a ser muy apreciable la ayuda económica norteamericana: se necesitaban menos obreros para producir los bienes (vehículos, maquinaría, alimentos...) que ahora les llegaban desde América, y así contaban con más hombres movilizables para el frente. Finalmente, que el Mediterráneo estuviera abierto permitió que los angloamericanos alcanzaran éxitos notables en el Norte de África e Italia, lo que forzó a los alemanes a enviar a este área más recursos.

   Por encima de todo, los alemanes jamás pudieron recuperar las veintidós divisiones alemanas “borradas” al cabo de la campaña (las veinte que estaban dentro del cerco y dos más, por lo menos, de las que lucharon en el entorno y que fueron disueltas) y se perdió nada menos que la mitad de las tropas no alemanas. Durante el momento culminante de "Urano" (19 de noviembre a 2 de febrero) se invirtió la proporción de desgaste humano entre ambos bandos. Solo en la arremetida final para rendir al 6 Armee cercado (enero de 1943) los alemanes perdieron a los 200.000 hombres que quedaban allí rodeados y los soviéticos "solo" sufrieron 12.000 bajas irrecuperables (muertos). 

  ¿Era la derrota nazi en Stalingrado inevitable? Desde luego que no: los generales alemanes pudieron haber hecho salir de la zona a las tropas cercadas desobedeciendo a Hitler (el dramático dilema del general Paulus, el comandante del 6 Armee) y con ello ni las bajas ni la pérdida de territorio ni la pérdida de prestigio hubieran sido tan relevantes (hubiera sido más bien algo similar a lo sucedido durante el invierno anterior: ya llegaría la revancha con el siguiente verano). Pero es cierto que esta desobediencia de los generales alemanes era muy improbable.
  
  En la historia que se expone aquí, no hace falta que Paulus desobedezca y escape del cerco. No hace falta por dos razones fundamentales (pero no únicas): una es porque el Mediterráneo está cerrado y la contraofensiva angloamericana complementaria de la soviética se ha limitado a dos ataques periféricos que, por muy bien ejecutados que sean, no exigen el envío o la retención momentánea de las unidades blindadas alemanas de reserva que se encontraban en Francia descansando (sobre todo, las divisiones Panzer 7 y 10, el cuerpo Panzer Waffen-SS, que contaba con tres divisiones, y los dos batallones de tanques Tigre); y la otra, porque los puertos que dominan los alemanes en el Mar Negro oriental van a permitir que estos refuerzos, y otros muchos, así como los suministros, lleguen más fácilmente a la zona en torno a Stalingrado (sobre todo a la terminal ferroviaria de Kotelnikovo). En la realidad, la única ruta de transporte disponible para el Eje era el muy largo recorrido a través de las heladas Bielorrusia y Ucrania, con frecuentes ataques partisanos. 

  Además, en esta historia ya no existe peligro de cerco añadido para los ejércitos alemanes en el Cáucaso (que ahora son tres, pues al 1 Panzerarmee y el 17 Armee se suma el 12 Armee), lo que permite que los alemanes se concentren en la batalla por Stalingrado sin preocuparse por la posibilidad de un desastre aún mayor en caso de que queden cercados en el Cáucaso los otros ejércitos alemanes que se encuentran allí. Más todavía: los del Eje disponen de más tropas para el combate, porque ahora ya no hay siete divisiones del Eje (seis rumanas, una alemana) en funciones de defensa costera del Mar Negro, porque el Mediterráneo cerrado permite que las tropas alemanas sean innecesarias en Yugoslavia (el movimiento partisano se habría visto muy debilitado sin la expectativa de victoria aliada en el Mediterráneo y, en cualquier caso, los italianos hubieran podido enviar refuerzos al estar sobrados de tropa) y porque los éxitos previos del verano (espectaculares: victoria en Egipto, cierre del Mediterráneo, conquista del Mar Negro) habrán impulsado a varias naciones a incorporarse a la lucha en el bando que parece el ganador. Y todo esto, con los turcos manteniéndose todavía neutrales (si los turcos hubiesen entrado en la guerra, probablemente la Stavka ni siquiera se habría atrevido a iniciar "Urano"). La superioridad numérica soviética hubiera pasado, cuando menos, de 1'7:1 a 1'5:1.

   Sin embargo, en las circunstancias conservadoras descritas en esta historia los soviéticos tampoco se resignan a la derrota. Las ofensivas “Urano”, “Marte” y “Saturno” se habrían ejecutado por puro “determinismo industrial” (eran el resultado de un tremendo esfuerzo de la industria de armamento soviética) y por pura necesidad nacional de supervivencia. Recordemos que para los rusos el armisticio no era una opción, que se enfrentaban a una guerra prácticamente de exterminio y que Hitler nunca iba a conformarse con menos que la línea Arkhangelsk-Astrakhan, lo que implicaría la pérdida de Leningrado, Moscú y todo el Cáucaso. Además, los rusos contaban con la implicación de los Estados Unidos en la guerra. Con superioridad numérica de tropas, clarísima ventaja en tanques y artillería, y una situación en las fuerzas aéreas muy mejorada, Stalin y sus generales podían seguir manteniendo razonables esperanzas de triunfo a medio o largo plazo.

   Otra diferencia de esta historia con respecto a la realidad es la cuestión de las reservas. Los soviéticos fueron a las grandes ofensivas del invierno 1942-43 con por lo menos media docena de ejércitos de reserva bien equipados que serían utilizados después de la victoria de Stalingrado para desencadenar más ofensivas de explotación, cada vez más hacia el oeste. Ahora, en la versión alternativa, los soviéticos van a contar con menos reservas, ya que la situación en el Cáucaso sería más peligrosa y porque cuentan con doscientos mil soldados menos (los que no habrían podido ser evacuados por mar de Crimea, tal como sucedió en la realidad, y los que habrían tenido que mantener la vigilancia en la frontera turca). La situación es más peligrosa porque hay un ejército alemán adicional (el 12 Armee), porque persiste más grave que nunca la amenaza de beligerancia turca y porque, tras la conquista de Egipto y las seducciones a Turquía, la fiabilidad de los pueblos musulmanes del Cáucaso y Asia Central soviéticos sería todavía menor de lo que ya lo era en realidad.

  Por supuesto, ni Stalin ni Hitler podían saber quién iba a disponer de más reservas para la formidable batalla de desgaste en torno a Stalingrado. En la realidad, las reservas soviéticas se agotaron en marzo de 1943, cuando, demasiado tarde para los nazis (ya había sucumbido el 6 Armee), llegó al escenario de la lucha el cuerpo Panzer de las Waffen-SS procedente de Francia y los alemanes obtuvieron una inesperada victoria que detuvo el avance ruso (en Kharkov). El frente quedó entonces estable, y la actividad bélica muy disminuida, de modo que los rusos no volvieron a atacar hasta cuatro meses después… y al contragolpe, tras el fracaso ofensivo alemán en Kursk ("Zitadelle"). En esta historia alternativa, esas reservas del Ejército Rojo soviético se han agotado antes (porque también los Panzer de las Waffen-SS han llegado antes y porque los rusos cuentan con menos hombres), el 6 Armee se habría salvado y probablemente la pausa habría comenzado también antes, en febrero y no en marzo de 1943.

  En cuanto a los movimientos de tropas descritos en este episodio, resulta un poco difícil diferenciar la ficción de la realidad, especialmente para quienes no conocen con cierto detalle el desarrollo de la batalla de Stalingrado. Digamos que, en términos generales, tanto la versión alternativa como la historia real coinciden en la ofensiva "Urano" (el momento del ataque y la magnitud de las fuerzas lanzadas a él).

   En la realidad, la división Panzer que intentó apuntalar el 3 ejército rumano que defendía el flanco norte de Stalingrado ante la embestida soviética (19 noviembre) fue la 22 y no la 24 Panzer, pero en esta historia, la 22 Panzer está en África. En la realidad, la 24 Panzer estaba dentro de lo que luego sería la "bolsa" (o "Kessel") de Stalingrado y allí sucumbió. En esta historia, la ausencia de la 24 en Stalingrado se compensa en parte con la presencia de la división motorizada francesa "Mariscal Petain", que habría llegado en octubre, como consecuencia de la declaración de guerra de Francia a la URSS y como consecuencia de que el ejército francés quiere adiestrar a sus hombres en la moderna guerra de tanques (y la alianza militar parcial entre franceses y alemanes es una consecuencia política de los éxitos alemanes al cerrar el Mediterráneo). Hay que subrayar, en todo caso, que la ausencia de dos divisiones Panzer en el frente ruso en esta historia (las 22 y 23) no afectaría para nada la fuerza del ejército nazi, porque en la realidad se enviaron más de un centenar de tanques alemanes a África durante el verano de 1942 que en esta historia no es necesario enviar allí, lo que permite que para noviembre de 1942 en el escenario alternativo del frente del Este, la fuerza blindada nazi sea la misma (las 22 y 23 se habrían enviado a África solo con la mitad de tanques, solo con ciento cuarenta de los más modernos, complementándose el resto de su fuerza con tanques italianos). La 24 Panzer, pues, ocuparía el lugar de la 22 Panzer (la "Mariscal Petain" ocuparía el lugar de la 24 Panzer), y la 5 Panzer ocuparía el lugar de la 23 Panzer (dos divisiones de infantería adicionales, desmovilizadas del 11 Armee en Crimea, 132 y 170 ID, compensarían su ausencia en el sector centro, ya que la 5 Panzer cumplía funciones defensivas, no ofensivas, y, adicionalmente, otras unidades en el sector Centro se reforzarían con más carros de tipo defensivo, de entre los que se hubiera considerado no lo bastante modernos para enviarlos a África en la primavera de 1942).

    Otra unidad mencionada en esta historia es la 6 Panzer. En efecto, esta unidad llegó a la zona de Kotelnikovo desde Francia a finales de noviembre, pero no por mar, por supuesto, sino por la larga ruta de Ucrania. También se menciona aquí a la 7 Panzer: esta división fue enviada desde Francia (como la 6 Panzer) y durante la batalla de Stalingrado Hitler estaba muy pendiente de la fecha prevista para su incorporación. En la realidad, por la larga ruta de Ucrania no pudo alcanzar el escenario de la batalla hasta finales de diciembre, por lo que no pudo salvar Stalingrado, además del hecho de que vio su partida hacia Rusia retrasada varios días por su participación en las operaciones del sur de Francia tras producirse el gran desembarco angloamericano en Argelia (Mediterráneo) que alarmó a los alemanes y les exigió tomar medidas defensivas tanto en Europa como en África. En esta historia, al estar el Mediterráneo cerrado (no siendo, por tanto, necesaria intervención alguna en el sur de Francia) y al transportarse por mar el armamento pesado, la 7 Panzer llega antes y resulta decisiva el día 20 de diciembre, en el combate final para romper el cerco al 6 Armee.

4 comentarios:

  1. Disculpe usted señor "ALTERNATIVO" o como se llame, el uso del
    potencial aburre mortalmente a quien lee,pero además deja ud. de lado
    la DECISIÓN nacional tanto rusa como alemana, las circunstancias históricas,las causas profundas,limitándose a la capacidad técnica,
    ignorando que, paradójicamente,las armas alemanas eran DEMASIADO
    BUENAS para semejante geografía. Como sea,muy aburrido lo suyo,
    una lástima, después de tanto esfuerzo y detalle.Otro día le
    comento sobre historia y política.

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  2. Muy interesante su comentario. Sobre lo que es o no aburrido para cada uno es imposible fijar certezas. Lo que no entiendo es qué tiene que ver lo aburrido con lo que usted llama "decisión nacional". Creo no haber omitido lo fundamental en los aspectos políticos. Sería muy valioso que hiciera su aportación.

    En general, lo que esta historia quiere demostrar, precisamente, es que el resultado de la segunda guerra mundial no tuvo que ver con las "causas profundas" que muchos historiadores de prestigio señalan, sino con meras cuestiones de "capacidad técnica" que se adoptaron o no, en la práctica, por pura casualidad. Libros como "por qué ganaron los aliados", de Overy, tienen que admitir que Hitler pudo ganar, pero luego machacan una y otra vez acerca de "causas profundas" derivadas de la ineficiencia de la administración nazi y cosas por el estilo, que no ayudan mucho a entender la historia de una forma totalmente lúcida...

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  3. Llevo un tiempo siguiendo esta historia, tratando sobre todo de utilizarla para comprobar los datos entrecruzados que se dan sobre la segunda guerra mundial, y hay algo que no tengo claro.

    Parece una buena idea lo de enlazar el Mar Negro y el Mediterráneo para que el frente ruso y el del Norte de África no se estorben el uno al otro desde el punto de vista de los intereses del Eje, y en ese sentido parecen muchas las ventajas de que el Eje domine el Mar Negro y sus costas.Pero en tal caso no entiendo por qué los rusos, sabiendo esto, deciden hacer la ofensiva "Urano" en la zona de Stalingrado, teniendo la opción de poner toda la fuerza en la ofensiva "Marte", en el centro del ruso, donde el cambio en la zona del Mar Negro no tendría influencia.

    Cercando al Noveno ejército alemán en la zona de Rzhev podrían igualmente conseguir una gran victoria en la guerra de desgaste ese invierno. En la realidad parece que esa ofensiva "Marte", en la zona central, era sobre todo para impedir que los alemanes reforzaran la zona sur, Stalingrado. ¿No habría sido entonces una iniciativa mejor convertir el ataque al centro, en Rzhev, en el ataque principal, y dejar el del sur, en Stalingrado, como el de distracción?

    "Inspectora"

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  4. Hola Estrella/Inspectora, qué bueno verte por aquí...

    Si partimos de la idea de que el enfrentamiento en el frente ruso, en general, era una guerra de desgaste, entonces la conquista del Mar Negro, con independencia de las cuestiones logísticas, implicaba aproximadamente inclinar la balanza 500.000 hombres más del lado del Eje en este periodo de finales de 1942, se combatiera en el sector sur o en el sector centro. Se trataría, según las cuentas que aparecen en esta historia, de doscientos mil rusos menos y trescientos mil soldados más del Eje. A saber: más de cien mil rusos que no podrían ser rescatados del desastre en Crimea por la flota soviética del Mar Negro, y casi otros tantos que o bien habrían desertado al aproximarse el frente a la frontera de una Turquía neutral y/o que hubiesen tenido que ser mantenidos constantemente en guardia en la frontera turca para caso de que este país se pasase definitivamente al bando del Eje. En cuanto a los trescientos mil más del Eje (a veces en la historia se mencionan "veinte divisiones más") serían cien mil de la defensa costera del Mar Negro que ya no harían falta (la mayoría rumanos), cien mil alemanes más que no harían falta en Yugoslavia (porque la resistencia se viniera abajo como consecuencia del cierre del Mediterráneo o porque los italianos reemplazaran a los alemanes al tener más soldados disponibles por el cese de la defensa costera en el Mediterráneo) y otros cien mil, como mínimo, arrastrados por las victorias del Eje durante el verano: voluntarios franceses, turcos, más soldados españoles, incorporación de Bulgaria a la guerra, más renegados y desertores ex soviéticos.

    Aparte de este importante cambio, Stalingrado era mucho más importante que Rzhev, no solo por el nombre de la ciudad, sino por ser un importante centro de la industria de guerra (que en la realidad los rusos reconstruyeron en 1943) y por el uso del Volga como vía de comunicación. Además, en Stalingrado los rusos veían la ventaja de los débiles flancos guarnecidos por rumanos e italianos. Así que me parece lógico que también en esta línea alternativa la ofensiva "Urano" fuese contra Stalingrado. Pero aunque el esfuerzo principal lo hubiesen hecho contra Rzhev el resultado habría sido el mismo por la diferencia numérica ya mencionada. Aparte de que, igualmente, con el Mediterráneo cerrado, las reservas que tenían en Francia hubieran estado disponibles en mayor abundancia y más rápido que en la realidad.

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